“No temerás la peste que se desliza en las tinieblas”

Queridos amigos, ante la gravísima situación que estamos viviendo por la actual pandemia, hemos de estar informados de las instrucciones que nos van dando desde el Arzobispado de Madrid. Copio el comunicado de nuestro Cardenal Arzobispo. https://www.archimadrid.org/index.php/arzobispo/cartas/332-otras-cartas/9036307-dios-es-nuestra-esperanza-el-coronavirus-en-madrid-protejamos-la-salud-de-todos

También recomiendo la lectura de estos dos artículos certeros e inspirados. El primero, de un sacerdote y el segundo, de un periodista:

http://www.dcjm.org/es/

https://www.actuall.com/laicismo/lo-que-el-coronavirus-nos-puede-ensenar/

Aquí los medios y horarios para seguir la Santa Misa desde casa (aunque de momento en España los templos siguen abiertos y se continúa celebrando la misa en los horarios habituales):

Meditación del domingo: Más allá

Los discípulos se preguntaban qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos porque era inimaginable el destino del Maestro. Sin embargo, para prevenir el escándalo que les causaría su muerte en la cruz, Dios les da un adelanto de la glorificación que  recibiría Jesús. Esto es la transfiguración.

Para Dios no hay sacrificio sin gloria, porque no hay lucha sin recompensa. El odio del mundo no puede tener la última palabra sobre los que siguen la voluntad divina.

Cristo lleva hacia lo alto a quienes ama para mostrarle su identidad más profunda: luz y gloria. El Padre confirma una vez más que él es el Hijo Amado a quien hay que escuchar. Su llamada es también para nosotros: busquemos las cosas de arriba, donde está el Señor. Quedemos así cada vez más impregnados de su realidad que nos envuelve.

Porque también nosotros podemos experimentar muchos adelantos de la glorificación que Dios quiere otorgarnos: cada vez que vivimos en el amor, cada vez que entramos en diálogo con Él en la oración. No desperdiciemos estos momentos de luz que Él nos ofrece y que ellos nos den fuerza para superar cada oscuridad en esta vida.

Baja el sol tan adentro cada tarde.

Allá los montes

siguiendo su mensaje,

le cantan.

¿Hacia dónde tus pasos

cuando se nos abre el cielo?

Aquí la tarde

y este sol que pone casa en el centro del pecho.

Junto a ti

es siempre el silencio

quien tiene la última palabra.

Paso a tu paso

ha sido tan claro nuestro andar.

La borrasca

dentro de cada uno encuentra calma,

y nuestros labios se cierran

para escuchar el corazón.

¿Hacia dónde la mirada de aquel

que corre tras el sol

en su último destello?

Dichosos los que encuentran en ti su fuerza

al emprender su santo viaje.

Tan cerca

nos has abierto el cielo en la hora

de perdernos en su noche.

Y así nunca te irás,

tan presente y tan acá,

padre, amigo, hermano.

Meditación del domingo: La hora decisiva

Meditación del domingo: La hora decisiva

08

       Aparece el Tentador cuando más en serio te estás tomando la lucha y el camino de tu vida. Él te ha rondado y ha sabido esperar el momento del ataque. Llega cuando decaen tus fuerzas y tus primeras necesidades te piden atención:

“Si eres hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en pan”.

Si eres…”. Con toda la sospecha e insidia de ese condicional. El golpe va directo a tu ser, a tu verdad más auténtica. Esa de la que quiere que dudes o que trates de aferrar a cualquier precio.

Pero no puede venderse a cualquier precio la verdad, sino que todo lo demás ha de venderse por ella. Por eso, tú no te vendas. No entregues a buen mercado el ser que te ha sido dado y no puedes rebajar. Que no solo de la carne vive el hombre, sino de eso más sublime y eterno que aspiras alcanzar.

Insistirá el Tentador: “si eres hijo de Dios, lánzate desde esta altura que nada te pasará”.

Nuevamente la duda, mucho mayor la mentira. Usa y abusa de lo que eres y lo que tienes, te dirá. Insistirá en que algo bueno sacarás, que los demás reconocerán tu valía y así podrás hacer o valer más.

En ese momento has de recordar que tú no eres lo que opine mundo sobre ti, sino quien Dios te dice que eres: “Tú eres mi hijo amado. En ti me complazco” (Lc 3, 22). Sostente en esa palabra al filo de cualquier abismo que te puedas encontrar, sin condicionales ni comparativos. Sin necesidad de demostrar, pretender o avasallar. Vencerás así la inestabilidad de la duda sostenido en la firmeza de lo cierto.

Pero el tentador no descansará. Después de moverte a buscarte la vida por ti mismo o en lo que puedas sacar de los demás, te dirá que la busques en él. Padre de la mentira y confusión te dirá que es él quien domina este mundo, que las cosas son así y te tienes que plegar. Hará que tus ideales parezcan inalcanzables y que sólo puedes lograr algo si te rindes a él. Que Dios se ha marchado muy lejos o que muchos aspectos de tu vida quedan fuera de su mirada.

Será la prueba decisiva: ¿a quién has de adorar?

Entonces, con la fuerza de su gracia, tendrás que jugártelo  todo. Todo lo que eres y todo lo que quieres seguir siendo. Todo lo tuyo y todo lo que ha de llegar a serlo. Todo lo que das y todo cuanto has de amar. Así, sin hacer mucho caso de su insinuación ni pensártelo dos veces, pasa de largo y recuérdale que estás dispuesto a jugarte todo lo tuyo, pero no te juegas lo que es de Dios. Y lo suyo es el amor y la adoración que quiere ofrecerle este hombre que ha decidido vivir como su hijo.

Meditación del domingo: esa perla

Meditación del domingo: esa perla

 

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Quien encuentra esta perla

es como el navegante frente al mar y al viento nuevo.

 

Brilla en los ojos del sembrador

sorprendido por el fruto insospechado.

 

Quien encuentra esta perla

emprende cualquier locura para ganarla.

suelta las redes de sus luchas

y se lanza tras su gozo secreto.

 

 

Pero no basta con encontrar la perla

 

El sembrador esparce el grano y sólo algunos germinan.

Las aves regresan cada primavera

sabiendo que volverá el otoño y la partida.

 

Muchos pudieran hallar el tesoro y no descubrir su secreto.

 

Tantos recorren el mismo camino

sin detenerse en sus misterios.

 

El murmullo de la perla apenas puede contar

sobre los soles y los mares.

Pero sabe traer a tierra el rumor de la hondura

y habla en su silencio sobre el gozo

de allá adentro.

 

Así nos mueve a no dejar nunca de ir a lo más íntimo

para aprender a brillar.

 

Meditación del domingo: Importa, vaya que importa

Importa, vaya que importa

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            Te dicen que poco importa, que es normal porque todo el mundo lo hace.

            No todo el mundo, créeme. Y aunque así fuera, ha bastado un solo hombre distinto al mundo para cambiar por entero el mundo.

Es él quien hoy te mira a los ojos y descubre en ti esa sombra que oscurece tu ser:

“Yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 28).

            Porque detrás de ese deseo se encuentra una llamada mayor. Esa más alta, sublime y fuerte que nos da la respuesta que toda persona anhela: el amor. Si no descubres ese misterio detrás del deseo de lo que aparece ante tus ojos, yerras y ahogas tu verdadero ser.

            Porque eres y estás sobre esta tierra para el amor. El amor  que fuerte es como la muerte y te da la vida porque ha vencido la muerte con el derroche de la Vida. Por eso, no enturbies tu mirada. Llénate de vida:

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz. Pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!” (Mt 6, 22-23).

             Vaya que importa mucho lo que para muchos poco importa. Porque son esos los que poco importan, cegados por la pasión sin amor.

            ¿Has intentado mirar distinto a ellos?

            Mira primero dentro de ti, donde la verdad late como golpeteo de buena nueva a tu puerta. Atiéndela, mantente en diálogo con ella. Entonces la mirada de tus ojos irá más allá de lo que seduce con formas y artificios pasajeros. Momento a momento percibirás esa misma verdad en lo que cada persona oculta, no para devoralo con ojos rapaces, sino para ser rescatado por quien ha aprendido a ser fiel a lo auténtico.

             De esto se trata amar. No de coartar tu atracción por lo bello, sino que tu corazón se ensanche en fortaleza y reverencia ante la belleza verdadera, esa que salva al mundo.

          Todo comienza allí, en esa libertad y grandeza sobre ti mismo. En ser capaz de percibir en tu interior esa respuesta que anhelas y compartirla sin mezquindad con cada persona en quien también percibes su reflejo.

           Entonces, llegará el momento en que tu corazón saltará por la que Dios ha pensado para ti: una mujer o una vida totalmente entregada a Él. Lo sabrás porque empezarás a mirar distinto. Más aún, empezarás a ser distinto. Sabrás que es tu llamada porque ella sacará lo mejor de ti, como nada más hasta entonces. Podrás mostrarte como quien eres, libre y fuerte en tu verdad.

           Con esa fuerza, lucharás por conquistar tu meta, sin pensar en lo duro del esfuerzo ni en lo pequeño que puedas sentirte. Pero si ya has encontrado tu llamada y has respondido, has de continuar reavivando la gracia que te hizo seguirla en un momento, con la serena alegría de haber fijado tus ojos en lo que sí te pertenece. Vuelve una y otra vez a ese amor primero que puede hacerte un hombre nuevo cuanto más le seas leal. Pero si has llegado a fallarle, no tardes en volverte a levantar, pues ante Dios siempre podrás reparar y cubrir todo con un renovado amor.  Así te mantendrás en el gozo de haber sabido guardar tu mirada, tu corazón y toda tu vida para poder ofrecerla. Y alcanzarás esa plenitud que es la meta de tu anhelo, ese al que habrás sido fiel.

 

 

 

 

 

Lectio de vida: salto a la eternidad

Salto a la eternidad

picardo

Jesús nos presenta el reino de Dios desde la pequeñez de una semilla. Esta nos habla de lo silencioso, imperceptible, pero lleno de la potencia de la vida. Así nos revela al Dios pequeño, al Dios de lo pequeño y al Dios de los pequeños…

Dios pequeño porque es el Inmenso que se hace pequeña palabra, pequeño niño en el pesebre, pequeño pan en el altar, el último de los condenados que muere en una cruz. En él no cabe la prepotencia, sino que viene a nosotros desde la humildad en que hemos de ser capaces de reconocerlo. Desde allí nos hace dar el salto hasta el cielo.

Dios de lo pequeño porque para encontrarlo no tenemos que remontarnos más allá de los cielos ni emprender grandes proezas: Él está en lo cotidiano, en el hermano que pasa a nuestro lado, en lo escondido de nuestro corazón.
Y es el Dios de los pequeños porque se resiste a los soberbios para dejarse encontrar por los sencillos de corazón. Es el Resucitado que se aparece al pequeño germen de los apóstoles para hacer de ellos el gran árbol de la Iglesia. Es el que hoy susurra a tu corazón y te comunica esta buena noticia.

Son las cosas de Jesús, para quien lo más grande es lo más sencillo. Los pequeños detalles, los que importan porque revelan la profundidad del corazón. Es el único que podía señalar el comienzo de lo eterno apenas en la pequeñez de una semilla. La vida de cada día como un salto hasta lo eterno.

 
El vuelo del águila va tan alto, tan alto
es su anhelo por tocar
el rumor de las lámparas del cenit.
Los abismos
dejan de ser sombra,
aletean
más que auroras.

¿Qué encuentra el ave en este vuelo?
¿Hasta dónde
la conduce el viento como aliento?
¿Se alzará más allá del valle si aquel soplo
la levanta más adentro?

Un grito hace vuelo y se sumerge
con placer de océano hasta las costas lejanas.
Descubre
un surco abierto por el río que apacienta
su correr hasta el mar eterno, mar adentro.

Como vino que se ofrece para amar
el caudal trae piedras, hojas
y trae la semilla como carbón para la hoguera.
El fruto de plata y fuego y oro para brillar,
cristal para mostrar
y para morder marfil.
Fruto insospechado,
anhelo,
inesperable joya hijo del viento sol
y de la tierra expectante,
virgen y madre.

Como la viña que del verde estalla
en racimos escarlata y exulta,
borbotea
el fruto contenido
en los ramos que se abrazan
y se pierden en el verde, negro, escarlata y el águila
venida de lo alto.

Arriba sigue soplando el viento.

 

 

 

Lectio de vida: revés bendito

Lectio de vida: revés bendito

faro

Cómo nos fascinan las palabras de Cristo, desconcertantes, rompedoras. Nos cuestionan y hacen asumir la vida más allá de lo que buscaríamos instintivamente. En sus Bienaventuranzas él proclama todo lo que no quisiéramos experimentar, pero que tantas veces viene a nosotros como oportunidad: la pobreza, la necesidad, las lágrimas, el rechazo y la persecución. Cuando nos encontramos con algo de esto, tratamos de escapar enseguida. Nos encerramos en nosotros mismos por miedo o huimos hacia adelante. Pero así perdemos una gran oportunidad, LA oportunidad. Porque si asumimos estas cosas desde el amor y la fe, nos hacen mirar hacia lo alto, buscar a Dios y así descubrir lo que más vale en la vida. Nos hacen crecer.

Tanto de lo que el mundo considera felicidad es sólo ilusión y engaño, tan distinto a una vida con los ojos y el corazón abiertos que nos eleva hacia cimas más valiosas y nos reta a superar nuestros límites.

¿Dónde estamos poniendo nuestra esperanza, en Dios que saca bien del mal y no permite que pasemos una prueba sin darnos la fuerza para superarla o en nuestros medios siempre insuficientes?

Él nos hace descubrir que toda sombra tiene su revés bendito, toda dificultad es una oportunidad, toda cruz, camino hacia la luz. No tratemos de huir de ello. Asumámoslo con confianza y abiertos a la gracia, con la mente despierta para ver lo que está esperando por revelarnos el verdadero sentido de la vida. Que nada nos obstaculice ni nos atonte en este camino.

Cuando la tormenta se levante
y permanezcas firme ante el timón.
Si con el silencio de los sabios
reconoces que es hora de bajar las velas
y dejarse conducir por el soplo de Dios.
Cuando sepas dar calma a quienes
vean hundirse sus naves
y no llores tu propio naufragio.
Si contra el viento que traiciona,

y contra toda corriente de miedos y dolor.
Si contra la noche con sus hielos, permaneces.
Cuando caigas con la pesca y la barca  en fondo
y te mantengas atento al torrente de adentro,
entonces habrás vencido.
La pérdida será ganancia
y tu pequeña chispa encenderá una hoguera:
el calor del cielo entre las olas.
Alzado como faro en las noches de miedo,
habrás triunfado.
Aún cuando parezca naufragio,
pero hayas permanecido firme en la llama inagotable.
Habrás llegado al esperado puerto.
Estará en ti
con todas tus voces sosegadas
y la luz serena del torrente sin final.

(Christian Díaz Yepes, Una barca)