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El encuentro

El encuentro

Mi  testimonio

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Hace exactamente la mitad de mi vida yo la había vivido al máximo y ya me esperaba muy poco de ella. Entonces la infinita Gabriela Kizer, mi profesora en la UCV, de alguna forma me dijo que no tuviera miedo de buscar la verdad donde fuera y que leyera el evangelio de Juan. Me impactó que me lo dijera una mujer como ella . Ese día llegué a casa y busqué aprisa aquel texo.

-Recuerda que no es cualquier libro- Me advirtió mi madre- A diferencia del resto de lo que lees, el personaje del que se habla allí está vivo. Como no entenderás muchas cosas, pregúntaselas, y te responderá.

Yo fingí no prestarle atención. Pero una vez solo ante esas páginas, seguí su consejo. Fue mi primera lectura orante de la Biblia.

“Y el Logos se hizo carne y puso su tienda entre nosotros” (Jn 1, 14).

Desde hacía tiempo Elizabeth Schön me animaba  a buscar el Logos: verdad y sentido, belleza y amor. ¿Heráclito o Parménides? ¿Plotino, Agustín, Lao-Tze o Heidegger?. Ya no sabía dónde más buscar.

Montejo me había dicho que me dejara sostener por la palabra en un mundo que se cae.

Era 1998 y muchas cosas empezaban a caer en nuestro país.

Yo me aferraba a las palabras como un malabarista. Acababa de escribir “Las Ruedas” y me esperaba desde allí alguna respuesta. Pero no llegaba.

Crucé puentes y océanos. El Sena derrapó en el Hudson. Conocí el falso amor, el poder y la gloria de este mundo. Todo sabía a agua derramada.

“El viento sopla donde quiere y escuchas su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que nace del Espíritu” (Jn 3, 8).

Quise nacer de nuevo. Lo pedí y así me fue concedido.

“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 31).

En varios días con sus noches leí y pregunté sin descanso. Las respuestas venían en torrente. Lo compartí con Daniel Esparza, entonces mi compañero de la tierradenadie, de montañas y de Sabana Grande. Ambos fuimos seducidos porel Verbo desatado.

Había sido encontrado por el Logos. Me hablaba. Me amaba.

Era la verdad. Hasta entonces la buscaba como algo. Era Alguien. La escrutaba en letras muertas. Era la Palabra. Viva.

Desde entonces me ha hecho gustar el mejor vino, me ha ofrecido su pan. He sido samaritana y rabino clandestino, ciego de nacimiento y adúltera perdonada, río de agua viva, vid aferrada al sarmiento y puerta abierta del redil. Ha lavado mucho más que mis pies. Me ha dado su Espíritu. Me ha recostado en sus pecho para aprender sus pulsaciones. La he visto morir en una cruz, ser traspasada por la lanza. He perdido y reencontrado toda esperanza. Me ha confiado a su madre. Una y otra vez he corrido a su tumba vacía. Me ha perdonado y me ha llamado a su seguimiento. Me ha hecho fuego, barro, pan partido y cordero.

Me ha hecho descubrir quién soy.

Soy su discípulo. Quizá el más pequeño, mas amado.

Y cuando no le he sido fiel, me ha vuelto a despertar.

La verdad tuya y mía. La que nos recorre. Ésa desde la que te puedo ver y dejarte ser tú mismo.

En esta segunda mitad de mi vida, un día tras otro vuelvo a esas páginas y siempre me son nuevas. Nunca han cesado de hablar.

Hoy es la primera vez que escribo explícitamente sobre ello. Si no lo hiciera, no abriría la nueva página de mi vida.

Su tienda está entre nosotros. En nuestra carne.

Sigo entrando de puntillas para habitarla.

Christian Díaz Yepes

27/12/16

fiesta de san Juan evangelista, el discípulo amado.

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etty_hillesum

“Ahora me toca a mí seguir excavando para buscar a Dios en el corazón de cada hombre en cualquier lugar en que me encuentre sobre esta tierra”

Hetty Hillesum

(+Auschwitz, 1943)

 

hemmerle

“Es necesario excavar en el hombre hasta encontrar a Dios

y excavar en Dios hasta encontrar al hombre”

Klaus Hemmerle

(Aachen, 1994)

 

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