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La Palabra de la Virgen: Toda ella Palabra

La Palabra de la Virgen: Toda ella Palabra

Sábado 8 de septiembre:  Natividad de la Santísima Virgen María

María es un monumento de caridad,
maestra de todas las virtudes.
Es nuestro modelo.

¡Nunca podremos imaginar
lo grande que es María!
Está toda revestida
de la Palabra de Dios.

Aquél “conservaba todas las Palabras
en su corazón ” (cf. Sal. 119,11)
significa que las vivía.
María era totalmente la Palabra,
sólo la Palabra.

Ser la Palabra viva
significa revivir en la tierra a María.

Si, al tratar de amar,
el amor se hace recíproco,
Cristo reina entre dos o más.
De esa manera logramos dar
a Jesús al mundo, espiritualmente,
como María lo dio físicamente

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La Palabra de la Virgen: Aurora del mundo nuevo

La Palabra de la Virgen: Aurora del mundo nuevo

Sábado 21 del tiempo ordinario

 

“Oh María, aurora del mundo nuevo, Madre de los vivientes, a Ti confiamos la causa de la vida: mira, Madre, el número inmenso de niños a quienes se impide nacer, de pobres a quienes se hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida.”

 

Juan Pablo II

Evangelium vitae

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La Palabra de la Virgen: Engrandecer a Dios

La Palabra de la Virgen: Engrandecer a Dios

Sábado 20 del tiempo ordinario

María fue elevada al cielo en cuerpo y alma: en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre. Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros: «He aquí a tu madre». En el cielo tenemos una madre. El cielo está abierto; el cielo tiene un corazón.

Cuando María proclama el Magníficat dice: mi alma «engrandece» al Señor, es decir, proclama que el Señor es grande. María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo de que Dios sea un «competidor» en nuestra vida, de que con su grandeza pueda quitarnos algo de nuestra libertad, de nuestro espacio vital. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande: precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios.

Benedicto XVI – Catequesis del 15/08/2005

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La Palabra de la Virgen: María, guardiana de la libertad y la igualdad

María, guardiana de la libertad y la igualdad


Para una madre, los hijos son sencillamente hijos, antes y más allá de sus tareas y roles; para María los miembros de Cristo son sencillamente el hijo suyo, ése que fue aceptado al pie de la cruz (cf Jn 19, 26), antes y más allá de lo que tendrán que hacer en la distinción de sus tareas, en y para la Iglesia.
Diría que en María resplandece el ser en su pureza, de donde brota el hacer – la multiplicidad en el obrar –, pero que, como el ser, no se agota en las obras ni se identifica en ellas.
Ella, con el Padre, es la guardiana de la libertad y de la igualdad dentro del pueblo de Dios. (…) Igualdad que no es aplastamiento porque tiene su fuente en la vida trinitaria, donde cada uno de los Tres es el Único y, por lo tanto, igual a los Otros Dos, pero en una existencia irrepetible.

Giuseppe Maria Zanghí
Dio che è Amore
Città Nuova, Roma 20043, pp. 139.141

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La Palabra de María: Al estilo de María

La Palabra de María: Al estilo de María

Sábado 17 del tiempo ordinario

¿Existe un punto en el cual, la forma de vida de Dios, el estilo de vida del sacerdote y el estilo de vida de la Iglesia de hacen visibles como en un signo, en un modelo? La respuesta es: María (…)
Para el sacerdote, este mirar a María es algo particularmente importante. Él puede aprender de ella algo que, de ese modo, no puede aprender de ningún otro: la superioridad del ser, de lo que se realiza en la calma silente, sobre la acción, de la fidelidad a la llamada sobre los propios proyectos e iniciativas. Porque María, en sí misma, es “nada”, la nada del amor que recibe y acoge todo, ella sin perderse ni desperdigarse se hace todo para todos.
Ella está allí donde el sacerdote tiene su puesto: ante la cruz de su Hijo, en el cual el amor (…) se abandono y se entrega a nosotros, para convertirse, para nosotros los hombres, en estilo y contenido de vida, para convertirse para nosotros hombres salvación.
Klaus Hemmerle
Scelto per gli uomini
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La Palabra de María: Dar la luz

La Palabra de María: Dar la luz

Sábado 16 del tiempo ordinario

A pesar de todas las contradicciones, resistencias y oposiciones, hay sed de Dios y nosotros tenemos la hermosa vocación de ayudar, de iluminar. Esta es nuestra aventura. Ciertamente, hay muchas cosas imprevisibles, muchas complicaciones, muchos sufrimientos, y todo lo demás. Pero también la Virgen, en el momento del anuncio, sabía que ante ella había un camino desconocido y, conociendo las profecías del Siervo de Dios, conociendo la sagrada Escritura, podía calcular que habría también muchos sufrimientos en ese camino. Pero creyó en la palabra del ángel: no temas, porque al final Dios es más fuerte; no temas ni siquiera la cruz, todos los sufrimientos, porque al final Dios nos guía, y también estos sufrimientos ayudan a llegar a la plenitud de la luz.
Cursiva
Benedicto XVI
A los seminaristas del Seminario Romano
1 de febrero de 2008
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La Palabra de María: La nueva familia

La Palabra de María: La nueva familia

Sábado 15 del tiempo ordinario

 

La maternidad de María, que comenzó con el fiat de Nazaret, culmina bajo la cruz. Si es verdad, como observa san Anselmo, que “desde el momento del fiat María comenzó a llevarnos a todos en su seno”, la vocación y misión materna de la Virgen con respecto a los creyentes en Cristo comenzó efectivamente cuando Cristo le dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26).

Viendo desde lo alto de la cruz a su Madre y a su lado al discípulo amado, Cristo agonizante reconoció la primicia de la nueva familia que había venido a formar en el mundo, el germen de la Iglesia y de la nueva humanidad. Por eso, se dirigió a María llamándola “mujer” y no “madre”; término que sin embargo utilizó al encomendarla al discípulo: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 27).

El Hijo de Dios cumplió así su misión: nacido de la Virgen para compartir en todo, excepto en el pecado, nuestra condición humana, en el momento de regresar al Padre dejó en el mundo el sacramento de la unidad del género humano: la familia “congregada por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Benedicto XVI
Homilía en Éfeso
29 de noviembre de 2006

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La Palabra de María: La Iglesia es mujer

La Palabra de María: La Iglesia es mujer

 

La Iglesia no es un aparato, no es una institución. Ella es Mujer. Es madre. Es viviente.
La comprensión mariana de la Iglesia es el más fuerte y decisivo contraste con un concepto de Iglesia puramente organizativo o burocrático. Nosotros no podemos hacer la Iglesia, nosotros debemos ser la Iglesia… Y sólamente siendo marianos llegamos a ser Iglesia.
En los orígenes, la Iglesia… nació cuando el “fiat” emergió en el alma de María. Es éste el deseo más profundo del Concilio: que la Iglesia reviva en nuestras almas. María nos indica el camino.
CARD. JOSEPH RATZINGER
Die Ekklesiologie des Zweiten Vatikanus