Publicado en Palabra de Vida - Chiara Lubich

Palabra de vida y alegrías para mes de marzo

 

Palabra de vida y alegrías para mes de marzo

 

Chiara201303

 

Queridos amigos,

comienza este mes de marzo con un sabor a promesas y una exigencia de crecer en la santidad…

Tenemos por delante todavía un buen trecho de la Cuaresma, tiempo de renovación personal desde la unión con Dios y el amor a los hermanos. Este año viene marcada por el gran acontecimiento eclesial que significará la elección de un nuevo Papa, que ha de conducir la Barca de Pedro en medio de las tormentas  que nunca han faltado. Hoy esto nos llama a ponernos también nosotros en primera línea en la santificación del pueblo de Dios desde la renovación de nuestros corazones y con una esperanza activa y gozosa.

Después de haber vivido con empeño la Palabra: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos”, durante el mes de febrero, la Palabra de Vida de marzo nos invita a mantenernos en el amor al prójimo desde la misericordia y el reconocimiento de la propia necesidad que tenemos de convertirnos y ser verdaderamente fieles a Dios. ¡Qué gran oportunidad! Me vienen al corazón las palabras de la Madre Teresa de Calcuta cuando le preguntaron qué haría ella por cambiar a  la Iglesia… Su respuesta: “Me cambiaría a mí misma”. Son palabras cargadas de verdad y valentía que nos indican desde dónde surgen los verdaderos cambios que marcan la historia.

Mantengámonos así este tiempo: Cada esfuerzo espiritual, esto es, cada vez que vivimos concretamente la Palabra, cada acto de amor, cada mirada de confianza que dirigimos a Dios, cada renuncia a nosotros mismos… Todo, todo servirá para unirnos más con Él. Celebraremos así una Pascua que nos promete una nueva presencia del Resucitado en medio de su Pueblo, un nuevo desbordarse de su Espíritu de Santidad.

¡Ánimo y felicidad para todos!

Palabra de Vida de Marzo 2013

Abre el Power Point aquí:

Chiara Lubich: Palabra de Vida, marzo 2013

 

 

PdV201303

«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra» (Jn 8, 7).

Mientras Jesús enseñaba en el templo, los escribas y fariseos le llevaron una mujer a la que habían sorprendido en adulterio y le dijeron: «La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» (Jn 8, 5).

De ese modo querían tenderle una trampa. En efecto, si Jesús se manifestaba en contra de la lapidación, podrían acusarlo de ir contra la Ley, según la cual los testigos directos de la culpa debían comenzar a lanzar piedras a quien había pecado, seguidos luego por el pueblo. Y al contrario, si Jesús confirmaba la sentencia de muerte, entraría en contradicción con su enseñanza sobre la misericordia de Dios con los pecadores.

Pero Jesús, que estaba inclinado escribiendo con el dedo en el suelo –demostrando así su imperturbabilidad–, se incorporó y dijo:

«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

Ante aquellas palabras, los acusadores se retiraron uno tras otro, empezando por los más viejos. El Maestro, dirigiéndose a la mujer, dijo: «¿Dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». «Nadie, Señor», respondió ella. «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más» (cf. Jn 8, 10-11).

«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

Con estas palabras no es que Jesús se revele permisivo ante el mal, como el adulterio. Sus palabras «anda, y en adelante no peques más» dicen claramente cuál es el mandamiento de Dios.

Jesús quiere destapar la hipocresía del hombre que se erige en juez de la hermana pecadora sin reconocerse a sí mismo pecador. Así subraya con sus palabras la conocida sentencia: «No juzguéis y no seréis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros» (Mt 7, 1-2).

Al hablar de este modo, Jesús se dirige también a esas personas que condenan a los demás sin apelación y sin tener en cuenta el arrepentimiento que puede brotar en el corazón del culpable. Y muestra claramente cuál es su comportamiento respecto a quien comete una falta: tener misericordia. Cuando aquellos hombres se alejaron de la adúltera, «sólo quedaron dos allí –dice Agustín, obispo de Hipona–: la miserable y la misericordia» .

«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

¿Cómo poner en práctica esta Palabra?

Recordando, ante cualquier hermano o hermana nuestra, que también nosotros somos pecadores. Todos tenemos pecado, y aunque nos parezca que no hemos incurrido en graves errores, debemos tener siempre presente que se nos puede escapar el peso de las circunstancias que han inducido a otros a caer tan bajo y a alejarse de Dios de semejante forma. ¿Cómo nos habríamos comportado nosotros en su lugar?

También nosotros hemos roto a veces el vínculo de amor que debía unirnos a Dios, no hemos sido fieles a Él.

Si Jesús, el único hombre sin pecado, no lanzó la primera piedra contra la adúltera, tampoco nosotros podemos hacerlo contra quienquiera que sea.

Así pues, tengamos misericordia con todos, reaccionemos contra ciertos impulsos que nos empujan a condenar sin piedad; debemos saber perdonar y olvidar. No mantengamos en el corazón restos de juicios o de resentimiento donde puedan anidar la ira y el odio, que nos alejan de los hermanos. Veamos a cada uno como si fuese nuevo.
Si en lugar de juicio y condena, tenemos en el corazón amor y misericordia por cada uno, lo ayudaremos a comenzar una vida nueva, le daremos ánimos para empezar cada vez de nuevo.

Chiara Lubich
Publicada en Ciudad Nueva, nº 341 (marzo 1998), p. 33
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Palabra de vida de enero 2013

Palabra de vida de enero 2013

Por Chiara Lubich

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PALABRA DE VIDA – enero 2013

Descarga en PPT: PALABRA DE VIDA PP ENERO 2013

Del 18 al 25 de enero se celebra en muchas partes del mundo laSemana de oración por la unidad de los cristianos, (en otros lugares se celebra en Pentecostés).

Este año, la frase elegida para la Semana de oración es: «Lo que quiere de ti el Señor» (Mi 6, 6-8).

Ya que, cuando vivía, Chiara Lubich solía comentar el versículo bíblico, proponemos un texto suyo sobre Mt 9,13 (cf. Os 6, 6), escrito en junio de 1996 y que podría ser una aportación para profundizar en esa Palabra que se nos propone como lema.

 

«Andad, aprended lo que significa:

“Misericordia quiero y no sacrificios”»

(Mt 9, 13)

«Misericordia quiero y no sacrificios». ¿Recuerdas cuándo dijo Jesús estas palabras?

Mientras estaba sentado a la mesa, varios publicanos y pecadores se sentaron con Él. Al darse cuenta de esto, los fariseos presentes les dijeron a sus discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?». Y Jesús, al oír estas palabras, respondió:

 

«Andad, aprended lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificios”».

Jesús cita aquí una frase del profeta Oseas, lo cual demuestra que le gusta el concepto allí contenido: en efecto, es la norma según la cual Él mismo se comporta, y que expresa laprimacía del amor sobre cualquier otro mandamiento, sobre cualquier otra regla o precepto.

Esto es el cristianismo: Jesús vino a decir que lo que Dios quiere de ti con respecto a los demás –hombres y mujeres– es ante todo el amor, y que esta voluntad de Dios ya había sido anunciada en las Escrituras, como demuestran las palabras del profeta.

Para todo cristiano, el amor es el programa de su vida, la ley fundamental de sus acciones, el criterio para saber cómo moverse.

El amor siempre debe prevalecer sobre las demás leyes. Más aún: el amor a los demás debe ser para el cristiano la sólida base sobre la cual apoyarse para poner legítimamente en práctica cualquier otra norma.

 

«Misericordia quiero y no sacrificios».

Jesús quiere amor, y la misericordia es una de sus expresiones.

Y quiere que el cristiano viva así, ante todo porque Dios es así.

Para Jesús, Dios es ante todo el Misericordioso, el Padre que ama a todos, «que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos» (Mt 5, 45).

Jesús, porque ama a todos, no teme estar con los pecadores, y de este modo nos revela quién es Dios.

Por tanto, si Dios es así, si Jesús es así,también tú debes albergar idénticos sentimientos.

 

«Misericordia quiero y no sacrificios».

«…y no sacrificios». Si no amas a tu hermano, a Jesús no le agrada tu culto. No acoge tu oración, ni tu asistencia a la Eucaristía, ni las ofrendas que puedas hacer… si todo ello no brota de un corazón en paz con todos, rico de amor por todos.

¿Recuerdas aquellas palabras suyas tan incisivas del sermón del monte? «Por tanto, si cuando vayas a presentar tu ofrenda ante el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda» (Mt 5, 23-24).

Estas palabras te indican que el culto que más agrada a Dios es el amor al prójimo, que ha de ser la base también de tu culto a Dios.

Si quisieras hacerle un regalo a tu padre mientras estás enemistado con tu hermano (o tu hermano contigo), ¿qué te diría tu padre? «Reconcíliate antes y luego ven a ofrecerme lo que desees».

Pero hay más. El amor no es sólo la base del vivir cristiano, sino también el camino más directo para estar en comunión con Dios. Lo dicen los santos, testigos del Evangelio que nos han precedido; lo experimentan los cristianos que viven su fe, pues si ayudan a sus hermanos, sobre todo a los necesitados, crece en ellos la devoción, la unión con Dios se hace más fuerte,perciben que existe un vínculo entre ellos y el Señor; y esto es lo que más alegra sus vidas.

 

«Misericordia quiero y no sacrificios».

¿Cómo vivirás entonces esta nueva Palabra de vida?

No hagas discriminación alguna entre las personas que tengan contacto contigo, no margines a nadie; más bien ofrece a todos lo más que puedas darles, imitando a Dios Padre.Repara esas pequeñas o grandes desavenencias que disgustan al Cielo y te amargan la vida; como dice la Escritura (cf. Ef 4, 26), no dejes que se ponga el sol sobre tu ira hacia nadie.

Si te comportas así, todo lo que hagas agradará a Dios y quedará para la eternidad. Cuando estés trabajando o descansando, jugando o estudiando, con tus hijos o acompañando a tu mujer o a tu marido de paseo, cuando reces o cuando te sacrifiques, o mientras realizas las prácticas religiosas acordes a tu vocación cristiana…: todo, todo, todo será materia prima para el Reino de los Cielos.

El Paraíso es una casa que construimos aquí y habitamos allá. Y la construimos con el amor.

Chiara Lubich

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7 de diciembre: 69º aniversario del Movimiento de los Focolares

El 7 de diciembre de 1943, en la vigilia de la fiesta de la Inmaculada Concepción, Chiara Lubich, con tan sólo 23 años, se consagró totalmente a Dios. Así dio inicio a la gran corriente espiritual que pasaría a ser conocida como el Movimiento de los Focolares.

Presentamos un video-homenaje referido al momento de la consagración de Chiara Lubich a Dios.

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Palabra de Vida diciembre 2012

Palabra de Vida diciembre 2012

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¿Cómo se te presenta diciembre con el Adviento?

Mañana empezaremos un nuevo Año Litúrgico con el primer domingo de Adviento, tiempo de esperanza: necesitamos no un salvador, sino al Salvador. Tiempo de ilusión al prepararnos, sobre todo interiormente, para la Navidad, para dejar que Cristo nazca en cada corazón y en medio de nosotros.

Antes, dentro de unos días, celebraremos el 10º aniversario de la visita de Chiara Lubich a España, durante la cual, además, dio inicio a una “semilla” de “ciudadela de testimonio”, la ciudadela “Castillo exterior”, donde por el amor recíproco entre los que nos hemos ido viniendo a vivir aquí, tratamos de hacer realidad concreta por el amor recíproco y llenar nuestro mundo de él.

Para preparar bien la Navidad, nos ayudará el recién publicado, (y ya best seller), tomo 1º de la trilogía “Jesús de Nazaret” del Papa, (me ha encantado; breve; profundo y sencillo; sin las tonterías que, tan banales o tendenciosos como siempre, han vertido algunos medios de comunicación), además de la Palabra de vida del mes:

 

PALABRA DE VIDA – diciembre 2012

 

«A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios»

(Jn 1, 12)

 

Aquí está la gran novedad anunciada y dada por Jesús a la humanidad: la filiación divina, ser hijos de Dios por gracia.

 

¿Cómo y a quién se le da esta gracia? “A cuantos lo recibieron” y a cuantos lo reciban a lo largo de los siglos. Es necesario acogerlo en la fe y en el amor, creyendo en Jesús como nuestro Salvador. Pero tratemos de comprender más en profundidad qué significa ser hijo de Dios.

 

Basta mirar a Jesús, el Hijo de Dios, y su relación con el Padre: Jesús rezaba a su Padre como en el “Padrenuestro”. Para Él, el Padre era “Abbá, es decir, el papá a quien Él se dirigía con palabras de infinita confianza e inmenso amor.

 

Ya que había venido a la tierra por nosotros, no le bastó encontrarse en esta condición privilegiada. Al morir por nosotros, al redimirnos, nos ha hecho hijos de Dios, hermanas y hermanos suyos, y nos ha dado a nosotros también, a través del Espíritu Santo, la posibilidad de introducirnos en el seno de la Trinidad. De este modo para nosotros también se ha hecho posible esa invocación divina suya «¡Abbá, Padre!» (Mc 14, 36; Rom 8, 15), es decir, “papá, padre mío”, nuestro, con todo lo que eso conlleva: certeza de su protección, seguridad, abandono a su amor, consuelos divinos, fuerza, ardor; ardor que nace en el corazón de quien está seguro de ser amado.

 

«A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios».

 

Lo que nos hace uno con Cristo, y con Él hijos en el Hijo, es el bautismo y la vida de la gracia que proviene de él.

 

En este pasaje del Evangelio hay, además, una palabra que desvela también el dinamismo profundo de esta “filiación” que hay que realizar día tras día. De hecho, es necesario “ser hijos de Dios”.

 

Se llega a ser, se crece como hijos de Dios, con nuestra correspondencia a su don, viviendo su voluntad que está toda concentrada en el mandamiento del amor: amor a Dios y amor a los prójimos.

 

Acoger a Jesús significa, de hecho, reconocerlo en todos nuestros prójimos. Y ellos también tendrán la posibilidad de reconocer a Jesús y creer en Él si en nuestro amor por ellos descubren una huella, una chispa del amor infinito del Padre.

 

«A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios».

 

En este mes en el que recordamos especialmente el nacimiento de Jesús en esta tierra, tratemos de acogernos recíprocamente, viviendo y sirviendo al mismo Cristo los unos en los otros.

 

Y entonces una reciprocidad de amor, de conocimiento de vida como la que vincula al Hijo con el Padre en el Espíritu, se instaurará también entre nosotros y el Padre y sentiremos que cada vez más en nuestro labios aflora la invocación de Jesús: «¡Abbá, Padre!».

 

Chiara Lubich

 

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de practicar la Palabra de noviembre:

1.-     Como te comenté, un “filón” para practicar la PdV de este mes para mí está siendo el “contemplar” la “morada” de Dios en mí y en los demás (“… y haremos morada en Él”, dice Jesús; “…su manifestación no sería ni espectacular ni externa. Sería una sencilla, extraordinaria “venida” de la Trinidad al corazón del fiel, que se hace realidad donde hay fe y amor…”, afirma el comentario de la PdV). P. ej.: al santiguarme…, despacio y consciente de la presencia de Dios en mí, tratando de que sea relación, relación de amor y diálogo, (y adoración), con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu. Eso , a la vez, me hacía consciente de que no me podía quedar ahí: tenía que realizar en seguida un acto concreto de amor al prójimo más cercano (porque “donde hay caridad y amor, allí está Dios”); así, p.ej., tras rezar el Ángelus en el descanso del trabajo antes del “piscolabis” de media mañana, procuraba en seguida tener alguna atención con alguno.

Y en los demás… P. ej.: he estado más atento a cada persona, tratando de “mirar” su alma a través de sus ojos. Así, el otro día, me di cuenta que la señora rumana que, al salir de casa, me cruzo en dirección contraria estaba triste, (aunque todavía hay poca luz porque está amaneciendo). Siempre viene seria, sí, como tanta gente a la que saludo cada día, pero, tras mi “buenos días”, sonríe. Esta vez, era una sonrisa ficticia. Como ella va con mucha prisa, no la paro. Al día, siguiente, ya cuando la vi a lo lejos empiezo a preguntarle mientras nos vamos cruzando, (son unos segundos cada día), pues va siempre con mucha prisa. Por ello, en casa rebusqué el papelito que una vez me dio, con su tlf. y correo, (por si le encontraba otro trabajo). Lo encontré y le escribí; me contestósorprendida: …no tengo el alquiler pagado, tengo dar para luz, estoy disperada. Ahora, no lo se como puedo salir. Ahora me entiendes por que tengo la cara muy triste. GRACIAS POR PREOCUPARSE…”.

 

2.-     Excursión por la sierra: frío y mucha niebla. Uno de los compañeros había olvidado sus guantes y a mitad del camino empezó a resoplarse los dedos. Yo tengo sólo un guante y se lo presté para el resto del trayecto. Me “tomó el pelo” familiarmente: “¿has traído sólo uno por ahorrar”?, (tengo “fama” de austero…). En realidad perdí el otro hará años; mi madre cuando lo supo, meses después me regaló un par, que me venían “un pelín” grandes, pero ya se los había regalado a otro compañero que los necesitaba.

Acabé con las manos que ni podía marcar con el móvil, pero con el corazón feliz.

 

3.-     La otra tarde volvía yo con el tiempo justo para alcanzar el tren: al entrar en la estación de Chamartín, vi que me quedaba un minuto escaso y el largo vestíbulo por delante.

Me cruzo con una señora conocida. Parece que ella no me veía, así que me vino la tentación de pasar de largo, sin saludar para no detenerme. Preferí saludar y pararme, aunque me arriesgase a perder el tren. Ella tenía prisa, así que sólo fueron unos segundos.

A los pocos metros me encuentro con un simpático comercial que ofrece tarjetas de banco, al que ya llevo saludando ahí varios días, (resulta ser, además, una persona bastante religiosa); como ya tengo confianza con él, pensé decirle “a correvuela” esta vez: “¡que pierdo el tren!”. Elegí, en cambio, sonreír sin prisa, saludarle… y… quiso contarme alguna cosa… Naturalmente perdí el tren, (pero suele haber uno cada media hora, ¡eh!). En realidad, (¡por una vez!), tampoco tenía yo otra tarea inmediata allí al llegar.

Me alegré, (¿signo de la “morada” de Dios también en mí?): en cualquier caso, son más importantes las personas (imagen de Dios y llamados a ser “morada” suya), que los trenes y los horarios.

 

Ahora compartimos algunas experiencias de los que siguen estas publicaciones y ponen en práctica la Palabra de Vida:

1.-      “…En el pueblo me encontré con una mujer, una madre afligida porque su hija se había ido a vivir con un muchacho. Le aconsejé lo mejor que supe: que perdone para ir a la iglesia, rezar, encargar oraciones. Pero me contestó que si hacía así, iba a estar en boca de todos, y empezarían con habladurías de qué tipo de pecados hizo en su juventud si necesita el perdón de Dios…

Le dije que debería hablar con un psiquiatra o un psicólogo, pues sufría insomnio. Pero pensé que necesitaba un psicólogo cristiano y me atreví a recomendarle que charlara con una amiga del grupo de Palabra de Vida, que estudió psicología. No sólo le dijo que tenía que perdonar, sino además amar. La madre se quedó al final convencida de que, en primer lugar, es necesario resolver los problemas espirituales: después de tantos años, fue a confesarse y comulgar y manifestó su decisión de no alejarse de estos sacramentos”.

 

2.-        “…en el estacionamiento conocí a algunas señoras y me enteré de que una de ellas tenía una hija que sufre de cirrosis. Nos hicimos amigas. Más de una vez luego me llamó para contarme sus problemas. Vi que no era suficiente darle consejo y consuelo, sino que necesitaba una ayuda concreta: a su hija tenían que hacerle unas pruebas costosas y no tenía dinero. Así que empezamos a buscar a conocidos y amigos para reunir la cantidad. Así, la hija pudo hacerse las pruebas y nació una hermosa relación también con ella. Experimentó que hay bondad en el mundo, que hay gente que se preocupa por los demás. Así que, se abre y nos habla de su sufrimiento.

El amor que recibió, la cambió: “en la ya larga estancia en el hospital, -dijo-, antes me comporté mal con las enfermeras, hablaba irrespetuosamente. Ahora, desde hace algún tiempo, comencé a respetar y comportarme”.

Mientras tanto, murió, pero con el alma en paz, gracias –según aclaró– al sufrimiento aceptado con amor que conoció en el último período de su vida. Su madre y yo…

 

3.-     “…Gracias por tus envíos, que tanto nos aprovechan.

Nosotros, bien. Se acaba de ir al Cielo mi hermana mayor: ha sido su muerte una caricia del Señor. Estaba muy enferma y quiso que la llevaran a la Misa de Ordenación de unos seminaristas de quien había sido profesora. En el momento de la Comunión la subieron al altar con su sillita de ruedas, recibió al Señor, y “dejó de respirar”, según palabras de su sobrino, que tanto la quiso.

Este hecho, tan inesperado fue presenciado por una numerosa concurrencia; quedaron todos edificados, viendo cómo el Señor había llamado a su sierva fiel, de una forma tan dulce. Ayúdanos a darle gracias a Dios…

 

4.-     “…personalmente me quedaría con esta parte de la PdV: “¿Cómo llegar hasta el punto en que el Padre mismo nos ame y la Trinidad habite en nosotros? Poniendo en práctica con todo nuestro corazón, con radicalidad y perseverancia el amor recíproco entre nosotros”.

Durante este mes, está mi abuelo en nuestra casa, 92 años, (ha vivido la guerra, la post-guerra y demás carencias; su padre murió meses antes de nacer él: un sinfín de dolor y una vida muy marcada por la falta de afecto). Desgasta muchísimo tenerlo en casa y no es nada cariñoso, pero nos hemos propuesto callarnos a las tonterías que diga, en definitiva, Amarlo porque él es mi prójimo más cercano y, la verdad, uno va viendo cómo se apaga la vida, pero también que si se hace bien, como Dios lo pide, te queda esa Paz que Él promete (“y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”)… 

 

5.-     “…confié en Dios y quise servir con amor a alguien, un conocido del pueblo, que tenía una tarea pendiente en la ciudad, aunque no sabía yo cómo hacerlo. Parecía complicado, yo no estaba familiarizado con el problema, pero recordé que si estoy dispuesto a hacer un acto concreto de amor, Dios me muestra lo que debo hacer.

Me iluminó primero para empezar por dar una llamada, desde allí me dirigieron a una web en la que pude especificar por escrito el problema en cuestión. Y el problema se resolvió, en efecto, muy rápidamente…

 

 

Publicado en Palabra de Vida - Chiara Lubich

A mitad de mes: Reforzar la Palabra de Vida

Queridos amigos,

¿Cómo va la vida de la Palabra?

Nos queda medio mes para acabar el año litúrgico y empezar uno nuevo con el Adviento. Así que, ¡un empuje para vivir de la Palabra!, impulsados por el texto de la Palabra de Vida de noviembre  y algunas experiencias de varios amigos en estas dos semanas… cuanto más se la practica, más “jugo” se saca la siguiente vez que se lee.

 

 

PALABRA DE VIDA – noviembre 2012

«Respondió Jesús y le dijo:

“el que me ama guardará mi palabra,

y mi Padre lo amará,

y vendremos a él y haremos morada en él”»

(Jn 14, 23).

 

Jesús está dirigiendo a los discípulos sus importantes e intensas palabras de despedida y, entre otras cosas, les asegura que lo volverán a ver porque se manifestará a quienes lo aman.

 

Judas, no el Iscariote, le pregunta por qué se manifestará a ellos y no en público. El discípulo deseaba una gran manifestación externa de Jesús que pudiera cambiar la historia y ser más útil, según él, para la salvación del mundo. Los apóstoles pensaban que Jesús era el profeta tan esperado de los últimos tiempos, el cual aparecería revelándose a la vista de todos como el Rey de Israel y, poniéndose al frente del pueblo de Dios, instauraría definitivamente el Reino del Señor.

 

Jesús, en cambio, contesta que su manifestación no sería ni espectacular ni externa. Sería una sencilla, extraordinaria “venida” de la Trinidad al corazón del fiel, que se hace realidad donde hay fe y amor.

 

Con esta respuesta Jesús precisa de qué modo Él permanecerá presente entre los suyos después de su muerte y explica cómo será posible tener contacto con Él.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

Así pues, su presencia se puede realizar ya desde ahora en los cristianos y en medio de la comunidad; no es necesario esperar al futuro. El templo que la acoge no es tanto el que está hecho de paredes, sino el corazón mismo del cristiano, que se convierte así en el nuevo sagrario, en la morada viva de la Trinidad.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

Pero ¿cómo el cristiano puede llegar a tanto? ¿Cómo ser portador de Dios mismo? ¿Cuál es el camino para entrar en esta profunda comunión con Él?

 

Es el amor a Jesús.

 

Un amor que no es mero sentimentalismo, sino que se traduce en vida concreta y, de un modo más preciso, en guardar su Palabra.

 

A este amor del cristiano, verificado por los hechos, Dios responde con su amor: la Trinidad viene a habitar en él.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

…guardará mi palabra”. Y ¿cuáles son las palabras que el cristiano está llamado a guardar?

 

En el Evangelio de Juan, “mis palabras” son muchas veces sinónimo de “mis mandamientos”. El cristiano, por lo tanto, está llamado a cumplir los mandamientos de Jesús. Pero éstos no se deben entender como un catálogo de leyes. Es necesario, más bien, verlos todos sintetizados en lo que Jesús quiso mostrar con el lavatorio de los pies: el mandamiento del amor recíproco. Dios pide a cada cristiano que ame al otro hasta la donación completa de sí mismo, como Jesús ha enseñado y ha hecho.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

Y entonces, ¿cómo vivir bien esta Palabra? ¿Cómo llegar hasta el punto en que el Padre mismo nos ame y la Trinidad habite en nosotros?

 

Poniendo en práctica con todo nuestro corazón, con radicalidad y perseverancia el amor recíproco entre nosotros.

 

En esto, principalmente, el cristiano encuentra también el camino de esta profunda ascética cristiana que el Crucificado exige de él. Es precisamente el amor recíproco el que hace que florezcan en su corazón las distintas virtudes y es con él como se puede corresponder a la llamada a la propia santificación.

Chiara Lubich

Algunas experiencias de varias personas que practican la Palabra de Vida

1.-       He de confesar que este mes al principio me costó encontrar “el hilo” para vivir la Palabra. Luego he descubierto varios filones. P.ej., dice el comentario: “…su manifestación no sería ni espectacular ni externa. Sería una sencilla, extraordinaria “venida” de la Trinidad al corazón del fiel, que se hace realidad donde hay fe y amor…”. Así que he tratado de “buscar” a Dios, esa presencia, en los demás, ¡y en mí! Y cuando no la percibía… ¡es que me faltaba “gasolina”, me faltaba hacer actos concretos de “amor al prójimo” por Jesús!

2.-     Una gran amiga, con tremenda enfermedad desde hará unos 3 años, (gracias a la cual empezó a descubrir a Dios), me escribía en un correo la pasad semana: “…hace ya algunas semanas le pedí al Cristo Crucificado que tenemos en la parroquia, que me diese entendimiento en cuanto me acontecía, que si en verdad en mi caminar debía haber un poco de sufrimiento, supiese no solo llevarlo sino darle ese matiz cristiano que Jesús intentó a toda costa enseñarnos. De una manera difícil de explicar, en un rato de Silencio y Oración ante el Crucificado se me reveló (por así decirlo) que sí, que debería haber un poco de sufrimiento para que siguiese brotando aquello que Dios depositó en mí en su momento. Mi “estar” en Dios cada vez cobra más fuerza y te he de reconocer que solo a través del sufrimiento que he vivido en determinados momentos, he podido sentir Su Presencia… eso, hermano mío, es ÚNICO. Con ello no quiero decir que me guste sufrir ni mucho menos, pero sí Dios ha sabido darme su caricia, no sé tú, pero yo hoy puedo decir alto y claro que Dios ha acariciado mi alma y eso, hermano mío, lo es TODO….”

3.- …lleno de alegría por el don que Dios me concede cada día de estar con Él y de ir poco a poco…

Hoy mi experiencia con la PdV de este mes es diferente; la Palabra de Dios tiene infinitas aristas y cada una de ellas te enseña tanto, solo dar gracias por enseñarme cada día, por coger mi mano y enseñarme el camino, con suavidad, con dulzura, pero también con determinación.

Como ya sabes, estoy llevando un grupo de catequesis. Esta mañana tuve una experiencia que me mostró cómo el amor recíproco debe configurarme y se lo debo al párroco, quien hoy fue el instrumento.

La semana pasada tuve la catequesis el domingo y un chico no asistió; yo esta semana no iba a poder dar la catequesis por diversas circunstancias, pero con ese chico no pude comunicar; a lo largo de la semana lo intenté, pero nada…

Esta mañana el párroco me dio una lección de cómo hay que estar con los cinco sentidos en lo que uno hace, en hacerlo por amor; no es una actividad más: si no nace del corazón, es que uno no deja que el Señor haga morada en él.

Estuve toda la tarde meditando sobre ello, aun sintiéndome por momentos dolido por la situación; uno piensa en sí mismo, no en los demás: “si yo hice lo que pude…; si no me contestó…”; lo típico siempre: yo yo yo. Pero después me llegó, delante del Santísimo, la luz, como siempre, y entonces me llené de alegría y agradecí ese acto de amor concreto y recíproco del párroco: a quien uno quiere, debe hacerle mejorar. Qué decir: el Señor me abre cada día nuevos caminos, me enseña nuevas cosas, me cuida, cuando me refugio en sus alas me llena de paz…

Publicado en Espiritualidad cristiana, Palabra de Vida - Chiara Lubich

PALABRA DE VIDA DE NOVIEMBRE

PALABRA DE VIDA DEL MES DE NOVIEMBRE

 

Queridos amigos,

¿Cómo han pasado el mes de octubre? ¿Qué tan bien hemos vividos todas esas oportunidades de “echar las redes”, inspirados por la Palabra del mes?

Ahora iniciamos noviembre, un mes que se abre con la hermosísima festividad de Todos los Santos, la cual llena de esperanza nuestras vidas que buscan a Dios y nos hacen asumir con renovado empeño nuestro camino a la santidad. No dejemos que las tergiversaciones de un mundo sinsentido nos confundan a la hora de celebrar esta fiesta. Mañana, día 2, recordaremos con esperanza y amor a todos nuestros difuntos, para los cuales pedimos que puedan ya contemplar la gloria de Dios nuestro Padre.

Durante el mes de noviembre las lecturas diarias nos irán acercando a las realidades últimas de la vida: la Eternidad, el Juicio de Dios, el Cielo. Así concluiremos este Año Litúrgico en que hemos venido leyendo -¡Y viviendo!- el Evangelio de Marcos. Estamos en  buen tiempo para apresurarnos en completar lo que aún pueda estar faltando en nuestra viviencia continua de la Palabra de Dios. Llegaremos a final de este tiempo diciendo: ¡Lo logramos, Señor, lo logramos contigo!.

 

Ahora compartimos algunas EXPERIENCIAS tratando de practicar la Palabra de Vida de octubre “en tu Palabra, echaré las redes”:

  • La semana pasada y esta, cuando sonaba el despertador, era cuando mejor y más profundamente estaba durmiendo; así que, saludo al Señor, y recordando la PdV, le digo: “patada a la sábana es el modo de echar las redes, así que… ¡en tu Palabra…!, y sin remolonear”. ¡Y empezaba con alegría verdadera la jornada! Estos dos meses y medio he tratado de “vencerme” en varias cosas. Y, gracias a Dios, muy bien. Estos días, en cambio, me venía la tentación de “flojear”, el cansancio… Pero, de nuevo, el recordar la PdV me ha hecho tratar de no perder altura en el vuelo. Me encuentro contento y en paz, ¡y sabiendo que no me puedo fiar de mí mismo, sino de Él!

 

  • …a veces me cuesta mucho trabajo pedir algún permiso, y cuando lo hago, me pongo muy nervioso, porque no sé cómo decirlo. En esta ocasión quería asistir a una conferencia sobre el amor humano en Juan Pablo II. Entonces me acordé de la palabra de Vida, y dije: “Señor, en tu nombre echaré las redes y, si no sale para delante, es que no es tu voluntad”; así que me dirigí a mi jefe y dije directamente lo que quería. El inconveniente es que perdía una hora de clase, además de alguna otra actividad…, pero no pedía nada imposible porque otros compañeros ya lo habían hecho antes. La respuesta fue negativa… pero el Señor supo colmar mi deseo por sus caminos: la clase que me hubiera perdido, me resultó bellísima; y por otro lado, el Señor me puso el texto de la conferencia en mis manos… ¡¡directamente de las del ponente…!!

 

  • La semana pasada empecé con un grupo reducido de catequesis, que van a recibir la formación para, en el año próximo, si Dios quiere, entren en la comunidad, ¡¡¡qué ilusión!!! Cuando me lo comentó el párroco, pensé en todas las dificultades que conllevaba: ¿yo, dar catequesis?; yo, que cada día descubro algo nuevo (Jesús todo lo hace nuevo, cada día, cada hora, cada segundo); yo, que no soy ejemplo de nada, ni testimonio, ¿cómo hacerlo? Se me venían a la cabeza las palabras de Pedro: “apártate de mí que soy un pecador”; pero después venían las otras de Jesús: “no te preocupes, Pedro, yo os haré pescadores de hombres”. Es verdad: uno debe confiarse en el Señor, “echar las redes”, a pesar de sus limitaciones, o mejor dicho, por ellas debemos echar las redes, abandonándonos en Él, confiar en Él. Tantas veces uso mi lógica en vez de pensar que el Señor tiene una lógica distinta, nueva, radical, bella. Al final la catequesis fue hermosa, ¡cuántos adjetivos me salen!, ¡qué momentos viví con esos pequeños! Como siempre que dudo de mis posibilidades, debo ponerme en manos de Dios, para quien “nada es imposible”, y al final Él me da el ciento por uno. Sólo puedo dar gracias al Señor…

Y ahora la Palabra de Vida…

 

PALABRA DE VIDA – noviembre 2012

 

«Respondió Jesús y le dijo:

“el que me ama guardará mi palabra,

y mi Padre lo amará,

y vendremos a él y haremos morada en él”»

(Jn 14, 23).

 

Jesús está dirigiendo a los discípulos sus importantes e intensas palabras de despedida y, entre otras cosas, les asegura que lo volverán a ver porque se manifestará a quienes lo aman.

Judas, no el Iscariote, le pregunta por qué se manifestará a ellos y no en público. El discípulo deseaba una gran manifestación externa de Jesús que pudiera cambiar la historia y ser más útil, según él, para la salvación del mundo. Los apóstoles pensaban que Jesús era el profeta tan esperado de los últimos tiempos, el cual aparecería revelándose a la vista de todos como el Rey de Israel y, poniéndose al frente del pueblo de Dios, instauraría definitivamente el Reino del Señor.

Jesús, en cambio, contesta que su manifestación no sería ni espectacular ni externa. Sería una sencilla, extraordinaria “venida” de la Trinidad al corazón del fiel, que se hace realidad donde hay fe y amor.

Con esta respuesta Jesús precisa de qué modo Él permanecerá presente entre los suyos después de su muerte y explica cómo será posible tener contacto con Él.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

Así pues, su presencia se puede realizar ya desde ahora en los cristianos y en medio de la comunidad; no es necesario esperar al futuro. El templo que la acoge no es tanto el que está hecho de paredes, sino el corazón mismo del cristiano, que se convierte así en el nuevo sagrario, en la morada viva de la Trinidad.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

Pero ¿cómo el cristiano puede llegar a tanto? ¿Cómo ser portador de Dios mismo? ¿Cuál es el camino para entrar en esta profunda comunión con Él?

Es el amor a Jesús.

Un amor que no es mero sentimentalismo, sino que se traduce en vida concreta y, de un modo más preciso, en guardar su Palabra.

A este amor del cristiano, verificado por los hechos, Dios responde con su amor: la Trinidad viene a habitar en él.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

…guardará mi palabra”. Y ¿cuáles son las palabras que el cristiano está llamado a guardar?

En el Evangelio de Juan, “mis palabras” son muchas veces sinónimo de “mis mandamientos”. El cristiano, por lo tanto, está llamado a cumplir los mandamientos de Jesús. Pero éstos no se deben entender como un catálogo de leyes. Es necesario, más bien, verlos todos sintetizados en lo que Jesús quiso mostrar con el lavatorio de los pies: el mandamiento del amor recíproco. Dios pide a cada cristiano que ame al otro hasta la donación completa de sí mismo, como Jesús ha enseñado y ha hecho.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

Y entonces, ¿cómo vivir bien esta Palabra? ¿Cómo llegar hasta el punto en que el Padre mismo nos ame y la Trinidad habite en nosotros?

Poniendo en práctica con todo nuestro corazón, con radicalidad y perseverancia el amor recíproco entre nosotros.

En esto, principalmente, el cristiano encuentra también el camino de esta profunda ascética cristiana que el Crucificado exige de él. Es precisamente el amor recíproco el que hace que florezcan en su corazón las distintas virtudes y es con él como se puede corresponder a la llamada a la propia santificación.

Chiara Lubich

 

Publicado en Palabra de Vida - Chiara Lubich

Palabra de vida del mes de octubre

PALABRA DE VIDA – OCTUBRE 2012

 

 

“Confiado en tu palabra, echaré las redes”

(Lc 5, 5)

 

Apenas Jesús acabó de enseñar, sentado en la barca de Simón, le dijo a él y a sus compañeros que echaran las redes al mar; y Simón, a pesar de afirmar que habían estado bregando en vano toda la noche, añadió: “Puesto que Tú lo dices, echaré las redes”.

Y echándolas, se llenaron de tantos peces que se rompían. Entonces, vinieron otros compañeros a ayudarle y también ellos llenaron las barcas, hasta tal punto que casi se hundían. Simón, muy sorprendido, como lo estaban Santiago y Juan, sus compañeros, se lanzó entonces a los pies de Jesús, pidiéndole que se alejara de él, que era un pecador. Pero Jesús le dijo que no temiera: desde aquel momento sería pescador de hombres. Y desde aquel instante, Simón, Santiago y Juan se convirtieron en sus discípulos.

Este es el relato de la pesca milagrosa, que simboliza la futura misión de los apóstoles. El comportamiento de Pedro sirve de modelo no sólo para los otros apóstoles y para quienes les sucederán, sino también para cada cristiano.

 

“Confiado en tu palabra, echaré las redes”.

 

Después de una noche infructuosa, Pedro, experto en la pesca, habría podido sonreírse y negarse a aceptar la invitación de Jesús a echar las redes de día, momento menos propicio. En cambio, más allá de su razonamiento, se fió de Jesús.

Esta es una situación típica por la cual, hoy también, está llamado a pasar todo creyente, precisamente porque es creyente. De hecho su fe se pone a prueba de mil maneras.

Seguir a Cristo significa decisión, compromiso y perseverancia, mientras que en este mundo en el que vivimos todo parece invitar a la relajación, a la mediocridad, al “dejar pasar. La tarea parece demasiado grande, imposible de alcanzar y fracasada anticipadamente.

Se necesita entonces fuerza para ir adelante, para resistir al ambiente, al contexto social, a los amigos, a los medios de comunicación.

Es una prueba dura de combatir día tras día, o mejor, hora tras hora.

Pero si la afrontamos y la aceptamos, servirá para hacernos madurar como cristianos, para hacernos experimentar que las extraordinarias palabras de Jesús son verdaderas, que sus promesas se cumplen, que se puede emprender en la vida una aventura divina mil veces más fascinante que cuantas podamos imaginar, en la que podemos ser testigos, por ejemplo, de que mientras en el mundo a menudo la vida es tan desganada, monótona e infructuosa, Dios colma de bienes a quien le sigue: da el céntuplo en esta vida, además de la vida eterna. Esta es la pesca milagrosa que se renueva.

 

“Confiado en tu palabra, echaré las redes”.

 

¿Cómo poner en práctica entonces esta Palabra?

Haciendo nosotros también la misma elección que Pedro: “Puesto que Tú lo dices…”. Tener confianza en su Palabra; no poner en duda lo que Él pide. Más aún: apoyar nuestro comportamiento, nuestra actividad, nuestra vida en su Palabra.

Así basaremos nuestra existencia en lo más sólido y seguro que hay, y contemplaremos con asombro que, precisamente allí donde cualquier recurso humano mengua, Él interviene, y que allí donde es humanamente imposible, nace la vida.

 

Chiara Lubich

Publicado en Palabra de Vida - Chiara Lubich

María Voce, “Emmaus”: Auténtica focolarina

María Voce, “Emmaus”: Auténtica focolarina

Ni feminista ni sinodista, sino auténtica focolarina
Presentado un libro sobre Maria Voce, presidenta del Movimiento de los Focolares

Por Antonio Gaspari

ROMA, martes 25 septiembre 2012 (ZENIT.org).- Ninguno, ni siquiera ella había imaginado que sería elegida. Dentro del Movimiento de los Focolares no era del grupo de las fundadoras. Y, sin embargo, el 7 de julio de 2008, cuatro meses antes partir al cielo Chiara Lubich, carismática fundadora del Movimiento, 496 delegados provenientes de todo el mundo eligieron presidenta mundial a Maria Voce.

Una mujer tan esquiva como fuerte y determinada. Tenía 71 años cuando fue elegida, nacida en Aiello Calabro, primera mujer abogada en la región de Calabria, focolarina desde 1959, responsable del movimiento en Turquía durante seis años, asistente de Lubich para la revisión de los Estatutos, conocida entre los focolares con el nombre de “Emmaus”

En el libro en italiano “La scommessa di Emmaus”, escrito por Paolo Loriga y Michele Zanzucchi, editado por “Città Nuova” y presentado el 22 de septiembre en la ciudadela de Loppiano, Voce relata que no se le había pasado por la mente que habría sido candidata a proseguir el carisma de Chiara Lubich.

“Cuando las preferencias empezaron a concentrarse en torno a mi nombre –afirmó- sentí el peligro de ser elegida”.

Con el movimiento en una situación de turbación por la pérdida de la líder carismática, Maria Voce, que es de espíritu optimista y no acostumbra a tener temor, se retiró a la capilla y dijo a Dios: “Heme aquí, estoy dispuesta”.

Apenas se empieza a hablar con Maria Voce, uno se da cuenta enseguida que se encuentra ante una mujer fuerte en la fe. Relata en el libro que su padre, con tal de tenerla en casa, no pensaba en mandarla a estudiar fuera de su pueblo. En Ajello Calabro no había profesores, pero Maria Voce estudió en casa la secundaria y superó los exámenes como alumna libre.

Muestra también una gran libertad en el entender el carisma que Dios ofrece, distinguiéndolo de las personas que lo difunden. Conoció el Movimiento de los Focolares de un modo sencillo, por invitación de sus amigos universitarios. Quería casarse y tener hijos. Se resistió a la idea de entrar en el Movimiento de los Focolares. No se sentía especialmente atraída por Chiara Lubich.

Escribe en el libro: “No fui tras Chiara, aunque se que soy su hederera como presidenta del movimiento. Fui detrás de Dios, detrás de Jesús en medio del Movimiento, el que Chiara ha inspirado y suscitado”

Y añade: “No soy presidenta porque Chiara me haya designado, sino porque es voluntad de Dios. El dio a Chiara el don de la unidad para mí y para todos los demás, y le sigo a El”.

Maria Voce está segura de que su elección marca una etapa nueva en el Movimiento, una discontinuidad que es necesaria para la encarnación e institucionalización del carisma.

Según la presidenta de los Focolares, hay que “empezar a dar mayor concreción a lo que Chiara nos ha señalado en su visión profética (…) para llevar adelante la Obra hacia aquellos horizontes que aún está inexplorados y que descubriremos juntos”.

En un encuentro que tuvo lugar el domingo en Loppiano, Maria Voce fue entrevistada por Lucetta Scaraffia, editorialista deL’Osservatore Romano, y Marco Politi vaticanista de Il Fatto.

Lucetta Scaraffia invitó a Maria Voce a apoyar su posición respecto a la necesidad de una mayor y más autorizada presencia de las mujeres en la sociedad y en la Iglesia.

En la Iglesia en concreto, Scaraffia, vería bien la presencia de una mujer cardenal participando en un futuro cónclave.

La presidenta de los Focolares explicó que el “genio femenino” tiene autoridad pero no necesariamente debe desempeñar puestos de poder formal.

En este sentido habló de la Virgen María y su presencia en la Iglesia: “Una presencia que es el máximo del amor, pero María es también Reina, por tanto con una potestad y con una autoridad que en la Iglesia primitiva hizo que los demás se recogieran en torno a ella. Ella no mandaba pero era ella la que aglutinaba; y aglutinaba a todos, incluidos los apóstoles, incluido Pedro”.

Marco Politi, le pidió apoyar la propuesta del cardenal Martini de organizar una especie de Concilio Vaticano III que, a su juicio, podría resolver muchos problemas en la Iglesia.

Maria Voce precisó que antes de pensar en un Concilio Vaticano III, “tenemos todavía mucho que vivir y hacer realidad del extraordinario patrimonio del Concilio Vaticano II”.

Para la presidenta de los Focolares, “la cuestión no es tanto reunir nuevamente a todos los obispos en Roma (…) sino más bien lo que sirve es un trabajo más a nivel de conferencias episcopales, de sínodos locales, para dar cumplimiento efectivo a la obra de recepción del Concilio Vaticano II”.

Scaraffia y Politi trataron de mover a la presidenta del movimiento de los Focolares a posturas distintas pero ella, aún con garbo y amabilidad, mostró toda su libertad y originalidad, la grandeza de una mujer que no tiene temores.

En un momento de la conversación, dijo: “No hay que tener miedo porque es Dios quien hace la historia”.

Oiremos hablar de la presidenta del Movimiento de los Focolares porque es “mujer de Dios”.

Publicado en Palabra de Vida - Chiara Lubich

Palabra de Vida de agosto 2012 (Con PPT)

Palabra de Vida de Agosto 2012

Chiara Lubich

Descarga en PPT:  PdV agosto 2012

«A cualquiera que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo; pero a cualquiera que me desconozca delante de los hombres, yo también lo desconoceré delante de mi Padre»

Esta es una Palabra que nos da gran consuelo y empuje a todos nosotros, los cristianos.

Con ella, Jesús nos exhorta a vivir con coherencia nuestra fe en Él: de la actitud que hayamos tomado en relación con Él durante nuestra existencia terrenal depende nuestro eterno destino. Si lo reconocemos – nos dice – delante de los demás, le daremos motivo de que nos reconozca delante de su Padre; si, por el contrario, lo negamos delante de los demás, también Él nos negará delante de su Padre.

«A cualquiera que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo; pero a cualquiera que me desconozca delante de los hombres, yo también lo desconoceré delante de mi Padre».

Porque nos ama, Jesús hace referencia al premio o al castigo que nos espera después de esta vida. Él sabe, como dice un Padre de la Iglesia, que a veces el temor a un castigo es más eficaz que una bella promesa. Por eso alimenta en nosotros la esperanza de la felicidad sin fin y, al mismo tiempo, con tal de salvarnos, suscita en nosotros el temor de la condenación.

Lo que le interesa es que lleguemos a vivir para siempre con Dios. Al fin y al cabo, esto es lo único que cuenta; es el fin por el cual hemos sido llamados a la existencia. Sólo con Él, de hecho, alcanzaremos la completa realización de nosotros mismos y saciaremos plenamente todas nuestras aspiraciones. Por eso Jesús nos exhorta a “reconocerlo” desde aquí abajo. Si en cambio, en esta vida, no queremos tener nada que ver con Él, si ahora renegamos de Él, cuando tengamos que ir a la otra vida, nos encontraremos separados de Él para siempre.

Por lo tanto, al concluir nuestro camino terrenal, Jesús no hará otra cosaque confirmar delante del Padre la elección que cada uno ha hecho en la Tierra, con todas sus consecuencias. Y con referencia al Juicio Final, Él nos muestra toda la importancia y la seriedad de la decisión que nosotros tomamos aquí abajo: en efecto, está en juego nuestra eternidad.

«A cualquiera que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo; pero a cualquiera que me desconozca delante de los hombres, yo también lo desconoceré delante de mi Padre».

¿Cómo podemos sacar provecho de esta advertencia que nos hace Jesús? ¿Cómo vivir esta Palabra suya?

Él mismo lo dice: « A cualquiera que me reconozca…».

Decidámonos entonces a reconocerlo delante de los hombres con sencillez y franqueza.

Venzamos el respeto humano. Salgamos de la mediocridad y de los pactos interesados que vacían de autenticidad nuestra vida también como cristianos.

Recordemos que estamos llamados a ser testigos de Cristo: Él quiere llegar a todos los hombres con su mensaje de paz, de justicia y de amor precisamente a través de nosotros.

Testimoniémoslo en cualquier lugar que nos encontremos por motivos de familia, de trabajo, de amistad, de estudio o por las diferentes circunstancias de la vida.

Demos este testimonio, sobre todo, con nuestro comportamiento: con la honestidad de nuestra vida, con la pureza de nuestras costumbres, con el desapego al dinero, con la participación en las alegrías y en los sufrimientos de los demás.

Démoslo, en modo particular, con nuestro amor recíproco, con nuestra unidad, de modo que la paz y la alegría pura, prometidas por Jesús a quienes permanecen unidos a Él, nos inunden el alma desde ahora aquí en la Tierra y se desborden sobre los demás.

Y a cualquiera que nos pregunte por qué nos comportamos así, por qué estamos tan serenos, aun en medio de un mundo tan atormentado, respondamos con humildad y con sinceridad las palabras que nos sugiera el Espíritu Santo, para así dar testimonio de Cristo también con la palabra, incluso en el plano de las ideas.

Entonces, puede suceder que muchos de aquellos que lo buscan, lo encuentren.

Otras veces, puede que seamos malinterpretados, rechazados, podremos ser objeto de burlas, quizás de aversión y de persecución. Jesús también nos advirtió esto: «Si me han perseguido a mí, también los perseguirán a ustedes»[1].

Estamos entonces en el camino justo. Prosigamos testimoniándolo con valentía, incluso en medio de las pruebas, aunque nos cueste la vida. La meta que nos espera lo merece: el Cielo donde Jesús, a quien amamos, nos reconocerá delante de su Padre por toda la eternidad.

Chiara Lubich

Publicado en Palabra de Vida - Chiara Lubich

Palabra de Vida de Agosto 2012

Palabra de Vida de Agosto 2012

Chiara Lubich

Descarga en PPT:  PdV agosto 2012

«A cualquiera que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo; pero a cualquiera que me desconozca delante de los hombres, yo también lo desconoceré delante de mi Padre»

Esta es una Palabra que nos da gran consuelo y empuje a todos nosotros, los cristianos.

Con ella, Jesús nos exhorta a vivir con coherencia nuestra fe en Él: de la actitud que hayamos tomado en relación con Él durante nuestra existencia terrenal depende nuestro eterno destino. Si lo reconocemos – nos dice – delante de los demás, le daremos motivo de que nos reconozca delante de su Padre; si, por el contrario, lo negamos delante de los demás, también Él nos negará delante de su Padre.

«A cualquiera que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo; pero a cualquiera que me desconozca delante de los hombres, yo también lo desconoceré delante de mi Padre».

Porque nos ama, Jesús hace referencia al premio o al castigo que nos espera después de esta vida. Él sabe, como dice un Padre de la Iglesia, que a veces el temor a un castigo es más eficaz que una bella promesa. Por eso alimenta en nosotros la esperanza de la felicidad sin fin y, al mismo tiempo, con tal de salvarnos, suscita en nosotros el temor de la condenación.

Lo que le interesa es que lleguemos a vivir para siempre con Dios. Al fin y al cabo, esto es lo único que cuenta; es el fin por el cual hemos sido llamados a la existencia. Sólo con Él, de hecho, alcanzaremos la completa realización de nosotros mismos y saciaremos plenamente todas nuestras aspiraciones. Por eso Jesús nos exhorta a “reconocerlo” desde aquí abajo. Si en cambio, en esta vida, no queremos tener nada que ver con Él, si ahora renegamos de Él, cuando tengamos que ir a la otra vida, nos encontraremos separados de Él para siempre.

Por lo tanto, al concluir nuestro camino terrenal, Jesús no hará otra cosaque confirmar delante del Padre la elección que cada uno ha hecho en la Tierra, con todas sus consecuencias. Y con referencia al Juicio Final, Él nos muestra toda la importancia y la seriedad de la decisión que nosotros tomamos aquí abajo: en efecto, está en juego nuestra eternidad.

«A cualquiera que me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo; pero a cualquiera que me desconozca delante de los hombres, yo también lo desconoceré delante de mi Padre».

¿Cómo podemos sacar provecho de esta advertencia que nos hace Jesús? ¿Cómo vivir esta Palabra suya?

Él mismo lo dice: « A cualquiera que me reconozca…».

Decidámonos entonces a reconocerlo delante de los hombres con sencillez y franqueza.

Venzamos el respeto humano. Salgamos de la mediocridad y de los pactos interesados que vacían de autenticidad nuestra vida también como cristianos.

Recordemos que estamos llamados a ser testigos de Cristo: Él quiere llegar a todos los hombres con su mensaje de paz, de justicia y de amor precisamente a través de nosotros.

Testimoniémoslo en cualquier lugar que nos encontremos por motivos de familia, de trabajo, de amistad, de estudio o por las diferentes circunstancias de la vida.

Demos este testimonio, sobre todo, con nuestro comportamiento: con la honestidad de nuestra vida, con la pureza de nuestras costumbres, con el desapego al dinero, con la participación en las alegrías y en los sufrimientos de los demás.

Démoslo, en modo particular, con nuestro amor recíproco, con nuestra unidad, de modo que la paz y la alegría pura, prometidas por Jesús a quienes permanecen unidos a Él, nos inunden el alma desde ahora aquí en la Tierra y se desborden sobre los demás.

Y a cualquiera que nos pregunte por qué nos comportamos así, por qué estamos tan serenos, aun en medio de un mundo tan atormentado, respondamos con humildad y con sinceridad las palabras que nos sugiera el Espíritu Santo, para así dar testimonio de Cristo también con la palabra, incluso en el plano de las ideas.

Entonces, puede suceder que muchos de aquellos que lo buscan, lo encuentren.

Otras veces, puede que seamos malinterpretados, rechazados, podremos ser objeto de burlas, quizás de aversión y de persecución. Jesús también nos advirtió esto: «Si me han perseguido a mí, también los perseguirán a ustedes»[1].

Estamos entonces en el camino justo. Prosigamos testimoniándolo con valentía, incluso en medio de las pruebas, aunque nos cueste la vida. La meta que nos espera lo merece: el Cielo donde Jesús, a quien amamos, nos reconocerá delante de su Padre por toda la eternidad.

Chiara Lubich

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Palabra de Vida – Julio 2012

Palabra de Vida – Julio 2012

Chiara Lubich

«A quien tenga se le dará y le sobrará; pero a quien no tenga, aun lo que tiene se le quitará » (Mt 13,12).

Con estas palabras, Jesús responde a sus discípulos, que le habían preguntado por qué hablaba en parábolas. Él les explica que no a todos les ha sido dado el don de conocer los misterios del reino de los cielos, sino sólo a las personas bien dispuestas, a aquellas que acogen y viven sus palabras.

De hecho, entre quienes lo escuchan hay algunos que cierran voluntariamente sus ojos y sus oídos, por lo cual “aun viendo no ven, y aun oyendo no oyen y no comprenden” . Estos son los que ven y escuchan a Jesús, pero pensando que ya conocen toda la verdad, no creen en sus palabras y en los hechos que las confirman. Así finalmente, terminan perdiendo hasta ese poco que tienen.

«A quien tenga se le dará y le sobrará; pero a quien no tenga, aun lo que tiene se le quitará».

¿Cuál es, entonces, el significado de esta frase de Jesús? Él nos invita a abrir nuestro corazón a la Palabra que vino a anunciarnos, y de la cual nos pedirá cuentas al final de la vida.

Los escritos del Evangelio nos muestran cómo el anuncio de esta Palabra está en el centro de todos los deseos y de toda las acciones de Jesús. Nosotros lo vemos ir de pueblo en pueblo, por las calles, por las plazas, por los campos, a las casas, a las sinagogas, anunciando el mensaje de la salvación, dirigiéndose a todos, pero especialmente a los pobres, a los humildes, a los que habían sido marginados. Jesús compara su Palabra con la luz, con la sal, con la levadura, con una red lanzada al mar, con la semilla sembrada en el campo; y Él dará la vida para que se extienda el fuego que la Palabra contiene.

«A quien tenga se le dará y le sobrará; pero a quien no tenga, aun lo que tiene se le quitará ».

Jesús espera, por la Palabra que Él ha anunciado, la transformación del mundo. Por consiguiente, no acepta que frente a este anuncio podamos quedarnos neutrales, tibios o indiferentes. No admite que una vez recibido un don tan grande, pueda quedarse inoperante.

Y para subrayar esta exigencia suya, Jesús vuelve a afirmar aquí esa ley que está en la base de toda la vida espiritual: si uno pone en práctica su Palabra, Él lo introducirá cada vez más en las riquezas y en las alegrías incomparables de su reino; por el contrario, si uno descuida esta Palabra, Jesús se la quitará y se la confiará a otros para que la hagan fructificar.

«A quien tenga se le dará y le sobrará; pero a quien no tenga, aun lo que tiene se le quitará ».

Por lo tanto, esta Palabra de vida nos llama la atención ante una grave falta en la que podemos caer: la de acoger el Evangelio haciéndolo quizás sólo objeto de estudio, de admiración, de discusión, pero sin ponerlo en práctica.

Jesús, en cambio, espera que nosotros acojamos la Palabra y que la encarnemos dentro de nosotros. De la misma manera, Él espera que hagamos de ella esa fuerza que da forma a todas nuestras actividades y así, a través del testimonio de nuestra vida, sea esa luz, esa sal y esa levadura que poco a poco, transforma la sociedad.

Durante este mes, entonces, pongamos de relieve una frase entre las muchas Palabras de vida del Evangelio y pongámosla en práctica. Enriqueceremos nuestra alegría con otra alegría.

Chiara Lubich

Publicado en Palabra de Vida - Chiara Lubich

Palabra de Vida – Julio 2012

Palabra de Vida – Julio 2012

Chiara Lubich

«A quien tenga se le dará y le sobrará; pero a quien no tenga, aun lo que tiene se le quitará » (Mt 13,12).

Con estas palabras, Jesús responde a sus discípulos, que le habían preguntado por qué hablaba en parábolas. Él les explica que no a todos les ha sido dado el don de conocer los misterios del reino de los cielos, sino sólo a las personas bien dispuestas, a aquellas que acogen y viven sus palabras.

De hecho, entre quienes lo escuchan hay algunos que cierran voluntariamente sus ojos y sus oídos, por lo cual “aun viendo no ven, y aun oyendo no oyen y no comprenden” . Estos son los que ven y escuchan a Jesús, pero pensando que ya conocen toda la verdad, no creen en sus palabras y en los hechos que las confirman. Así finalmente, terminan perdiendo hasta ese poco que tienen.

«A quien tenga se le dará y le sobrará; pero a quien no tenga, aun lo que tiene se le quitará».

¿Cuál es, entonces, el significado de esta frase de Jesús? Él nos invita a abrir nuestro corazón a la Palabra que vino a anunciarnos, y de la cual nos pedirá cuentas al final de la vida.

Los escritos del Evangelio nos muestran cómo el anuncio de esta Palabra está en el centro de todos los deseos y de toda las acciones de Jesús. Nosotros lo vemos ir de pueblo en pueblo, por las calles, por las plazas, por los campos, a las casas, a las sinagogas, anunciando el mensaje de la salvación, dirigiéndose a todos, pero especialmente a los pobres, a los humildes, a los que habían sido marginados. Jesús compara su Palabra con la luz, con la sal, con la levadura, con una red lanzada al mar, con la semilla sembrada en el campo; y Él dará la vida para que se extienda el fuego que la Palabra contiene.

«A quien tenga se le dará y le sobrará; pero a quien no tenga, aun lo que tiene se le quitará ».

Jesús espera, por la Palabra que Él ha anunciado, la transformación del mundo. Por consiguiente, no acepta que frente a este anuncio podamos quedarnos neutrales, tibios o indiferentes. No admite que una vez recibido un don tan grande, pueda quedarse inoperante.

Y para subrayar esta exigencia suya, Jesús vuelve a afirmar aquí esa ley que está en la base de toda la vida espiritual: si uno pone en práctica su Palabra, Él lo introducirá cada vez más en las riquezas y en las alegrías incomparables de su reino; por el contrario, si uno descuida esta Palabra, Jesús se la quitará y se la confiará a otros para que la hagan fructificar.

«A quien tenga se le dará y le sobrará; pero a quien no tenga, aun lo que tiene se le quitará ».

Por lo tanto, esta Palabra de vida nos llama la atención ante una grave falta en la que podemos caer: la de acoger el Evangelio haciéndolo quizás sólo objeto de estudio, de admiración, de discusión, pero sin ponerlo en práctica.

Jesús, en cambio, espera que nosotros acojamos la Palabra y que la encarnemos dentro de nosotros. De la misma manera, Él espera que hagamos de ella esa fuerza que da forma a todas nuestras actividades y así, a través del testimonio de nuestra vida, sea esa luz, esa sal y esa levadura que poco a poco, transforma la sociedad.

Durante este mes, entonces, pongamos de relieve una frase entre las muchas Palabras de vida del Evangelio y pongámosla en práctica. Enriqueceremos nuestra alegría con otra alegría.

Chiara Lubich

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Palabra de Vida, mayo 2012

Palabra de Vida, mayo 2012

«Yo he venido para traer fuego al mundo, y ¡cómo me gustaría que ya estuviera ardiendo!» (Lc 12, 49).

En el Antiguo Testamento el fuego simboliza la palabra de Dios pronunciada por el profeta. Pero, también, el juicio divino que purifica a su pueblo, pasando por en medio de él.

Así es la Palabra de Jesús, construye, pero simultáneamente destruye lo que no tiene consistencia, lo que tiene que caer, lo que es vanidad y deja en pie sólo la verdad.

S. Juan Bautista había dicho de él: “Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”2, anunciando el bautismo cristiano inaugurado el día de Pentecostés con la efusión del Espíritu Santo y la aparición de lenguas de fuego3.

Por tanto, ésta es la misión de Jesús: arrojar fuego sobre la tierra, dar el Espíritu Santo con su fuerza renovadora y purificadora.

«Yo he venido para traer fuego al mundo, y ¡cómo me gustaría que ya estuviera ardiendo!»

Jesús nos da el Espíritu. Pero ¿de qué modo actúa el Espíritu Santo?

Lo hace infundiendo en nosotros el amor. Ese amor que nosotros, por deseo suyo, debemos mantener encendido en nuestros corazones.

¿Y cómo es este amor?

No es terrenal, limitado; es amor evangélico. Es universal como el del Padre celestial que manda la lluvia y el sol sobre todos, sobre buenos y malos, incluso sobre los enemigos.

Es un amor que no espera nada de los demás, sino que toma siempre la iniciativa, es el primero en amar.

Es un amor que se hace uno con cada persona: sufre con ella, goza con ella, se preocupa con ella, espera con ella. Y lo hace, si es necesario, concretamente, con hechos. Un amor, por tanto, no meramente sentimental, no sólo de palabras.

Un amor por el cual se ama a Cristo en el hermano y en la hermana, recordando aquel: “A mí me lo hacéis”4.

Es un amor, además, que tiende a la reciprocidad, a realizar con los demás el amor recíproco. Este amor, siendo expresión visible, concreta, de nuestra vida evangélica, subraya y da valor a la palabra que luego podremos y deberemos ofrecer para evangelizar.

«Yo he venido para traer fuego al mundo, y ¡cómo me gustaría que ya estuviera ardiendo!»

El amor es como un fuego, lo importante es que permanezca encendido. Y, para que esto sea así, es necesario que queme siempre algo. Ante todo, nuestro yo egoísta, y se hace así porque, amando, estamos completamente volcados en el otro: o en Dios, cumpliendo su voluntad, o en el prójimo, ayudándolo.

Un fuego encendido, aunque sea pequeño, si se alimenta puede llegar a ser un gran incendio. Ese incendio de amor, de fraternidad universal que Jesús trajo a la tierra.

Chiara Lubich

1 Palabra de vida, agosto 2001, publicada en la revista Ciudad Nueva nº 379.
2 Lc 3,16.
3 Cf. Hch 2,3.
4 Mt 25,40.

Publicado en Palabra de Vida - Chiara Lubich

Palabra de vida, enero de 2012

Palabra de vida

Enero de 2012

 

 

 

“Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo, donde él está sentado a la derecha de Dios” (Col. 3,1)

Estas palabras, que san Pablo dirige a la comunidad de Colosas, hablan de que existe un mundo donde reina el amor verdadero, la comunión plena, la justicia, la paz, la santidad, la felicidad. Un mundo donde el pecado y la corrupción ya no pueden entrar. Un mundo donde la voluntad del Padre se realiza a la perfección. Es el mundo al que pertenece Jesús. El mundo que él nos abrió de par en par con su resurrección, atravesando la dura prueba de la pasión.

Pablo dice que no sólo estamos llamados, sino que ya pertenecemos a ese mundo. La fe nos dice que mediante el bautismo estamos injertados en él y, por consiguiente, participamos de su vida, de sus dones, de su herencia, de su victoria sobre el pecado y las fuerzas del mal. En efecto, hemos resucitado con él.

Sin embargo, a diferencia de quienes ya han alcanzado la meta, nuestra pertenencia a ese mundo no es plena ni tan evidente y, sobre todo, no es definitiva ni estable. Mientras estamos en esta tierra nos encontramos expuestos a mil peligros, dificultades y tentaciones que pueden hacernos tambalear o frenar nuestro camino y desviarlo hacia metas falsas.

“Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo, donde él está sentado a la derecha de Dios”

 

Se comprende, entonces, la exhortación del apóstol: “busquen los bienes del cielo”. Es decir, traten de salir espiritualmente de este mundo, abandonen las reglas y las pasiones del mundo para dejarse guiar por los pensamientos y los sentimientos de Jesús. En efecto, “las cosas del cielo” significa la ley del Reino que Jesús trajo a la tierra y quiere ver realizada por nosotros desde ahora.

¿Cómo llevar a la práctica esta Palabra? En primer lugar, nos anima a no contentarnos con una vida mediocre, de medias tintas y componendas, y nos impulsa a encaminarla en la ley de Cristo.

Nos invita a vivir y a asumir el compromiso de dar testimonio de los valores que Jesús nos trajo. En algunos casos se tratará del espíritu de concordia y de paz, en otros de servicio a los hermanos, de comprensión y de perdón, de honestidad y justicia, de corrección en el trabajo, de fidelidad, pureza y respeto por la vida.

Como se advierte, la propuesta es tan amplia como la vida, pero para no quedarnos en vaguedades tratemos de poner en práctica la ley que, de alguna manera, sintetiza a todas: reconocer en cada hermano a Cristo y ponernos a su servicio. Por otra parte, ¿no es acaso lo que se nos pedirá al final de nuestra existencia?

Chiara Lubich

 

Publicación mensual del Movimiento de los Focolares

Publicado en Espiritualidad cristiana, Palabra de Vida - Chiara Lubich

PREMIO MADRE TERESA DE CALCUTA A LA MEMORIA DE CHIARA LUBICH

PREMIO MADRE TERESA DE CALCUTA A LA MEMORIA DE CHIARA LUBICH

 

Elogio del Papa a la Iniciativa del Movimiento Pro Vida Europeo

 

 

ROMA, lunes 12 de Diciembre de 2011 ( ZENIT.org ) .- Se Entregó A la memoria de la Fundadora del Movimiento focolar, Chiara Lubich, El Premio Europeo por la Vida “Madre Teresa de Calcuta”. La Ceremonia de entrega tuvo Lugar En El Campidoglio de Roma, El Día Que celebraba El 63 aniversario de la Declaracion Universal de Derechos Humanos de los.

El Acercamiento de ESTAS DOS Figuras Femeninas Extraordinarias – Chiara Lubich (1920-2008) y la beata Teresa de Calcuta (1910-1997) – no es casual. Tanto la Fundadora del Movimiento de los Focolares, de como la de las Misioneras de la Caridad, inauguraron Un Nuevo Modo de entendre la fe en la Segunda Mitad del Siglo XX, y Un Nuevo Acercamiento de las Mujeres la Iglesia Católica una ya la evangelización.

Ambas fuerón also Símbolos en Defensa de la Vida Desde La Concepción Hasta la Muerte natural. El Encuentro Histórico FUE-Muchas veces evocado DURANTE EL debate Que precedió al estilo de entrega del Galardón -, en Florencia Entre Lubich y la Madre Teresa El 17 de mayo de 1986, Con Ocasión del encuentro apuestas iniciales Que Nada La Vida .

Como destacó El presidente del Movimiento por la Vida, Carlo Casini, El Tema de la Dignidad del Hombre – tutelada Por El Tratado de Lisboa-y El Derecho Igualdad un la, convergen Siempre Con El Derecho a la Vida, aunque los dos Primeros párrafo heno de la ONU Consenso Unánime, Mientras Que El Tema del Aborto continua dividiendo al estilo de Opinión Pública y es Objeto de debate.

“En Ninguna de las Declaraciones de los Derechos Humanos Se habla del Derecho a la Vida Su DESDE CONCEPCION HASTA Su Muerte naturales – observó Casini. -De Este Modo, Todo el Conjunto de los Derechos Humanos en sí cae Como un Cuadro Que No encuentra sin clavo Donde colgarse “.

Despues tuvo Lugar La Mesa Redonda Sobre la Dignidad Humana, Igualdad, Derecho a la Vida, moderada Por El director del Diario Católico italiano Avvenire Marco Tarquinio.
Segun Giuliano Amato, presidente del Instituto Enciclopedia Italiana, es necesario resolver numerosas lagunas en El ordenamiento Jurídico de Este País.

Sobre el carisma de Chiara Lubich en sí detuvo, especialmente, El Filósofo de Derecho, Antonio Baggio, Recordando Que la Fundadora del Movimiento de los Focolares tuvo Siempre Una idea de los Derechos Humanos rigurosamente enraizada en El Principio de hermandad Entre Los Hombres y en Su Común Paternidad en Dios.

Lubich, embargo de pecado, de como destacó Vincenzo Buonomo, Docente de Derecho Internacional, era Consciente de la universalidad de los Derechos Humanos, Que segun Su visión, no era Algo Que se definiese Sino Que habia transmitir Que Con La Educación.

La Dificultad en la Difusión de Una Cultura de la Vida, en especial en El ConTexto Europeo, FUE testificada Por Miklos Soltest, Ministro húngaro de Asuntos Sociales y Familia. La aprobación Por El parlamento húngaro de la Introducción de la tutela de la Vida Su DESDE CONCEPCION HASTA Su Muerte natural, en la constitución Magiar, y la Campaña provida Para La Defensa del Embrión, suscitaron fuertes criticas en El Mundo, liberal, en particular, en Bruselas .

No obstante Una Europa que »TIENE COMO Única Ideología la del beneficio y Que Insiste en rechazar las Raíces Cristianas, no podra superar la crisis Nunca ni Económica, ni Mucho Menos la crisis Propia” moral “afirmó El ministro húngaro.

Por Su Parte, El alcalde de Roma Gianni Alemanno anuncio la inminente una dedicación de Chiara Lubich Una calle, destacando la Importancia de los Derechos Humanos, de como arquitrabe de Una globalización no Que Esté fundada en El Mercado El beneficio ni en China Que parta en cartilla Lugar de los Valores.

Recibio El Premio “Madre Teresa de Calcuta” María Voce, actual Presidenta del Movimiento de los Focolares, de Manos del cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio Para La Familia.

El purpurado Recordo Que “la cultura de la muerte y la cultura de la inseparables Son Vida” y Que, en Este Sentido, los Ejemplos Concretos de la Madre Teresa y de Chiara Lubich hijo de Alto Nivel.

Ambas Eran conscientes de Que la Pobreza Más grave era la Ausencia de amor y que »Las Naciones Más Pobres hijo Que las CARECEN del coraje de Acoger Una Vida Más”.

Una Mención especial del Evento hizó Que Benedicto XVI, al final, del Ángelus, Saludo a los Representantes del Movimiento por la Vida llegados a Roma de Toda Europa Con Ocasión de la entrega del Galardón “Madre Teresa de Calcuta”.

“Queridos amigos, En el aniversario de la Declaracion Universal de los Derechos del Hombre, recordemos Que El Primero de Todos ELLOS ES EL Vida de la”, DIJO EL Papa, deseando “todo bien” a las Actividades de los Movimientos provida.

Por Luca Marcolivio

Publicado en Christian Díaz Yepes, Espiritualidad cristiana, Palabra de Vida - Chiara Lubich

7 de diciembre: Aniversario del Movimiento de los Focolares

El 7 de diciembre de 1943, en la vigilis de la fiesta de la Inmaculada Concepción, Chiara Lubich, con tan sólo 23 años, se consagró totalmente a Dios. Así dio inicio a la gran corriente espiritual que pasaría a ser conocida como el Movimiento de los Focolares.

Presentamos un video-homenaje referido al momento de la consagración de Chiara Lubich a Dios.

 

Publicado en Espiritualidad cristiana, Palabra de Vida - Chiara Lubich

Palabra de vida de diciembre 2011

Palabra de vida

Diciembre 2011

 

«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!» (Lc 3,4)

En este tiempo de Adviento, tenemos una nueva «palabra» que estamos invitados a vivir. El evangelista Lucas la toma de Isaías, el profeta de la consolación. Los primeros cristianos aplican esta palabra a Juan el Bautista, que precedió a Jesús.

En este tiempo que antecede a la Navidad, al presentar precisamente al Precursor, la Iglesia nos invita a la alegría, porque el Bautista es como un mensajero que anuncia al Rey que está a punto de llegar. Se acerca el tiempo en que Dios cumple sus promesas, perdona los pecados y da la salvación.

«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!»

Si bien ésta es una palabra de alegría, también es una invitación a orientar de nuevo nuestra existencia, a cambiar radicalmente de vida.

El Bautista invita a preparar el camino del Señor, pero ¿cuál es ese camino?

Antes de salir a vida pública para iniciar su predicación, Jesús, anunciado por el Bautista, pasó por el desierto. Ése fue su camino. En el desierto, donde encontró una profunda intimidad con su Padre, también sufrió tentaciones, y de ese modo se hizo solidario con todos los hombres. Pero salió vencedor de ellas. Es el mismo camino que vemos luego en su muerte y resurrección. Jesús, que recorrió su camino hasta el final, se hace Él mismo «camino» para nosotros, que estamos en camino.

Él mismo es el camino que debemos emprender para poder realizar hasta el fondo nuestra vocación humana, que es entrar en la plena comunión con Dios.

Cada uno de nosotros está llamado a preparar el camino a Jesús, que quiere entrar en nuestra vida. Para ello es necesario enderezar las sendas de nuestra existencia de manera que Él pueda venir a nosotros.

Es necesario prepararle el camino, eliminando los obstáculos uno a uno: los que pone nuestro modo limitado de ver las cosas, nuestra débil voluntad.

Hay que tener el valor de elegir entre un camino nuestro y su camino para nosotros, entre nuestra voluntad y su voluntad, entre un plan que nosotros queremos y el que su amor omnipotente ha pensado.

Y una vez tomada esta decisión, trabajemos para adecuar nuestra voluntad recalcitrante a la suya.

¿Cómo? Los cristianos realizados nos enseñan un método bueno, práctico e inteligente: ya, ahora.

En cada momento, quitemos una piedra tras otra para que en nosotros ya no viva nuestra voluntad, sino la suya.

Así habremos vivido la Palabra:

«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!»

Chiara Lubich

Publicado en Palabra de Vida - Chiara Lubich

La oración de la espera en Dios

«Jesús, Hazme hablar siempre como si fuese la última palabra que digo. 
Hazme actuar siempre como si fuese la última acción que hago.
Hazme sufrir siempre como si fuese el último sufrimiento que tengo para ofrecerte.
Hazme rezar siempre como si fuese la última posibilidad que tengo aquí en la tierra de conversar contigo».
Chiara Lubich