PALABRA DE VIDA DE NOVIEMBRE

PALABRA DE VIDA DEL MES DE NOVIEMBRE

 

Queridos amigos,

¿Cómo han pasado el mes de octubre? ¿Qué tan bien hemos vividos todas esas oportunidades de “echar las redes”, inspirados por la Palabra del mes?

Ahora iniciamos noviembre, un mes que se abre con la hermosísima festividad de Todos los Santos, la cual llena de esperanza nuestras vidas que buscan a Dios y nos hacen asumir con renovado empeño nuestro camino a la santidad. No dejemos que las tergiversaciones de un mundo sinsentido nos confundan a la hora de celebrar esta fiesta. Mañana, día 2, recordaremos con esperanza y amor a todos nuestros difuntos, para los cuales pedimos que puedan ya contemplar la gloria de Dios nuestro Padre.

Durante el mes de noviembre las lecturas diarias nos irán acercando a las realidades últimas de la vida: la Eternidad, el Juicio de Dios, el Cielo. Así concluiremos este Año Litúrgico en que hemos venido leyendo -¡Y viviendo!- el Evangelio de Marcos. Estamos en  buen tiempo para apresurarnos en completar lo que aún pueda estar faltando en nuestra viviencia continua de la Palabra de Dios. Llegaremos a final de este tiempo diciendo: ¡Lo logramos, Señor, lo logramos contigo!.

 

Ahora compartimos algunas EXPERIENCIAS tratando de practicar la Palabra de Vida de octubre “en tu Palabra, echaré las redes”:

  • La semana pasada y esta, cuando sonaba el despertador, era cuando mejor y más profundamente estaba durmiendo; así que, saludo al Señor, y recordando la PdV, le digo: “patada a la sábana es el modo de echar las redes, así que… ¡en tu Palabra…!, y sin remolonear”. ¡Y empezaba con alegría verdadera la jornada! Estos dos meses y medio he tratado de “vencerme” en varias cosas. Y, gracias a Dios, muy bien. Estos días, en cambio, me venía la tentación de “flojear”, el cansancio… Pero, de nuevo, el recordar la PdV me ha hecho tratar de no perder altura en el vuelo. Me encuentro contento y en paz, ¡y sabiendo que no me puedo fiar de mí mismo, sino de Él!

 

  • …a veces me cuesta mucho trabajo pedir algún permiso, y cuando lo hago, me pongo muy nervioso, porque no sé cómo decirlo. En esta ocasión quería asistir a una conferencia sobre el amor humano en Juan Pablo II. Entonces me acordé de la palabra de Vida, y dije: “Señor, en tu nombre echaré las redes y, si no sale para delante, es que no es tu voluntad”; así que me dirigí a mi jefe y dije directamente lo que quería. El inconveniente es que perdía una hora de clase, además de alguna otra actividad…, pero no pedía nada imposible porque otros compañeros ya lo habían hecho antes. La respuesta fue negativa… pero el Señor supo colmar mi deseo por sus caminos: la clase que me hubiera perdido, me resultó bellísima; y por otro lado, el Señor me puso el texto de la conferencia en mis manos… ¡¡directamente de las del ponente…!!

 

  • La semana pasada empecé con un grupo reducido de catequesis, que van a recibir la formación para, en el año próximo, si Dios quiere, entren en la comunidad, ¡¡¡qué ilusión!!! Cuando me lo comentó el párroco, pensé en todas las dificultades que conllevaba: ¿yo, dar catequesis?; yo, que cada día descubro algo nuevo (Jesús todo lo hace nuevo, cada día, cada hora, cada segundo); yo, que no soy ejemplo de nada, ni testimonio, ¿cómo hacerlo? Se me venían a la cabeza las palabras de Pedro: “apártate de mí que soy un pecador”; pero después venían las otras de Jesús: “no te preocupes, Pedro, yo os haré pescadores de hombres”. Es verdad: uno debe confiarse en el Señor, “echar las redes”, a pesar de sus limitaciones, o mejor dicho, por ellas debemos echar las redes, abandonándonos en Él, confiar en Él. Tantas veces uso mi lógica en vez de pensar que el Señor tiene una lógica distinta, nueva, radical, bella. Al final la catequesis fue hermosa, ¡cuántos adjetivos me salen!, ¡qué momentos viví con esos pequeños! Como siempre que dudo de mis posibilidades, debo ponerme en manos de Dios, para quien “nada es imposible”, y al final Él me da el ciento por uno. Sólo puedo dar gracias al Señor…

Y ahora la Palabra de Vida…

 

PALABRA DE VIDA – noviembre 2012

 

«Respondió Jesús y le dijo:

“el que me ama guardará mi palabra,

y mi Padre lo amará,

y vendremos a él y haremos morada en él”»

(Jn 14, 23).

 

Jesús está dirigiendo a los discípulos sus importantes e intensas palabras de despedida y, entre otras cosas, les asegura que lo volverán a ver porque se manifestará a quienes lo aman.

Judas, no el Iscariote, le pregunta por qué se manifestará a ellos y no en público. El discípulo deseaba una gran manifestación externa de Jesús que pudiera cambiar la historia y ser más útil, según él, para la salvación del mundo. Los apóstoles pensaban que Jesús era el profeta tan esperado de los últimos tiempos, el cual aparecería revelándose a la vista de todos como el Rey de Israel y, poniéndose al frente del pueblo de Dios, instauraría definitivamente el Reino del Señor.

Jesús, en cambio, contesta que su manifestación no sería ni espectacular ni externa. Sería una sencilla, extraordinaria “venida” de la Trinidad al corazón del fiel, que se hace realidad donde hay fe y amor.

Con esta respuesta Jesús precisa de qué modo Él permanecerá presente entre los suyos después de su muerte y explica cómo será posible tener contacto con Él.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

Así pues, su presencia se puede realizar ya desde ahora en los cristianos y en medio de la comunidad; no es necesario esperar al futuro. El templo que la acoge no es tanto el que está hecho de paredes, sino el corazón mismo del cristiano, que se convierte así en el nuevo sagrario, en la morada viva de la Trinidad.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

Pero ¿cómo el cristiano puede llegar a tanto? ¿Cómo ser portador de Dios mismo? ¿Cuál es el camino para entrar en esta profunda comunión con Él?

Es el amor a Jesús.

Un amor que no es mero sentimentalismo, sino que se traduce en vida concreta y, de un modo más preciso, en guardar su Palabra.

A este amor del cristiano, verificado por los hechos, Dios responde con su amor: la Trinidad viene a habitar en él.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

…guardará mi palabra”. Y ¿cuáles son las palabras que el cristiano está llamado a guardar?

En el Evangelio de Juan, “mis palabras” son muchas veces sinónimo de “mis mandamientos”. El cristiano, por lo tanto, está llamado a cumplir los mandamientos de Jesús. Pero éstos no se deben entender como un catálogo de leyes. Es necesario, más bien, verlos todos sintetizados en lo que Jesús quiso mostrar con el lavatorio de los pies: el mandamiento del amor recíproco. Dios pide a cada cristiano que ame al otro hasta la donación completa de sí mismo, como Jesús ha enseñado y ha hecho.

 

«Respondió Jesús y le dijo: “el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”».

 

Y entonces, ¿cómo vivir bien esta Palabra? ¿Cómo llegar hasta el punto en que el Padre mismo nos ame y la Trinidad habite en nosotros?

Poniendo en práctica con todo nuestro corazón, con radicalidad y perseverancia el amor recíproco entre nosotros.

En esto, principalmente, el cristiano encuentra también el camino de esta profunda ascética cristiana que el Crucificado exige de él. Es precisamente el amor recíproco el que hace que florezcan en su corazón las distintas virtudes y es con él como se puede corresponder a la llamada a la propia santificación.

Chiara Lubich

 

¿Cómo se reza el rosario?

¿Cómo se reza el rosario?

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El Rosario, oración que alcanza maravillas, ha sido instrumento de espiritualidad para los cristianos a través de los siglos. Esta oración mental y vocal al mismo tiempo nos alcanza paz y unión con Dios. A través de la intercesión de la Virgen María conseguimos de Dios las gracias necesarias para realizar sus designios con fuerza y esperanza.

Este 7 de octubre no dejemos de rezar el rosario personalmente, en familia, con los amigos, ofreciendo a Dios cada dificultad y sacrificio. Nuestra espiritualidad bien vivida será la mayor contribución para conseguir una sociedad de paz y justicia.

 

Para rezar el Rosario:

1- Se hace la señal de la Cruz
2- Se reza el Credo o el Acto de Contrición
3- Se anuncia el Misterio que corresponda
(Ver los Misterios más abajo)
El enunciado de cada Misterio no debe ser un simple anuncio, sino que esa escena de la vida de Jesús y/o de la Sagrada Familia y/o de la Virgen, debe servir para meditar sobre ese hecho que nos relata la Biblia, sacando enseñanzas de cada una de ellos para nuestra vida espiritual. Esa meditación puede hacerse:
– en silencio antes de comenzar las oraciones de cada decena
– si se reza el rosario en grupo, puede hacerse en voz alta.
– meditando mientras se van repitiendo las Ave Marías.
4- Se reza el Padre Nuestro, 10 Ave Marías y
el Gloria .
5- Luego de las 5 decenas, se reza en las
cuentas separadas, un Padre Nuestro, tres Ave
Marías y la Salve.

Oraciones

La señal de la Cruz: En el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

El Credo: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del
Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Acto de Contrición: Jesús, mi Señor y Redentor,yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno.
Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna, Amén.

Padre Nuestro: Padre Nuestro, que estás encielo, santificado sea Tu nombre; venga a nosotros Tu reinohágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada díaperdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentacióny líbranos del mal. Amén.

El Ave María Dios te salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora, y en la hora de nuestra muerte. Amén.

El Gloria: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

La Salve: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues Señora. Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce siempre Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

Misterios del rosario:

Puede rezarse una serie por día o todas las series que quisiéramos en un solo día

Misterios Gozosos (lunes y sábado)

1. La encarnación del Hijo de Dios.

2. La visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.

3. El nacimiento del Hijo de Dios.

4. La Presentación del Señor Jesús en el templo.

5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.

Misterios Dolorosos (martes y viernes)

1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní.

2. La Flagelación del Señor.

3. La Coronación de espinas.

4. El Camino del Monte Calvario cargando la Cruz.

5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

Misterios Gloriosos (miércoles y domingo)

1. La Resurrección del Señor.

2. La Ascensión del Señor.

3. La Venida del Espíritu Santo.

4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.

5. La Coronación de la Santísima Virgen.

Misterios Luminosos (jueves)

1. El Bautismo en el Jordán.

2. La autorrevelación en las bodas de Caná.

3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.

4. La Transfiguración.

5. La Institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.

Necesitamos santos

Necesitamos santos

Necesitamos santos sin velo, ni sotana.

Necesitamos santos con jeans y zapatillas.

Necesitamos santos que vayan al cine, que escuchen música, que caminen con sus amigos.

Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar y que sean lanzados en sus universidades.

Necesitamos santos que tengan tiempo diario para la oración y que sepan enamorarse de la pureza y la castidad o que se consagren a su castidad.

Necesitamos santos modernos, santos del siglo XXI con una espiritualidad que encaje en nuestro tiempo.

Necesitamos santos comprometidos con los pobres, y con los necesarios cambios sociales.

Necesitamos santos que vivan en el mundo, que se santifiquen en el mundo, que no tengan miedo de vivir en el mundo.

Necesitamos santos que tomen Coca-Cola y coman hot-dogs, que sean actuales.

Necesitamos santos que amen apasionadamente la Eucaristía y que no tengan vergüenza de tomar una cerveza o comer una pizza un fin de semana con los amigos.

Necesitamos santos que les guste el cine, la música.

Necesitamos santos sociables, abiertos, normales, amables, alegres, compañeros.

Necesitamos santos que estén en el mundo y que sepan saborear las cosas puras, buenas, y no las mundanas.”

 

S.S. Juan Pablo II

Chiara Lubich. Salud, descanso, deporte.

Chiara Lubich. Salud, descanso, deporte.


En el verano del hemisferio norte, un aspecto de la vida de Chiara Lubich, contado por Eli Folonari en el libro: La partitura escrita en el cielo

En este libro-entrevista editado por Cittá Nuova, Eli Folonari, que vivió al lado de Chiara por más de 50 años, cuenta algunos detalles de su vida, tal vez desconocidos por la mayoría. Presentamos aquí un resumen.

¿Qué valor le daba Chiara a la salud, al descanso, al deporte?

Ella llevó siempre una vida llena de compromisos y no exenta de dificultades, porque su Ideal era una novedad también para la Iglesia. Una intensa vida espiritual no puede no reflejarse también en el físico. Por sí misma, por lo tanto, hizo la experiencia de que la salud, este bien que Dios nos dio, se debe defender, y que también el cuerpo tiene su necesidad de descanso y de tiempo libre. Quería que todos cuidasen el aspecto de la alimentación, las horas de sueño, las terapias….

De vez en cuando interrumpía el trabajo que la ocupaba e invitaba: “Vamos a dar un paseo por el jardín”, por un cuarto de hora o por media hora. Luego continuaba trabajando.

Le gustaba la montaña, más que el mar….

Sí, aunque a veces, cuando estábamos en Roma, íbamos a Torvajanica, Ostia, Fregene. Para ella el mar no significaba mucho descanso. Sin embargo, un día –me parece en Rimini- hizo esta observación: “El mar da un sentido de infinito, mientras que la montaña limita. Sin embargo, – agregó- la montaña conduce hacia lo alto”. Prefería la montaña. Chiara recordaba cuando subió a la Paganella con su papá, o cuando, apenas estaban fuera de Trento, se detenía bajo un pino y hacía coloquios con una o con otra de sus primeras compañeras.

¿Le gustaba hacer caminatas?

Caminaba más que todas nosotras, al principio eran largas. La hernia de disco que tuvo en 1973 le vino, porque tomando un atajo, bajó por un sendero muy ríspido y sinuoso.

¿Y remar?

No, ella no era para el agua, como buena trentina. Aunque, durante las vacaciones en Suiza, las largas y lindas excursiones en yate por el lago de Ginebra o de Brienz eran una ocasión para decir a sus primeros compañeros “cosas hermosas”…!

El auto, ¿era motivo de descanso para ella?

Sí, el auto le significaba descanso. Pero a menudo en el auto trabajaba, escribía o leía.

¿Cómo descansaba en el ritmo cotidiano?

Raramente escuchaba música o hacía alguna lectura recreativa. Más bien veía en la tv alguna película, no solo de temas religiosos, sino también de género policial: el Inspector Derrick, el Teniente Columbo…. O también, en la tv le gustaba ver algún evento deportivo. No era hincha de ningún cuadro especial: pero sabía distinguir quién jugaba bien y quién jugaba mal.

Organizaba también momentos recreativos.

Sí, como llevaba una vida muy intensa, con los primeros compañeros y las primeras compañeras le gustaba de vez en cuando pasar juntos algún momento recreativo que era también para ella un tanto…. comprometedor. De repente decía: “Vienen algunas personas a almorzar, hacemos dos horas de tertulia, preparen ustedes alguna cosa”. Y entonces mientras Doni trataba de recordar bromas, yo me encargaba de buscar en las relaciones alguna anécdota recreativa

¿Una comida preferida?

Le gustaba el fiambre y la pasta. No era entusiasta de la carne o el pescado, ni de comidas muy elaboradas. Prefería cosas simples como las papas, por ejemplo. Su madre contaba que desde que era pequeñita, no sabía casi hablar, pero sabía decir “pa-ta-ta” (papa). También le gustaban los helados.

Chiara, desde muy jovencita, como se lee también en sus diarios, tuvo presente la idea de la muerte. Y esto la impulsaba a vivir más intensamente el momento presente como preparación para la otra vida.

Sí, estaba impulsada a vivir con más intensidad. En las cartas de los primeros tiempos el “leit motiv” era siempre el mismo: todo pasa, la vida es breve y tenemos poco tiempo. Chiara escribía a su mamá: “Si yo tuviese que morir, continúa tu mi Ideal”

Extraido de “Lo spartito scritto in cielo. Cinquant’anni con Chiara Lubich, Giulia Eli Folonari, Città Nuova Editrice 2012

Dios, antes que el sacerdocio: Peter Bundschuh

Dios, antes que el sacerdocio:

Peter Bundschuh (1942 – 7 de julio de 1966)

Peter Bundschuh, joven suizo del cantón de Zúrich, de rica personalidad, sensible e inteligente, en los años ’60 fue uno de los primeros gens, la generación nueva de jóvenes seminaristas adherentes a la espiritualidad de los Focolares.

El encuentro con el ideal de Chiara Lubich tuvo lugar cuando Peter estaba ya en el seminario de Zúrich. Intrigado por el carisma descubierto, decide dejar su ciudad natal para transcurrir algunos meses en Italia, en la ciudadela internacional de Loppiano, para transcurrir un período de reflexión y profundización en la Espiritualidad de la unidad, en ese ‘taller’ de Evangelio vivido que se estaba desarrollando, precisamente en esos años (1965- 1966), en medio de las colinas toscanas.

La experiencia vivida en esos años determina un vuelco fundamental en la vida de Peter y en la elección de su vocación. En especial, en un encuentro realizado cerca de Roma –para seminaristas interesados en conocer mejor el Movimiento de los Focolares- queda impresionado por las palabras dichas por el Padre Silvano Cola –uno de los primeros sacerdotes focolarinos– quien hablando a los seminaristas de Anagni, les decía que no podían tener como Ideal de sus vidas el ser sacerdotes, al menos por el hecho de que podían morir antes de llegar a serlo…”. “fue así que también yo entendí que sólo Dios tenía que ser el único Ideal para mí”.

El 4 de julio del ’66, Chiara dirige un saludo a los habitantes de la ciudadela naciente y, entre otras cosas dice: “Nunca vayan donde nadie –aunque fuera un santo-, para pedir. Siempre vayan donde todos para dar. Si ustedes permanecen en esta línea experimentarán cuan auténticas son las palabras de Evangelio que dicen: ‘hay más alegría en el dar que en el recibir’ (Hch. 20,35) y estarán siempre en la alegría si todos se hacen santos”.

Peter queda fuertemente impresionado y, siempre desde Loppiano, escribe a Chiara: “La única cosa importante para mí es Dios. Quiero vivir por Él (…) Dispuesto a vivir en la ciudad o en el seminario, en Europa o donde sea, para dar mi aporte a la superación de toda división”.

De hecho Dios – aunque Peter se había preparado escrupulosamente durante años para ser sacerdote y estaba listo-, tenía en sus planes llamarlo a sí con 24 años, precisamente pocos días antes de su ordenación, en un gravísimo accidente de tránsito.

Uno de los dos focolarinos que viajaban con Peter ese 7 de julio de 1966, confirma su total adhesión a esas palabras de Chiara: “Estando en la parte de atrás del automóvil volcado y por lo tanto más libre de moverse, Peter todavía tiene tiempo para de tratar de ayudar a los demás, antes de que otro carro que llegaba lo atropellara. ¡Realmente amó hasta el final!”

Un gens, aun en medio de la conmoción, reflexionando sobre el hecho de que Peter estaba listo para la ordenación sacerdotal, afirmó: “Peter no falló. Nada –y mucho menos la muerte- podía impedirle llegar a Dios, su único Ideal”.

Como signo de reconocimiento por su auténtica vida cristiana, que lo llevó a elegir a Dios por encima de todo bien, incluso del sacerdocio, Chiara lo propuso como ‘protector’ de los gens de todo el mundo.

Quienes curan son ‘reservas de amor’

Quienes curan son ‘reservas de amor’

Palabras de Benedicto XVI en el Ángelus

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 1 julio 2012 (ZENIT.org).- A las 12 horas de hoy, Benedicto XVI se asomó a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro. Ofrecemos las palabras del papa al introducir la oración mariana.

*****

Queridos hermanos y hermanas:

Este domingo, el evangelista Marcos nos presenta la historia de dos curaciones milagrosas que Jesús realiza en favor de dos mujeres: la hija de uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y una mujer que sufría de hemorragia (cf. Mc. 5,21-43). Son dos episodios en los que hay dos niveles de lectura; aquel puramente físico: Jesús se acerca hasta el sufrimiento humano y cura el cuerpo; y aquel espiritual: Jesús vino a sanar el corazón del hombre, para dar la salvación y pide fe en Él.

En el primer episodio, ante la noticia de que la hija de Jairo ha muerto, Jesús le dice al jefe de la sinagoga: “No temas; solamente ten fe” (v. 36), lo lleva con él donde estaba la niña y exclama: “Muchacha, a ti te digo, levántate” (v. 41). Y esta se levantó y se puso a caminar. San Jerónimo decía estas palabras, haciendo hincapié en el poder salvífico de Jesús: “Niña, levántate hacia mí: no por tu mérito, sino por mi gracia. Álzate por mi: el hecho de ser curada no depende de tu virtud” (Omelie sul Vangelo di Marco, 3).

El segundo episodio, el de la mujer con hemorragia, volverá a poner en evidencia cómo Jesús vino a liberar al ser humano en su totalidad. En efecto, el milagro se lleva a cabo en dos fases: en la primera se da la curación física, que está estrechamente relacionada con la curación más profunda, aquella que da la gracia de Dios a quien se abre a Él con fe. Jesús le dice a la mujer: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad” (Mc. 5,34). Estas dos historias de curación son una invitación para nosotros, a fin de superar una visión puramente horizontal y materialista de la vida. A Dios le pedimos tantas curaciones de problemas, de necesidades concretas, y es justo, pero lo que debemos pedir con insistencia es una fe más segura, para que el Señor renueve nuestra vida, y una firme confianza en su amor, en su providencia que no nos abandona.

Jesús, que está atento al sufrimiento humano, nos hace pensar a todos aquellos que ayudan a los enfermos a llevar su cruz, en particular los médicos, los operadores sanitarios y cuantos aseguran la asistencia religiosa en las casas o asilos. Se trata de “reservas de amor”, que llevan serenidad y esperanza a los que sufren. En la encíclica Deus caritas est, he observado que, en este valioso servicio, en primer lugar se necesita la competencia profesional –que es la primera necesidad–, pero esta por sí sola no es suficiente. Se trata, de hecho, de seres humanos, que tienen necesidad de humanidad y de la atención del corazón. “Por eso, dichos agentes, además de la preparación profesional, necesitan también y sobre todo una «formación del corazón»: se les ha de guiar hacia ese encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro” (n. 31).

Pidámosle a la Virgen María que acompañe nuestro camino de fe y nuestro compromiso de amor concreto, especialmente a los más necesitados, mientras invocamos su maternal intercesión por nuestros hermanos que viven el sufrimiento en el cuerpo o en el espíritu.

Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.

©Librería Editorial Vaticana

La Palabra del domingo: Vida en abundancia

La Palabra del domingo: Vida en abundancia

Domingo XIII del tiempo ordinario

† Lectura del santo

Evangelio según san

Marcos (5, 21-43)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia:

“Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”. Jesús se fue con él y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó:

“¿Quién ha tocado mi manto?”

Sus discípulos le contestaron:

“Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’ ” Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad.

Jesús la tranquilizó,diciendo:

“Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste:

“Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:

“No temas. Basta que tengas fe”. No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo:

“¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida”.

Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: “¡Talita kum!”, que significa: “¡Oyeme, niña, levántate!” La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Comentario:

La niña había perdido la vida y a la mujer se le iba con el flujo que no cesaba. A los doce años la niña veía truncada la libertad de su infancia, mientras que la mujer perdía su dignidad con una patología que la dejaba fuera de la relación con los demás. A una y a otra Jesús les asiste con el portento que les devuelve a la vida en plenitud, pero sobre todo con la posibilidad de darle una respuesta personal de fe.

El Evangelio de hoy se dirige hacia esta respuesta de personal adhesión y confianza que lleva a la vida en plenitud. Jairo cree en Jesús hasta el punto de desafiar a la muerte como sentencia última para su hija; la hemorroísa recibe el trato y la respuesta personal de Jesús junto con el milagro que le devuelve su dignidad. Así nos enseña hoy la Palabra de Dios que la plenitud de nuestra vida sólo la podemos alcanzar a partir de la vivencia de la fe hasta sus últimas consecuencias. La audacia de Jairo y de esta mujer nos hablan de cómo debemos depositar una confianza tal en el Señor que desafíe todo obstáculo y toda oposición.

En este domingo conviene preguntarnos:

¿Vivo una fe sólida y audaz, capaz de desafiar toda dificultad?

¿Es tan auténtica mi fe que ella me llena de vida y libertad o tengo una fe adormecida, que no me da vida a mí ni a nadie a mi alrededor? 

 

Lectio Divina del Domingo 15 de abril de 2012

Lectio Divina del Domingo 15 de abril de 2012

Segundo Domingo de Pascua

Descarga en PDF: Lectio Divina del Domingo 15 de abril de 2012

Aparece Jesús resucitado para vencer el miedo y el encierro de los suyos. No los había llamado para esconderse ni cerrarse al mundo, al contrario, los envía para comunicar la Buena Nueva de su vida en plenitud. Por eso después de su muerte afrentosa en la Cruz, Él debe mostrarse a ellos vivo y glorificado. Así llena sus corazones de alegría y los convierte en auténticos testigos de las maravillas que Dios es capaz de hacer. A nosotros nos presenta también hoy este mensaje para que nuestras vidas se llenen de sentido y no temamos en anunciarle a todos.

1.     Lectura (Lectio)

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos

de los Apóstoles (4, 32-35)

La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.

Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 117

La misericordia del Señor

es eterna. Aleluya.

Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”. Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”. Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”.

La misericordia del Señor

es eterna. Aleluya.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho. Me castigó, me castigó el Señor; pero no me abandonó a la muerte.

La misericordia del Señor

es eterna. Aleluya.

La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. Este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo.

La misericordia del Señor

es eterna. Aleluya.

 

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del

apóstol san Juan (5, 1-6)

Queridos hermanos:

Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios, en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios.

Jesucristo es el que se manifestó por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Tomás, tú crees porque me has visto. Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor.

Aleluya.

† Lectura del santo Evangelio

según san Juan (20, 19-31)

Gloria a ti, Señor.

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:

“La paz esté con ustedes”.

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús:

“La paz esté con ustedes.

Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló

sobre ellos y les dijo:

“Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían:

“Hemos visto al Señor”.

Pero él les contestó:

“Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo:

“La paz esté con ustedes”.

Luego le dijo a Tomás:

“Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”

Jesús añadió:

“Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

 

2.     Meditación (Meditatio)

Aparece Jesús resucitado para vencer el miedo y el encierro de los suyos. No los había llamado para esconderse ni cerrarse al mundo, al contrario, los envía para comunicar la Buena Nueva de su vida en plenitud. Por eso después de su muerte afrentosa en la Cruz, Él debe mostrarse a ellos vivo y glorificado. Así llena sus corazones de alegría y los convierte en auténticos testigos de las maravillas que Dios es capaz de hacer. A nosotros nos presenta también hoy este mensaje para que nuestras vidas se llenen de sentido y no temamos en anunciarle a todos.

Después del Viernes Santo, con su carga de odio y ensañamiento que culmina con el ajusticiamiento de Jesús en la Cruz, los discípulos quedan desalentados. Además de todo tienen miedo ¿Correrán la misma suerte de su Maestro? No son capaces de recordar las palabras de Jesús cuando les había anunciado su muerte y resurrección. En vez de estar abiertos a la esperanza, están encerrados por el miedo. ¿Y dónde está Tomás? Quién sabe, quizá deambula sin sentido, quizá busca un refugio más recóndito o una manera de escapar de la ciudad y salvar su vida. Como sea, él es imagen de la dispersión interior y exterior que van experimentando los discípulos.

La aparición de Jesús resucitado cambia todo este panorama. El día después del sábado, Él pasa más allá de los cerrojos del miedo y se hace presente en medio de los suyos, les enseña las manos y el costado y les ofrece la paz: El mundo ha sido reconciliado con Dios por su sacrifico en la cruz. Ya no hay más nada que temer. Los poderes del mal y de la muerte no podrán contra los hijos de la luz. La muerte está vencida, la alegría se desborda.

Los discípulos necesitaban ver y tocar, por eso Jesús les muestra las heridas de su martirio, que permanecen como pruebas de amor después de su resurrección. Sin embargo, Tomás no ha podido ver estas pruebas. ¿Puede acaso confiar en el testimonio de los demás discípulos, tan desacreditados por su comportamiento previo y por su miedo? Él necesita su propia experiencia, porque la fe puede comunicarse, mas no transferirse: Él puede escuchar los testimonios de los demás, pero necesita vivir su propio encuentro con el Resucitado.

Cristo no tardará en ofrecérselo: una semana después –tiempo suficiente para que Tomás reflexione y atesore un inmenso deseo por encontrar de nuevo a su Maestro- Él aparece. Tomás profesa su fe y recibe unas palabras del Señor que se dirigen también a nosotros hoy: “Felices los que creen sin haber visto”.

La Palabra de este domingo nos habla de la necesidad que también nosotros tenemos de entrar en contacto con Jesús resucitado. Nuestra fe no es el recuerdo de un pasado: es actual y se manifiesta en la vivencia coherente que también nosotros tengamos. ¿Qué nos enseña todo esto? ¿Qué clase de discípulos seremos: los quejumbrosos, llenos de miedo, anclados a un pasado fracasado? ¿Seremos como Tomás, que primero se aparta de la Iglesia naciente y pierde así la oportunidad de encontrarse con Jesús? ¿Nos quedaremos encerrados en nuestros propios criterios y faltas de solidaridad?

3.     Oración (Oratio)

Oremos con las palabras de san Agustín:

Señor y Dios nuestro,

nuestra única esperanza,

no permitas que dejemos de buscarte por cansancio,

sino que te busquemos siempre

con renovada ilusión.

 

Tú, que hiciste que te encontráramos

y nos inculcaste ese afán por sumergidos

más y más en ti,

danos fuerza para continuar en ello.

 

Mira que ante ti están nuestras fuerzas

y nuestra debilidad.

Conserva aquellas, cura ésta.

Mira que ante ti están nuestros conocimientos

y nuestra ignorancia.

 

Allí donde nos abriste,

acógenos cuando entremos.

Y allí donde nos cerraste

ábrenos cuando llamemos.

 

Haz que nos acordemos de ti,

que te comprendamos,

que te amemos.

 

Acrecienta en nosotros estos dones

hasta que nos trasformemos completamente

en nuevas criaturas.

 

 

4.     Contemplación (Contemplatio)

En la paz de tu corazón, adora al Señor. Repítele varias veces: “Señor mío y Dios mío”

5.     Acción

¿Cómo pondré en práctica esta Palabra durante esta semana? ¿Qué me invita a cambiar en mi propia vida?

6.     Compartir

¿Cómo comunicaré este mensaje a los demás¡ ¿Qué puedo hacer para que muchos más se encuentren con Cristo resucitado?

© Padre Christian Díaz Yepes, 2012.

SER DISCÍPULO DE CRISTO ES SER SU AMIGO ÍNTIMO

LA LECCIÓN DEL APÓSTOL JUAN, SER DISCÍPULO DE CRISTO ES SER SU AMIGO ÍNTIMO

Benedicto XVI medita sobre la figura del Discípulo Amado

 

San Juan
Benedicto XVI Medita en la audiencia general sobre «el discípulo predilecto»

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 5 julio 2006 (ZENIT.org)

El apóstol Juan enseña a los cristianos que ser discípulo de Cristosignifica ser su amigo íntimo, explicó este miércoles Benedicto XVI.

El Papa presentó a los 25.000 peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano con motivo de la audiencia general «una lección importante para nuestra vida» dejada por «el discípulo predilecto» de Jesús.

«El Señor desea hacer de cada uno de nosotros un discípulo que vive una amistad personal con Él. Para realizar esto no es suficiente seguirle y escucharle exteriormente; es necesario también vivir con Él y como Él», explicó el pontífice.

«Esto sólo es posible en el contexto de una relación de gran familiaridad,penetrada por el calor de una confianza total», añadió al continuar con la serie de meditaciones que está ofreciendo sobre los doce apóstoles y los orígenes de la Iglesia.

«Es lo que sucede entre amigos –insistió–: por este motivo, Jesús dijo un día: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos… No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”».

San Juan
San Juan

Juan formó siempre parte el grupo restringido –formado por Pedro y por su hermanoSantiago— que acompañaba a Jesús en momentos decisivos de su vida terrena: como la transfiguración o la oración en el Huerto de los Olivos antes de la pasión. En la Última Cena reclinó su cabeza sobre el pecho deJesús, según narra el cuarto Evangelio.

Después, tras la resurrección se convirtió en testigo tanto de la tumba vacía como de la misma presencia del Resucitado al aparecerse a los discípulos que habían vuelto a pescar.

Al ser juzgado ante el Sanedrín, junto aPedro, responderá: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído».

«Esta franqueza para confesar su propia fe –constató el obispo de Roma— queda como un ejemplo y una advertencia para todos nosotros para que estemos dispuestos a declarar con decisión nuestra inquebrantable adhesión a Cristo, anteponiendo la fe a todo cálculo humano o interés.

La tradición asegura que murió siendo anciano, bajo el emperador Trajano, en Éfeso, que hoy se encuentra en Turquía.

Por este motivo, goza de gran veneración entre los cristianos de Oriente, que en sus iconos le presentan «en intensa contemplación, con la actitud de quien invita al silencio».

«De hecho –concluyó el Papa–, sin un adecuado recogimiento no es posible acercarse al misterio supremo de Dios y a su revelación».

«Que el Señor nos ayude a ponernos en la escuela de Juan para aprender la gran lección del amor de manera que nos sintamos amados por Cristo “hasta el final” y gastemos nuestra vida por Él», afirmó.

Lectio Divina de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo (Papa Benedicto XVI)

Lectio Divina de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

(Papa Benedicto XVI)

 

El Greco: “Natividad”

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta

Isaías (9, 1-3. 5-6)

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció. Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría.

Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, como se alegran al repartirse el botín. Porque tú quebrantaste su pesado yugo, la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano, como en el día deMadián.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será:

“Consejero admirable”, “Dios poderoso”, “Padre sempiterno”, “Príncipe de la paz”; para extender el principado con una paz sin límites sobre el trono de David y sobre su reino; para establecerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre. El celo del Señor lo realizará.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 95

Hoy nos ha nacido el Salvador.

Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra; cantemos al Señor y bendigámoslo.

Hoy nos ha nacido

el Salvador.

Proclamemos su amor día tras día, su grandeza anunciemos a los pueblos; de nación en nación, sus maravillas.

Hoy nos ha nacido

el Salvador.

Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino. Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo.

Hoy nos ha nacido

el Salvador.

Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.

Hoy nos ha nacido el Salvador.

 

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol

san Pablo a Tito (2, 11-14)

Querido hermano:

La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza.

El se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Les anuncio una gran alegría: Hoy nos ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor.

Aleluya.

 

Evangelio

 

† Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (2, 1-14)

Gloria a ti, Señor.

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo:

hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Homilía del Papa Benedicto XVI (Noche del 24-12-1011)

 

Queridos hermanos y hermanas La lectura que acabamos de escuchar, tomada de la Carta de san Pablo Apóstol a Tito, comienza solemnemente con la palabra apparuit, que también encontramos en la lectura de la Misa de la aurora: apparuit ha aparecido. Esta es una palabra programática, con la cual la Iglesia quiere expresar de manera sintética la esencia de la Navidad.

Antes, los hombres habían hablado y creado imágenes humanas de Dios de muchas maneras. Dios mismo había hablado a los hombres de diferentes modos (cf. Hb 1,1: Lectura de la Misa del día).

Pero ahora ha sucedido algo más: Él ha aparecido. Se ha mostrado. Ha salido de la luz inaccesible en la que habita. Él mismo ha venido entre nosotros. Para la Iglesia antigua, esta era la gran alegría de la Navidad: Dios se ha manifestado. Ya no es sólo una idea, algo que se ha de intuir a partir de las palabras.

Él “ha aparecido”. Pero ahora nos preguntamos: ¿Cómo ha aparecido? ¿Quién es él realmente? La lectura de la Misa de la aurora dice a este respecto: “Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre” (Tt 3,4).

Para los hombres de la época precristiana, que ante los horrores y las contradicciones del mundo temían que Dios no fuera bueno del todo, sino que podría ser sin duda también cruel y arbitrario, esto era una verdadera “epifanía”, la gran luz que se nos ha aparecido: Dios es pura bondad. Y también hoy, quienes ya no son capaces de reconocer a Dios en la fe se preguntan si el último poder que funda y sostiene el mundo es verdaderamente bueno, o si acaso el mal es tan potente y originario como el bien y lo bello, que en algunos momentos luminosos encontramos en nuestro cosmos.

“Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre”: ésta es una nueva y consoladora certidumbre que se nos da en Navidad. En las tres misas de Navidad, la liturgia cita un pasaje del libro del profeta Isaías, que describe más concretamente aún la epifanía que se produjo en Navidad: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre perpetuo, Príncipe de la paz. Para dilatar el principado con una paz sin límites” (Is 9,5s). No sabemos si el profeta pensaba con esta palabra en algún niño nacido en su época. Pero parece imposible. Este es el único texto en el Antiguo Testamento en el que se dice de un niño, de un ser humano, que su nombre será Dios fuerte, Padre para siempre. Nos encontramos ante una visión que va, mucho más allá del momento histórico, hacia algo misterioso que pertenece al futuro.

Un niño, en toda su debilidad, es Dios poderoso. Un niño, en toda su indigencia y dependencia, es Padre perpetuo. Y la paz será “sin límites”. El profeta se había referido antes a esto hablando de “una luz grande” y, a propósito de la paz venidera, había dicho que la vara del opresor, la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serían pasto del fuego (cf. Is 9,1.3-4). Dios se ha manifestado. Lo ha hecho como niño. Precisamente así se contrapone a toda violencia y lleva un mensaje que es paz.

En este momento en que el mundo está constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras; en el que siempre hay de nuevo varas del opresor y túnicas ensangrentadas, clamemos al Señor: Tú, el Dios poderoso, has venido como niño y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencerá. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz.

Amamos tu ser niño, tu no-violencia, pero sufrimos porque la violencia continúa en el mundo, y por eso también te rogamos: Demuestra tu poder, ¡oh Dios! En este nuestro tiempo, en este mundo nuestro, haz que las varas del opresor, las túnicas llenas de sangre y las botas estrepitosas de los soldados sean arrojadas al fuego, de manera que tu paz venza en este mundo nuestro. La Navidad es Epifanía: la manifestación de Dios y de su gran luz en un niño que ha nacido para nosotros.

Nacido en un establo en Belén, no en los palacios de los reyes. Cuando Francisco de Asís celebró la Navidad en Grec cio, en 1223, con un buey y una mula y un pesebre con paja, se hizo visible una nueva dimensión del misterio de la Navidad. Francisco de Asís llamó a la Navidad “la fiesta de las fiestas” más que todas las demás solemnidades y la celebró con “inefable fervor” (2 Celano, 199: Fonti Francescane, 787). Besaba con gran devoción las imágenes del Niño Jesús y balbuceaba palabras de dulzura como hacen los niños, nos dice Tomás de Celano (ibíd.).

Para la Iglesia antigua, la fiesta de las fiestas era la Pascua: en la resurrección, Cristo había abatido las puertas de la muerte y, de este modo, había cambiado radicalmente el mundo: había creado para el hombre un lugar en Dios mismo. Pues bien, Francisco no ha cambiado, no ha querido cambiar esta jerarquía objetiva de las fiestas, la estructura interna de la fe con su centro en el misterio pascual. Sin embargo, por él y por su manera de creer, ha sucedido algo nuevo: Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva. Este ser hombre por parte de Dios se le hizo del todo evidente en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre. La resurrección presupone la encarnación.

El Hijo de Dios como niño, como un verdadero hijo de hombre, es lo que conmovió profundamente el corazón del Santo de Asís, transformando la fe en amor. “Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre”: esta frase de san Pablo adquiría así una hondura del todo nueva. En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón.

Todo eso no tiene nada de sensiblería. Precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jesús se revela el gran misterio de la fe. Francisco amaba a Jesús, al niño, porque en este ser niño se le hizo clara la humildad de Dios. Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor. La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios, que nos invita a la humildad y a la sencillez. Roguemos al Señor que nos ayude a atravesar con la mirada las fachadas deslumbrantes de este tiempo hasta encontrar detrás de ellas al niño en el establo de Belén, para descubrir así la verdadera alegría y la verdadera luz.

Francisco hacía celebrar la santa Eucaristía sobre el pesebre que estaba entre el buey y la mula (cf. 1 Celano, 85: Fonti, 469). Posteriormente, sobre este pesebre se construyó un altar para que, allí dónde un tiempo los animales comían paja, los hombres pudieran ahora recibir, para la salvación del alma y del cuerpo, la carne del Cordero inmaculado, Jesucristo, como relata Celano (cf. 1 Celano, 87: Fonti, 471). En la Noche santa de Greccio, Francisco cantaba personalmente en cuanto diácono con voz sonora el Evangelio de Navidad. Gracias a los espléndidos cantos navideños de los frailes, la celebración parecía toda una explosión de alegría (cf. 1 Celano, 85 y 86: Fonti, 469 y 470). Precisamente el encuentro con la humildad de Dios se transformaba en alegría: su bondad crea la verdadera fiesta.

Quien quiere entrar hoy en la iglesia de la Natividad de Jesús, en Belén, descubre que el portal, que un tiempo tenía cinco metros y medio de altura, y por el que los emperadores y los califas entraban al edificio, ha sido en gran parte tapiado. Ha quedado solamente una pequeña abertura de un metro y medio.

La intención fue probablemente proteger mejor la iglesia contra eventuales asaltos pero, sobre todo, evitar que se entrara a caballo en la casa de Dios. Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse. Me parece que en eso se manifiesta una cercanía más profunda, de la cual queremos dejarnos conmover en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón “ilustrada”.

Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver. Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido. Celebremos así la liturgia de esta Noche santa y renunciemos a la obsesión por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo.

Y pidamos también en esta hora ante todo por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en el dolor, en la condición de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo. Amén.

PREMIO MADRE TERESA DE CALCUTA A LA MEMORIA DE CHIARA LUBICH

PREMIO MADRE TERESA DE CALCUTA A LA MEMORIA DE CHIARA LUBICH

 

Elogio del Papa a la Iniciativa del Movimiento Pro Vida Europeo

 

 

ROMA, lunes 12 de Diciembre de 2011 ( ZENIT.org ) .- Se Entregó A la memoria de la Fundadora del Movimiento focolar, Chiara Lubich, El Premio Europeo por la Vida “Madre Teresa de Calcuta”. La Ceremonia de entrega tuvo Lugar En El Campidoglio de Roma, El Día Que celebraba El 63 aniversario de la Declaracion Universal de Derechos Humanos de los.

El Acercamiento de ESTAS DOS Figuras Femeninas Extraordinarias – Chiara Lubich (1920-2008) y la beata Teresa de Calcuta (1910-1997) – no es casual. Tanto la Fundadora del Movimiento de los Focolares, de como la de las Misioneras de la Caridad, inauguraron Un Nuevo Modo de entendre la fe en la Segunda Mitad del Siglo XX, y Un Nuevo Acercamiento de las Mujeres la Iglesia Católica una ya la evangelización.

Ambas fuerón also Símbolos en Defensa de la Vida Desde La Concepción Hasta la Muerte natural. El Encuentro Histórico FUE-Muchas veces evocado DURANTE EL debate Que precedió al estilo de entrega del Galardón -, en Florencia Entre Lubich y la Madre Teresa El 17 de mayo de 1986, Con Ocasión del encuentro apuestas iniciales Que Nada La Vida .

Como destacó El presidente del Movimiento por la Vida, Carlo Casini, El Tema de la Dignidad del Hombre – tutelada Por El Tratado de Lisboa-y El Derecho Igualdad un la, convergen Siempre Con El Derecho a la Vida, aunque los dos Primeros párrafo heno de la ONU Consenso Unánime, Mientras Que El Tema del Aborto continua dividiendo al estilo de Opinión Pública y es Objeto de debate.

“En Ninguna de las Declaraciones de los Derechos Humanos Se habla del Derecho a la Vida Su DESDE CONCEPCION HASTA Su Muerte naturales – observó Casini. -De Este Modo, Todo el Conjunto de los Derechos Humanos en sí cae Como un Cuadro Que No encuentra sin clavo Donde colgarse “.

Despues tuvo Lugar La Mesa Redonda Sobre la Dignidad Humana, Igualdad, Derecho a la Vida, moderada Por El director del Diario Católico italiano Avvenire Marco Tarquinio.
Segun Giuliano Amato, presidente del Instituto Enciclopedia Italiana, es necesario resolver numerosas lagunas en El ordenamiento Jurídico de Este País.

Sobre el carisma de Chiara Lubich en sí detuvo, especialmente, El Filósofo de Derecho, Antonio Baggio, Recordando Que la Fundadora del Movimiento de los Focolares tuvo Siempre Una idea de los Derechos Humanos rigurosamente enraizada en El Principio de hermandad Entre Los Hombres y en Su Común Paternidad en Dios.

Lubich, embargo de pecado, de como destacó Vincenzo Buonomo, Docente de Derecho Internacional, era Consciente de la universalidad de los Derechos Humanos, Que segun Su visión, no era Algo Que se definiese Sino Que habia transmitir Que Con La Educación.

La Dificultad en la Difusión de Una Cultura de la Vida, en especial en El ConTexto Europeo, FUE testificada Por Miklos Soltest, Ministro húngaro de Asuntos Sociales y Familia. La aprobación Por El parlamento húngaro de la Introducción de la tutela de la Vida Su DESDE CONCEPCION HASTA Su Muerte natural, en la constitución Magiar, y la Campaña provida Para La Defensa del Embrión, suscitaron fuertes criticas en El Mundo, liberal, en particular, en Bruselas .

No obstante Una Europa que »TIENE COMO Única Ideología la del beneficio y Que Insiste en rechazar las Raíces Cristianas, no podra superar la crisis Nunca ni Económica, ni Mucho Menos la crisis Propia” moral “afirmó El ministro húngaro.

Por Su Parte, El alcalde de Roma Gianni Alemanno anuncio la inminente una dedicación de Chiara Lubich Una calle, destacando la Importancia de los Derechos Humanos, de como arquitrabe de Una globalización no Que Esté fundada en El Mercado El beneficio ni en China Que parta en cartilla Lugar de los Valores.

Recibio El Premio “Madre Teresa de Calcuta” María Voce, actual Presidenta del Movimiento de los Focolares, de Manos del cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio Para La Familia.

El purpurado Recordo Que “la cultura de la muerte y la cultura de la inseparables Son Vida” y Que, en Este Sentido, los Ejemplos Concretos de la Madre Teresa y de Chiara Lubich hijo de Alto Nivel.

Ambas Eran conscientes de Que la Pobreza Más grave era la Ausencia de amor y que »Las Naciones Más Pobres hijo Que las CARECEN del coraje de Acoger Una Vida Más”.

Una Mención especial del Evento hizó Que Benedicto XVI, al final, del Ángelus, Saludo a los Representantes del Movimiento por la Vida llegados a Roma de Toda Europa Con Ocasión de la entrega del Galardón “Madre Teresa de Calcuta”.

“Queridos amigos, En el aniversario de la Declaracion Universal de los Derechos del Hombre, recordemos Que El Primero de Todos ELLOS ES EL Vida de la”, DIJO EL Papa, deseando “todo bien” a las Actividades de los Movimientos provida.

Por Luca Marcolivio

La Palabra de hoy: “Hágase en mí”

La Palabra de hoy: “Hágase en mí”

8 de diciembre: Inmaculada Concepción de María

 

† Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (1, 26-38)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no

tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco

virgen?” El ángel le contestó:

“El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó:

“Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Comentario:

 

“Hágase en mí”, responde María desde su pureza. “Hágase en mí” estamos llamados a responder desde nuestra llamada a la santidad. En María inmaculada la gracia le antecedía; en nosotros viene en el momento presente y se proyecta hacia un futuro de plenitud. En la pureza de ella la nuestra obtiene esperanza; en su respuesta a Dios encontramos un modelo para reponder también nosotros de manera afirmativa a nuestra vocación.

Imitemos hoy a María en su docilidad a los planes de Dios, en la apertura confiada a Él y en su total entrega.

¿Cómo puedo decir hoy SÍ al Señor?

7 de diciembre: Aniversario del Movimiento de los Focolares

El 7 de diciembre de 1943, en la vigilis de la fiesta de la Inmaculada Concepción, Chiara Lubich, con tan sólo 23 años, se consagró totalmente a Dios. Así dio inicio a la gran corriente espiritual que pasaría a ser conocida como el Movimiento de los Focolares.

Presentamos un video-homenaje referido al momento de la consagración de Chiara Lubich a Dios.

 

Palabra de vida de diciembre 2011

Palabra de vida

Diciembre 2011

 

«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!» (Lc 3,4)

En este tiempo de Adviento, tenemos una nueva «palabra» que estamos invitados a vivir. El evangelista Lucas la toma de Isaías, el profeta de la consolación. Los primeros cristianos aplican esta palabra a Juan el Bautista, que precedió a Jesús.

En este tiempo que antecede a la Navidad, al presentar precisamente al Precursor, la Iglesia nos invita a la alegría, porque el Bautista es como un mensajero que anuncia al Rey que está a punto de llegar. Se acerca el tiempo en que Dios cumple sus promesas, perdona los pecados y da la salvación.

«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!»

Si bien ésta es una palabra de alegría, también es una invitación a orientar de nuevo nuestra existencia, a cambiar radicalmente de vida.

El Bautista invita a preparar el camino del Señor, pero ¿cuál es ese camino?

Antes de salir a vida pública para iniciar su predicación, Jesús, anunciado por el Bautista, pasó por el desierto. Ése fue su camino. En el desierto, donde encontró una profunda intimidad con su Padre, también sufrió tentaciones, y de ese modo se hizo solidario con todos los hombres. Pero salió vencedor de ellas. Es el mismo camino que vemos luego en su muerte y resurrección. Jesús, que recorrió su camino hasta el final, se hace Él mismo «camino» para nosotros, que estamos en camino.

Él mismo es el camino que debemos emprender para poder realizar hasta el fondo nuestra vocación humana, que es entrar en la plena comunión con Dios.

Cada uno de nosotros está llamado a preparar el camino a Jesús, que quiere entrar en nuestra vida. Para ello es necesario enderezar las sendas de nuestra existencia de manera que Él pueda venir a nosotros.

Es necesario prepararle el camino, eliminando los obstáculos uno a uno: los que pone nuestro modo limitado de ver las cosas, nuestra débil voluntad.

Hay que tener el valor de elegir entre un camino nuestro y su camino para nosotros, entre nuestra voluntad y su voluntad, entre un plan que nosotros queremos y el que su amor omnipotente ha pensado.

Y una vez tomada esta decisión, trabajemos para adecuar nuestra voluntad recalcitrante a la suya.

¿Cómo? Los cristianos realizados nos enseñan un método bueno, práctico e inteligente: ya, ahora.

En cada momento, quitemos una piedra tras otra para que en nosotros ya no viva nuestra voluntad, sino la suya.

Así habremos vivido la Palabra:

«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!»

Chiara Lubich