“No temerás la peste que se desliza en las tinieblas”

Queridos amigos, ante la gravísima situación que estamos viviendo por la actual pandemia, hemos de estar informados de las instrucciones que nos van dando desde el Arzobispado de Madrid. Copio el comunicado de nuestro Cardenal Arzobispo. https://www.archimadrid.org/index.php/arzobispo/cartas/332-otras-cartas/9036307-dios-es-nuestra-esperanza-el-coronavirus-en-madrid-protejamos-la-salud-de-todos

También recomiendo la lectura de estos dos artículos certeros e inspirados. El primero, de un sacerdote y el segundo, de un periodista:

http://www.dcjm.org/es/

https://www.actuall.com/laicismo/lo-que-el-coronavirus-nos-puede-ensenar/

Aquí los medios y horarios para seguir la Santa Misa desde casa (aunque de momento en España los templos siguen abiertos y se continúa celebrando la misa en los horarios habituales):

Meditación del domingo: Más allá

Los discípulos se preguntaban qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos porque era inimaginable el destino del Maestro. Sin embargo, para prevenir el escándalo que les causaría su muerte en la cruz, Dios les da un adelanto de la glorificación que  recibiría Jesús. Esto es la transfiguración.

Para Dios no hay sacrificio sin gloria, porque no hay lucha sin recompensa. El odio del mundo no puede tener la última palabra sobre los que siguen la voluntad divina.

Cristo lleva hacia lo alto a quienes ama para mostrarle su identidad más profunda: luz y gloria. El Padre confirma una vez más que él es el Hijo Amado a quien hay que escuchar. Su llamada es también para nosotros: busquemos las cosas de arriba, donde está el Señor. Quedemos así cada vez más impregnados de su realidad que nos envuelve.

Porque también nosotros podemos experimentar muchos adelantos de la glorificación que Dios quiere otorgarnos: cada vez que vivimos en el amor, cada vez que entramos en diálogo con Él en la oración. No desperdiciemos estos momentos de luz que Él nos ofrece y que ellos nos den fuerza para superar cada oscuridad en esta vida.

Baja el sol tan adentro cada tarde.

Allá los montes

siguiendo su mensaje,

le cantan.

¿Hacia dónde tus pasos

cuando se nos abre el cielo?

Aquí la tarde

y este sol que pone casa en el centro del pecho.

Junto a ti

es siempre el silencio

quien tiene la última palabra.

Paso a tu paso

ha sido tan claro nuestro andar.

La borrasca

dentro de cada uno encuentra calma,

y nuestros labios se cierran

para escuchar el corazón.

¿Hacia dónde la mirada de aquel

que corre tras el sol

en su último destello?

Dichosos los que encuentran en ti su fuerza

al emprender su santo viaje.

Tan cerca

nos has abierto el cielo en la hora

de perdernos en su noche.

Y así nunca te irás,

tan presente y tan acá,

padre, amigo, hermano.

Meditación del domingo: La hora decisiva

Meditación del domingo: La hora decisiva

08

       Aparece el Tentador cuando más en serio te estás tomando la lucha y el camino de tu vida. Él te ha rondado y ha sabido esperar el momento del ataque. Llega cuando decaen tus fuerzas y tus primeras necesidades te piden atención:

“Si eres hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en pan”.

Si eres…”. Con toda la sospecha e insidia de ese condicional. El golpe va directo a tu ser, a tu verdad más auténtica. Esa de la que quiere que dudes o que trates de aferrar a cualquier precio.

Pero no puede venderse a cualquier precio la verdad, sino que todo lo demás ha de venderse por ella. Por eso, tú no te vendas. No entregues a buen mercado el ser que te ha sido dado y no puedes rebajar. Que no solo de la carne vive el hombre, sino de eso más sublime y eterno que aspiras alcanzar.

Insistirá el Tentador: “si eres hijo de Dios, lánzate desde esta altura que nada te pasará”.

Nuevamente la duda, mucho mayor la mentira. Usa y abusa de lo que eres y lo que tienes, te dirá. Insistirá en que algo bueno sacarás, que los demás reconocerán tu valía y así podrás hacer o valer más.

En ese momento has de recordar que tú no eres lo que opine mundo sobre ti, sino quien Dios te dice que eres: “Tú eres mi hijo amado. En ti me complazco” (Lc 3, 22). Sostente en esa palabra al filo de cualquier abismo que te puedas encontrar, sin condicionales ni comparativos. Sin necesidad de demostrar, pretender o avasallar. Vencerás así la inestabilidad de la duda sostenido en la firmeza de lo cierto.

Pero el tentador no descansará. Después de moverte a buscarte la vida por ti mismo o en lo que puedas sacar de los demás, te dirá que la busques en él. Padre de la mentira y confusión te dirá que es él quien domina este mundo, que las cosas son así y te tienes que plegar. Hará que tus ideales parezcan inalcanzables y que sólo puedes lograr algo si te rindes a él. Que Dios se ha marchado muy lejos o que muchos aspectos de tu vida quedan fuera de su mirada.

Será la prueba decisiva: ¿a quién has de adorar?

Entonces, con la fuerza de su gracia, tendrás que jugártelo  todo. Todo lo que eres y todo lo que quieres seguir siendo. Todo lo tuyo y todo lo que ha de llegar a serlo. Todo lo que das y todo cuanto has de amar. Así, sin hacer mucho caso de su insinuación ni pensártelo dos veces, pasa de largo y recuérdale que estás dispuesto a jugarte todo lo tuyo, pero no te juegas lo que es de Dios. Y lo suyo es el amor y la adoración que quiere ofrecerle este hombre que ha decidido vivir como su hijo.

Meditación del domingo: esa perla

Meditación del domingo: esa perla

 

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Quien encuentra esta perla

es como el navegante frente al mar y al viento nuevo.

 

Brilla en los ojos del sembrador

sorprendido por el fruto insospechado.

 

Quien encuentra esta perla

emprende cualquier locura para ganarla.

suelta las redes de sus luchas

y se lanza tras su gozo secreto.

 

 

Pero no basta con encontrar la perla

 

El sembrador esparce el grano y sólo algunos germinan.

Las aves regresan cada primavera

sabiendo que volverá el otoño y la partida.

 

Muchos pudieran hallar el tesoro y no descubrir su secreto.

 

Tantos recorren el mismo camino

sin detenerse en sus misterios.

 

El murmullo de la perla apenas puede contar

sobre los soles y los mares.

Pero sabe traer a tierra el rumor de la hondura

y habla en su silencio sobre el gozo

de allá adentro.

 

Así nos mueve a no dejar nunca de ir a lo más íntimo

para aprender a brillar.

 

Meditación del domingo: Importa, vaya que importa

Importa, vaya que importa

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            Te dicen que poco importa, que es normal porque todo el mundo lo hace.

            No todo el mundo, créeme. Y aunque así fuera, ha bastado un solo hombre distinto al mundo para cambiar por entero el mundo.

Es él quien hoy te mira a los ojos y descubre en ti esa sombra que oscurece tu ser:

“Yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 28).

            Porque detrás de ese deseo se encuentra una llamada mayor. Esa más alta, sublime y fuerte que nos da la respuesta que toda persona anhela: el amor. Si no descubres ese misterio detrás del deseo de lo que aparece ante tus ojos, yerras y ahogas tu verdadero ser.

            Porque eres y estás sobre esta tierra para el amor. El amor  que fuerte es como la muerte y te da la vida porque ha vencido la muerte con el derroche de la Vida. Por eso, no enturbies tu mirada. Llénate de vida:

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz. Pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!” (Mt 6, 22-23).

             Vaya que importa mucho lo que para muchos poco importa. Porque son esos los que poco importan, cegados por la pasión sin amor.

            ¿Has intentado mirar distinto a ellos?

            Mira primero dentro de ti, donde la verdad late como golpeteo de buena nueva a tu puerta. Atiéndela, mantente en diálogo con ella. Entonces la mirada de tus ojos irá más allá de lo que seduce con formas y artificios pasajeros. Momento a momento percibirás esa misma verdad en lo que cada persona oculta, no para devoralo con ojos rapaces, sino para ser rescatado por quien ha aprendido a ser fiel a lo auténtico.

             De esto se trata amar. No de coartar tu atracción por lo bello, sino que tu corazón se ensanche en fortaleza y reverencia ante la belleza verdadera, esa que salva al mundo.

          Todo comienza allí, en esa libertad y grandeza sobre ti mismo. En ser capaz de percibir en tu interior esa respuesta que anhelas y compartirla sin mezquindad con cada persona en quien también percibes su reflejo.

           Entonces, llegará el momento en que tu corazón saltará por la que Dios ha pensado para ti: una mujer o una vida totalmente entregada a Él. Lo sabrás porque empezarás a mirar distinto. Más aún, empezarás a ser distinto. Sabrás que es tu llamada porque ella sacará lo mejor de ti, como nada más hasta entonces. Podrás mostrarte como quien eres, libre y fuerte en tu verdad.

           Con esa fuerza, lucharás por conquistar tu meta, sin pensar en lo duro del esfuerzo ni en lo pequeño que puedas sentirte. Pero si ya has encontrado tu llamada y has respondido, has de continuar reavivando la gracia que te hizo seguirla en un momento, con la serena alegría de haber fijado tus ojos en lo que sí te pertenece. Vuelve una y otra vez a ese amor primero que puede hacerte un hombre nuevo cuanto más le seas leal. Pero si has llegado a fallarle, no tardes en volverte a levantar, pues ante Dios siempre podrás reparar y cubrir todo con un renovado amor.  Así te mantendrás en el gozo de haber sabido guardar tu mirada, tu corazón y toda tu vida para poder ofrecerla. Y alcanzarás esa plenitud que es la meta de tu anhelo, ese al que habrás sido fiel.

 

 

 

 

 

Lectio de vida: salto a la eternidad

Salto a la eternidad

picardo

Jesús nos presenta el reino de Dios desde la pequeñez de una semilla. Esta nos habla de lo silencioso, imperceptible, pero lleno de la potencia de la vida. Así nos revela al Dios pequeño, al Dios de lo pequeño y al Dios de los pequeños…

Dios pequeño porque es el Inmenso que se hace pequeña palabra, pequeño niño en el pesebre, pequeño pan en el altar, el último de los condenados que muere en una cruz. En él no cabe la prepotencia, sino que viene a nosotros desde la humildad en que hemos de ser capaces de reconocerlo. Desde allí nos hace dar el salto hasta el cielo.

Dios de lo pequeño porque para encontrarlo no tenemos que remontarnos más allá de los cielos ni emprender grandes proezas: Él está en lo cotidiano, en el hermano que pasa a nuestro lado, en lo escondido de nuestro corazón.
Y es el Dios de los pequeños porque se resiste a los soberbios para dejarse encontrar por los sencillos de corazón. Es el Resucitado que se aparece al pequeño germen de los apóstoles para hacer de ellos el gran árbol de la Iglesia. Es el que hoy susurra a tu corazón y te comunica esta buena noticia.

Son las cosas de Jesús, para quien lo más grande es lo más sencillo. Los pequeños detalles, los que importan porque revelan la profundidad del corazón. Es el único que podía señalar el comienzo de lo eterno apenas en la pequeñez de una semilla. La vida de cada día como un salto hasta lo eterno.

 
El vuelo del águila va tan alto, tan alto
es su anhelo por tocar
el rumor de las lámparas del cenit.
Los abismos
dejan de ser sombra,
aletean
más que auroras.

¿Qué encuentra el ave en este vuelo?
¿Hasta dónde
la conduce el viento como aliento?
¿Se alzará más allá del valle si aquel soplo
la levanta más adentro?

Un grito hace vuelo y se sumerge
con placer de océano hasta las costas lejanas.
Descubre
un surco abierto por el río que apacienta
su correr hasta el mar eterno, mar adentro.

Como vino que se ofrece para amar
el caudal trae piedras, hojas
y trae la semilla como carbón para la hoguera.
El fruto de plata y fuego y oro para brillar,
cristal para mostrar
y para morder marfil.
Fruto insospechado,
anhelo,
inesperable joya hijo del viento sol
y de la tierra expectante,
virgen y madre.

Como la viña que del verde estalla
en racimos escarlata y exulta,
borbotea
el fruto contenido
en los ramos que se abrazan
y se pierden en el verde, negro, escarlata y el águila
venida de lo alto.

Arriba sigue soplando el viento.

 

 

 

Lectio de vida: revés bendito

Lectio de vida: revés bendito

faro

Cómo nos fascinan las palabras de Cristo, desconcertantes, rompedoras. Nos cuestionan y hacen asumir la vida más allá de lo que buscaríamos instintivamente. En sus Bienaventuranzas él proclama todo lo que no quisiéramos experimentar, pero que tantas veces viene a nosotros como oportunidad: la pobreza, la necesidad, las lágrimas, el rechazo y la persecución. Cuando nos encontramos con algo de esto, tratamos de escapar enseguida. Nos encerramos en nosotros mismos por miedo o huimos hacia adelante. Pero así perdemos una gran oportunidad, LA oportunidad. Porque si asumimos estas cosas desde el amor y la fe, nos hacen mirar hacia lo alto, buscar a Dios y así descubrir lo que más vale en la vida. Nos hacen crecer.

Tanto de lo que el mundo considera felicidad es sólo ilusión y engaño, tan distinto a una vida con los ojos y el corazón abiertos que nos eleva hacia cimas más valiosas y nos reta a superar nuestros límites.

¿Dónde estamos poniendo nuestra esperanza, en Dios que saca bien del mal y no permite que pasemos una prueba sin darnos la fuerza para superarla o en nuestros medios siempre insuficientes?

Él nos hace descubrir que toda sombra tiene su revés bendito, toda dificultad es una oportunidad, toda cruz, camino hacia la luz. No tratemos de huir de ello. Asumámoslo con confianza y abiertos a la gracia, con la mente despierta para ver lo que está esperando por revelarnos el verdadero sentido de la vida. Que nada nos obstaculice ni nos atonte en este camino.

Cuando la tormenta se levante
y permanezcas firme ante el timón.
Si con el silencio de los sabios
reconoces que es hora de bajar las velas
y dejarse conducir por el soplo de Dios.
Cuando sepas dar calma a quienes
vean hundirse sus naves
y no llores tu propio naufragio.
Si contra el viento que traiciona,

y contra toda corriente de miedos y dolor.
Si contra la noche con sus hielos, permaneces.
Cuando caigas con la pesca y la barca  en fondo
y te mantengas atento al torrente de adentro,
entonces habrás vencido.
La pérdida será ganancia
y tu pequeña chispa encenderá una hoguera:
el calor del cielo entre las olas.
Alzado como faro en las noches de miedo,
habrás triunfado.
Aún cuando parezca naufragio,
pero hayas permanecido firme en la llama inagotable.
Habrás llegado al esperado puerto.
Estará en ti
con todas tus voces sosegadas
y la luz serena del torrente sin final.

(Christian Díaz Yepes, Una barca)

Meditación del domingo: una oración diaria

Meditación del domingo: una oración diaria

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Esta es una oración para rezar cada día

Querido Señor Jesús,

hoy pongo mi vida bajo tu cruz. Como discípulo, acojo toda la luz, la gracia y la vida que tú continuamente derramas sobre nosotros desde ella. No quiero que se pierda nada de cuanto mana de tu costado traspasado. Deseo unir toda mi voluntad a la tuya, tener tu misma mente, los mismos sentimientos de tu corazón abierto para darlo todo.

Estoy a tus pies junto a María, tu madre que me entregas para que sea también la mía.

Acepto tu soberanía desde la cruz con humildad y gratitud, aunque me cueste entender tantas cosas.

Tú sabes más que mi pequeño entendimiento.

Consagro a ti mis anhelos, razonamientos y afectos. Dolores y consolaciones. Es decir, te entrego mi corazón herido y sanado por tu corazón que se ha dejado herir por mí.

Pongo bajo tu cruz la vida de los que me has dado. Los que me han amado primero y he podido corresponder a su amor. Los que me aman hoy y también les correspondo. Los que tú me querrás dar para seguir recibiendo los reflejos de tu amor. Porque todo es gracia y regalo tuyo. Todo y todos me ofrecen algo de ti. También los que me adversan, me persiguen o me odian, y así me empujan a volver a ti como mi roca salvadora, la peña donde me refugio. Los perdono y pido tu perdón para ellos. También te pido que me perdones por los males que he causado a otros, a tantos que tú bien conoces. Que tu amor cubra lo que a mí me faltó.

Pongo bajo tu cuidado a quienes pueden decidir sobre mí y sobre mis seres queridos. Mis superiores y todos los que están sobre mí. Quienes pueden decidir sobre mi salud, mis bienes y mis propios planes. Te pido para ellos la luz de la sabiduría, el discernimiento y la paz. Sé tú mismo quien me dirija a través de ellos y dame la docilidad para aceptar cuanto dispongan sobre mí.

Hoy especialmente te pido por…

Completo en mi carne lo que falta de tu pasión en mí, en los míos, en los que me han amado en el pasado, los de hoy y los del momento en que completarás tu obra en nosotros.

¡Tu plan de amor en nosotros!

Que no lo pierda de vista, Señor. Que no vuelva mi corazón hacia lo falso, Dios mío, mi escudo y mi montaña, sé tú mi verdad.

Oh, Jesús, que hoy no te olvide. Que no me aparte del fuego. Enciéndeme. Llámame sin que te desatienda. Pronuncia mi nombre límpidamente, sin la disonancia de mis pecados y descuidos.

Rindo ante ti mi libertad. Esto es lo que me llena, me da la paz y la fuerza para salir hoy a encontrarte. Te sigo en tu camino de entrega total.

¡Amén!

Meditación del domingo: sobre alas de águila

Meditación del domingo: sobre alas de águila

Habíamos salido al monte a buscar luz. Dos amigos que sólo sabían que poco sabían acerca de qué decisión tomar, cuál sería la respuesta adecuada.

Habíamos salido a que nos lo respondiera la tierra que pateábamos, el sol que anunciaba un mensaje claro, el viento. El viento en esa ladera del monte que se eleva desde la garganta del Guadarrama hasta, bueno, hasta donde fuimos sorprendidos.

Primero una, luego otra, otra más. Tres águilas en fila ascendente. Sin hacer ningún esfuerzo. Sólo dejándose elevar por el viento que ascendía por la ladera hasta lo alto. Cada vez más hacia lo alto.

Las tuvimos tan cerca que nos hubiera bastado estirar los brazos para ofrecerles un poco de nuestros bocadillos. ¿Se habrían detenido a cogerlos?

Seguro que no. Dejarse elevar es mayor recompensa que permanecer atados a cualquier instinto.

“Como el águila incita a su nidada revolando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas” (Deuteronomio 32, 11)

Y sin hacer ningún esfuerzo. Sólo abriendo las alas y dejándose conducir por los giros del viento, siempre más hacia lo alto. Así nos hicieron aspirar nuevamente al cielo. Con los pies cargados del polvo de esta tierra que amamos, la mirada elevada mucho más allá.

“El viento sopla donde quiere y oyes su voz. Mas no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que nace del Espíritu” (Juan 3, 8).

¡Cuánta soberbia pensar que ya lo sabemos todo en esta vida! Dios no cesa de revelarse a nosotros momento a momento y, sin embargo, nos conformamos con lo poco que hemos llegado a saber de él hace ya tanto tiempo. No dejamos que se nos presente como continua novedad, libertad y creatividad. Repetimos tantos actos, incluso “religiosos”, porque damos por descontado que Él existe. Sí, “creemos” que existe, pero nosotros ¿existimos en Él? Decimos que nos ha dado la vida, pero ¿la vivimos a plenitud? Le llamamos Padre Nuestro, pero ¿vimos con confianza de hijos? ¿reconocemos a los demás como auténticos hermanos? Profesamos que hemos sido creados a su imagen y semejanza, pero ¿tratamos de vivir en el amor, que es lo que nos hace más semejantes a Él?

Extiende tus alas. No te quedes aprisionado en ti mismo. Déjate elevar por su Espíritu que te conducirá siempre a lo alto, hasta donde nunca hubieras imaginado.

¿Has escuchado el viento esta mañana?

Escúchalo,

aunque sea tarde sigue allí,

también en la noche soplará,

aunque sea noche.

Escucha el viento.

Soplará

suave el viento en las boscosas

cumbres abiertas en ríos.

Soplará

fuerte sobre los mares

abiertos y valientes.

Soplará

en silencio sobre el monte que se espera,

soplará.

Y yo te diré anhelante,

otra vez preguntaré:

¿Has escuchado el viento esta mañana

o esta tarde?

Nunca es tarde, escucha el viento

que revienta ante tu cuerpo, farallón.

Escucha el viento, hermano mío,

escucha el viento y déjate llevar,

pues sopla el viento en su color

y llena el tiempo.

Sopla el viento.

Escucha este soplar

sobre los montes y su paso

triunfante hasta el calor

atesorado de los bosques en su adentro.

Sopla el viento.

Y mueve los espacios y cortezas.

Sopla adentro

del frío mar y lo levanta

en olas fulgurantes y cristal.

El fuerte viento,

viento poderoso,

águila de viento.

 

Meditación del domingo: el hijo amado

Meditación del domingo: el hijo amado

 

Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

(Mateo 4, 16-17)

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Hay quien se dice creyente porque no niega que Dios exista, pero la fe auténtica va mucho más allá de esta afirmación connatural al ser humano. Lo que deshumaniza es justamente lo contrario: negar a Dios o vivir con indiferencia ante Él.

Además, en sentido estricto, Dios no “existe”. Él Es. Es por sí mismo y es quien da el ser a cuando ex-iste. Es el Padre que pronuncia sobre Cristo las palabras que todo ser humano necesita escuchar: Tú eres mi hijo amado. En ti me complazco. Porque Dios nos invita a  una relación íntima que nos haga adentrarnos en su eterna comunión . He aquí el punto decisivo.

Sirve de poco repetir lo que oímos decir a otros sobre Dios, si no experimentamos su ser en nosotros mismos. La fe es relación, diálogo, seguimiento personal, no la repetición de una opinión común. ¿Has experimentado la paternidad de Dios? ¿Crees en Él sólo porque te lo han dicho o porque lo has experimentado y lo asumes como tu Padre, Amigo y Salvador? ¿Has vivido ese encuentro que cambia la existencia?

Entra en ti mismo y en el silencio déjate sorprender por su presencia que habita en cada uno de sus hijos. El está esperando para perdonarte, rehacerte y llenar tu vida de sentido. Desde esa experiencia de su Espíritu en ti, busca corresponder a su gracia. Sal de tus viejos miedos y egoísmos, y ponte manos a la obra. Sigue amando a Dios en cada prójimo que se te presenta. Entrégate al servicio, escucha, perdona, anuncia, reconcíliate también con ellos. Es la espiral del amor que Él como padre ha puesto en movimiento y quien le ama tan sólo busca seguir hasta el infinito.

Hoy repite confiado:

¡Oh, Dios, sé tu mi Padre!

Hazme experimentar tu amor íntimo y transformador.

Que yo no tema vivir como hijo tuyo.

 

Meditación del domingo: guardar el corazón

Meditación del domingo: guardar el corazón

foto épica Cordada

Hijo mío… sobre todo, guarda tu corazón,
porque de él brota la vida (Prov 4, 23). 

 

Guarda tu corazón como guardaba María las palabras del ángel para que La Palabra tomara carne totalmente en ella y siguiera creciendo y dando vida más allá de ella. Guárdalo en  ese silencio donde resuena la voz de Dios. Aunque no entiendas sus designios siempre mayores, que tu corazón acepte lo que Él le confía.

Guarda y aguarda en tu corazón como aguardaron los magos la esperanza de los tiempos y siguieron su destello hasta el portal de la vida. Que tu corazón siga paso a paso la luz de Dios. Mira hacia lo alto, indaga, confía, ponte en camino y, sobre todo, adórale.

Guarda tu corazón, como el Señor en el desierto, que venció por su Palabra toda insinuación engañosa. Guarda esa Palabra. Asienta sobre ella cada paso de tu camino y roca a roca cada fortaleza que edifiques. Aunque vuelvan a asediarte las tentaciones, permanece inquebrantable en ser quien eres. Y tú eres quien ante Dios eres.

Guarda tu corazón como se guarda el tesoro encontrado en un campo por el que se vende todo lo que se posee para comprar el campo y ser del todo dueño de aquel tesoro. Justo eso: pon todo en juego por ser dueño de ti mismo. No pretendas arrebatarlo ni que te lo den de gratis. Conquista tu corazón, y solo así podrás ofrecerlo.

Guarda tu corazón como el pastor que deja las noventa y nueve ovejas para rescatar la perdida. Porque así actúa el que ama. No deja perder nada de lo que le ha sido confiado y ha hecho parte de sí mismo. Por eso has de rescatar lo que tu corazón pueda haber perdido. Llénalo de la gracia de Dios para sanarlo y darle nueva vida hasta que pueda andar en libertad.

Guarda tu corazón como se prepara la semilla que has de esparcir sin escatimar, confiada a los designios de Dios y a la respuesta de sus hijos. Espera que dé frutos a tiempo y a destiempo. Confía en que podrá germinar una y otra vez en tantos renuevos cuantos suscite el Espíritu que renueva la faz de la tierra.

Guarda tu corazón cada alborada, cada día y cada noche cuando te retires a discernir, agradecer, a pedir nuevas gracias. Algunas veces lo harás subiendo al monte en soledad, otras con los amigos que querrás que te acompañen en tus horas decisivas y en las alegrías que repartas. Guarda tu corazón inclinándote para lavar sus pies antes de sentarlos a tu mesa. Ofréceles el pan de tu vida y el vino de tu pasión por darles todo lo que eres. Escúchales, sírveles, perdónales. Guárdales en tu corazón dilatado a la medida del corazón de Cristo, que lo ha dado todo para hacernos amar a todos. Y con él guarda tu camino hasta el Calvario, levantándote una, dos, tres y tantas veces cuantas puedas caer. Que lo importante es no fijarte en tu debilidad, sino en la fuerza del que te levanta.

Y con él, lucha. Defiende tu corazón con las armas de su combate. Porque tanto vale tu corazón que muchos querrán arrancártelo o hacer que se pierda detrás de cualquier pasión sin razón o cualquier razonamiento sin amor. Por eso revístelo con la coraza de la fe y protégelo con el escudo de la verdad. Con la espada de su Palabra anuncia, consuela, y hasta llegarás a levantar muertos. Tu yelmo, como el suyo, será de espinas, pero no temerás ser herido. Tampoco temerás la lanza que pueda atravesarte. Tu gran victoria será esa herida de tu corazón  unido al suyo. Herida fecunda, manantial de vida que mana incesantemente.

Porque ante todo, hijo, ese corazón custodiado te hará padre también a ti. Y para ser verdaderos padres, hermanos y amigos hemos venido a henchir esta tierra. Para eso el Dios-Hombre ha entregado por ella su corazón y así nos ha llenado por siempre de vida. La verdadera.

Meditación de año nuevo

Meditación de año nuevo

1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

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Lectura del libro de los Números (6,22-27):

EL Señor habló a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor te muestre tu rostro
y te conceda la paz”.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Palabra de Dios

 

 

Meditación:

No digas: “es lo que toca”.

Como una carga, una fatalidad.

No digas

que la vida te ha tratado así;

pregúntate más bien cómo la estás tratando tú a ella.

En vez de decir: “es lo que toca”, di: “es lo que toco yo”.

O mejor aún: “hoy me dejo tocar por Dios”.

Su gracia está siempre tocando a tu puerta. Abre tu vida a Él.

Y así serán muchas las vidas que podrás tocar, transformar

con ese don único que te ha sido dado y espera por salir a la luz.

Multiplica los talentos que hasta ahora no has descubierto.

Son tantos que no te alcanzará solo breve paso por el mundo para maravillarte.

Necesitarás la eternidad.

Esa que comienzas cuando te acercas al fuego que te ha alcanzado.

No esperes la edad de jubilarte para empezar a vivir.

Descubre hoy en cada esfuerzo lo que responde a tus anhelos más puros.

Ofrece lo que eres. Es decir, date a ti mismo

y te encontrarás

La Palabra del domingo: más que familia

La Palabra del domingo: más que familia

Solemnidad de la Sagrada Familia de Nazaret

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Lectura del santo evangelio según san Mateo (2,13-15.19-23):

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»
José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.»
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.»
Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.

Palabra del Señor

 

Comentario:

El Hijo de Dios se ha hecho también Hijo del hombre. La comunión perfecta de la Trinidad encuentra un reflejo en la unidad de la familia de Nazaret. Así se hace palpable  que sí se puede vivir “en la tierra como en el cielo”.

También hoy nosotros estamos llamados a reproducir la vida de la Trinidad en nuestras relaciones con los todos, pero especialmente con los que nos son más cercanos, nuestra familia. Viviendo ese amor continuo que nos funde en UNO por el amor encontramos nuestra paz y nuestra más alta realización. Es una llamada que podemos empezar a vivir ahora mismo en el seno de nuestra familia, donde encontramos los primeros prójimos que Dios nos ha otorgado para amar sin reservas.

¿Qué nueva actitud puedo vivir en mi hogar para que podamos ser un reflejo cada vez más auténtico de la Trinidad?

Cuando en una familia hay verdadero amor, que significa acogida del otro, perdón, diálogo, allí está Dios en medio de ella. Esto tiene más valor que cualquier patrimonio o meta que se pueda alcanzar.

Meditemos ahora con estas palabras de Chiara Lubich:

Si estamos unidos, Jesús está entre nosotros. Y esto vale.

Vale más que cualquier otro tesoro que
pueda poseer nuestro corazón:

más que la madre, que el padre, que los hermanos, que los hijos.

Vale más que la casa, que el trabajo, que la propiedad;

más que las obras de arte de una gran
ciudad como Roma,

más que nuestras ocupaciones, más que la naturaleza que nos rodea, con las flores y
los prados, el mar y las estrellas; ¡más que nuestra alma!

Él es quien, inspirando a sus santos con sus eternas verdades, hizo época en toda época.
También ésta es su era: no la de un santo, sino la de Él; de Él entre nosotros;

de Él viviente en nosotros, que construimos -en unidad de amor- su Cuerpo místico y la comunidad cristiana.

Navidad del Señor. Saludos y meditación

Navidad del Señor. Saludos y meditación

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Queridos amigos,

En esta Navidad les hago llegar a todos mi más afectuoso saludo.

Hoy ofreceré la misa por las intenciones de todos los seguidores de esta página, pidiendo a Dios que les haga experimentar una Navidad en profunda unión con Él. Es el mejor regalo que puedo hacer a cada uno en esta fiesta.

También comparto con ustedes un texto de Chiara Lubich, que puede ser muy buena inspiración para todos.

 

“A Dios por el hermano”

“En esta Navidad lancémonos a amar a cada uno de los hermanos que encontremos durante el día.

Encendamos en nuestro corazón ese ardiente deseo que sin duda Dios quiere: el deseo de amar a cada prójimo, haciéndonos uno con él en todo, con un amor desinteresado y sin límites.

El amor reavivará relacines y personas y no permitirá que surjan deseos egoístas, es más, será el mejor antídoto de éstos.

Así en Navidad podremos preparar como regalo para Jesús, que viene, nuestro fruto rico y jugoso, y nuestro corazón inflamado y consumido por el amor”

Chiara Lubich

 

 

 

La Palabra del domingo: hacia el Padre

La Palabra del domingo: hacia el Padre

IV domingo de adviento

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,18-24):

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Palabra del Señor

 

Meditación:

María no fue la mujer de José porque él la usara o dominara, sino porque la amó. Así pudo ser el legítimo marido de quien era el huerto sellado y el jardín cerrado del Creador.
Porque no es nuestro lo que usamos o dominamos, sino lo que amamos.
Ese niño que crecería en el vientre de su mujer y luego en su propia casa era, efectivamente, el Hijo de Dios. No le pertenecía, sino que provenía de quien nos trasciende a todos, y hacia Él se dirigía. Pero José también era legítimamente su
padre. Porque es padre quien espera, quien se pospone a sí mismo para dar la primacía a Dios y hacer que su luz destelle en el corazón del hijo. Porque el estupor, la obediencia y la gratitud de todo auténtico padre forman parte de la lucha por vivir esa misión que, ciertamente, nos supera.

Un padre así no teme hacer que el niño y su madre atraviesen un desierto como forasteros, porque él les llevará de la mano bajo la mano de Dios. Así serán más fuertes que todos los poderes del mal, que no podrán alcanzarles.

Por eso el Hijo del Eterno, sería conocido como el “hijo del carpintero”. Porque este artesano habría enseñado al Logos Divino cosas tan simples como usar un martillo y limpiarse el polvo del camino, u otras tan sublimes como bendecir la mesa y cantar un salmo. Le habrá enseñado a cargar algunos leños cada día, sin saber que llegaría el día, el definitivo en que este hijo le recordaría agradecido al cargar el leño  donde estaría clavada la salvación del mundo.
Porque es padre quien deja vivir a su hijo, a su hija, más allá de sí mismo, sabiendo que la vida es siempre audaz, creativa y expansiva. A él tan solo le ha sido confiada para que
no se interrumpa este devenir. He aquí su propia grandeza. Pero mayor grandeza aún será cuando reciba la admiración del hijo que reconoce en él al hombre que ama a su
madre. Es decir, si llega a ser el hombre que enseña al hijo cómo debe ser amada una mujer y a la hija cómo merece ser amada.

Es padre quien hace silencio para que el hijo exprese cuanto le hizo aprender del primero y definitivo Padre suyo y nuestro. Así hasta que llegue el día en que pueda  sentarse como discípulo a aprender de aquel al que enseñó a dar sus primeros pasos sin dejarlo caído en sus tropiezos.

Porque le habrá hecho aprender de su propia paternidad a alzar los ojos para pedir ayuda al que puede levantarle. Y cuando llegue el día, y quiera Dios que a todos nos llegue, en que su hijo, su hija, se dirijan hacia un horizonte mayor, ese padre podrá seguir descendiendo. Se hará tan pequeño como para ser contenido ahora en el pequeño corazón y en cada minúscula fibra de esa simple persona que engendró a la vida y
ayudó a crecer. Simple individuo, sí, pero capaz de contener el mundo que aprendió a amar con todo su ser.

Porque dar la vida es enseñar a través del camino de la constancia, la prueba y el desapego, que el amor está siempre al principio y al final de toda vida por la que merezca la pena jugarse la misma vida.

La Palabra del domingo: nueva vida 

La Palabra del domingo: nueva vida 

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Primera lectura: lectura del libro de Isaías (35,1-6a.10):

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Palabra de Dios.

Meditación:

Ante la súplica a Dios por parte del profeta : “Ojalá rasgases los cielos y descendieses” (Is 63, 19), nuestra conciencia nos mueve a decirnos a nosotros mismos: “ojalá luchara contra mis miserias y ascendiese”. Porque Dios no deja nunca de descender hasta nosotros. Somos nosotros los que nos frenamos en ascender hacia Él, aferrados a tantas cosas que nos esclavizan, relajando las exigencias del amor. ¡Cuánto necesitamos convertir dentro de nosotros y entre aquellos a los que amamos! Sólo así podremos llegar a decir a Dios:

Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia...”

Mira los montes de tus propios pecados, egoísmos y vicios que crees imposibles de superar. Mira ese abatimiento que acaba en la cerrazón de tu corazón a la nueva oportunidad que Dios siempre abre para quien le busca. Mira lo escarpado y vertiginosos que son esos abismos en los que quizá hayas caído. Pero no te quedes allí. Recibe la buena nueva de la salvación. ¡Dios ha venido en nuestro auxilio! Responde una y otra vez a su gracia, capaz de convertirlos en valle de luz y vida nueva. Así hasta completar con nuestra propia existencia la frase del profeta:

“...jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en Él. Sales al encuentro del que vive santamente y se acuerda de tus caminos

Vamos, no te desanimes. No desestimes de ese fuego que Él ha encendido en ti y hoy puede cobrar nueva vida. Sí, dándole a Él la oportunidad de que tu vida sea hecha de nuevo. Abre la pequeña ventana de la esperanza, por la que puede entrar una luz tan potente que ilumine toda tu casa. Alza tu mirada al cielo e invócale como el mismo Cristo nos enseñó: “¡Padre!”. Date cuenta que tenemos quien vele por nosotros. Dios mismo nos toma y nos acompaña a crecer. Déjate formar por él como arcilla dócil en las manos del mayor de los artistas:

Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano(Is 63, 17-64, 5).

 

La Virgen Inmaculada, porvenir de la humanidad

La Virgen Inmaculada, porvenir de la humanidad

8 de diciembre: Inmaculada Concepción de la Virgen María

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Reproducimos las palabras de san Juan Pablo II en la tradicional visita de los Papas a venerar la imagen de la Inmaculada Virgen María en la Plaza de España en Roma en 1984

 

“Establezco hostilidades entre ti y la mujer… ella te herirá en la cabeza” (Gen 3, 15).

Estas palabras pronunciadas por el Creador en el jardín del Edén, están presentes en la liturgia de la fiesta de hoy. Están presentes en la teología de la Inmaculada Concepción. Con ellas Dios ha abrazado la historia del hombre en la tierra después del pecado original:

“hostilidad”: lucha entre el bien y el mal, entre la gracia y el pecado.

Esta lucha colma la historia del hombre en la tierra, crece en la historia de los pueblos, de las naciones, de los sistemas y, finalmente de toda la humanidad.

Esta lucha alcanza, en nuestra época, un nuevo nivel de tensión.

La Inmaculada Concepción no te ha excluido de ella, sino que te ha enraizado aún más en ella.

Tú, Madre de Dios, estás en medio de nuestra historia. Estás en medio de esta tensión.

Venimos hoy, como todos los años, a Ti, Virgen de la Plaza de España, conscientes más que nunca de esa lucha y del combate que se desarrolla en las almas de los hombres, entre la gracia y el pecado , entre la fe y la indiferencia e incluso el rechazo de Dios.

Somos conscientes de estas luchas que perturban el mundo contemporáneo. Conscientes de esta “hostilidad” que desde los orígenes te contrapone al tentador, a aquel que engaña al hombre desde el principio y es el “padre de la mentira”, el “príncipe de las tinieblas” y, a la vez, el “príncipe de este mundo” (Jn 12, 31).

Tú, que “aplastas la cabeza de la serpiente”, no permitas que cedamos.
No permitas que nos dejemos vencer por el mal, sino que haz que nosotros mismos venzamos al mal con el bien.
Oh, , Tú, victoriosa en tu Innmaculada Concepción, victoriosa con la fuerza de Dios mismo, con la fuerza de la gracia.
Mira que se inclina ante Ti Dios Padre Eterno.
Mira que se inclina ante Ti el Hijo, de la mima naturaleza que el Padre, tu Hijo crucificado y resucitado.
Mira que te abraza la potencia del Altísimo: el Espíritu Santo, el Fautor de la Santidad.
La heredad del pecado es extraña a Ti.
Eres “llena de gracia”.
Se abre en Ti el reino de Dios mismo.
Se abre en Ti el nuevo porvenir del hombre, del hombre redimido, liberado del pecado.
Que este porvenir penetre, como la luz del Adviento, las tinieblas que se extienden sobre la tierra, que caen sobre los corazones humanos y sobre las consciencias.
¡Oh Inmaculada!
“Madre que nos conoces, permanece con tus hijos”.
Amén.

 

La Palabra del domingo: venida de Dios

Queridos amigos:

Comenzamos nuevo Año y Tiempo litúrgicos. Después de haber recorrido tres veces desde 2010 las lecturas de los Cilos A, B  y C, ahora en estas entregas vamos a ensayar un nuevo estilo de comentarios a la Palabra. Serán menos explicativas y más meditativas, con marcado tono poético.

¡Espero que las disfruten! 

Padre Christian

La Palabra del domingo: la venida de Dios

I domingo de Adviento

 

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Lectura del santo Evangelio según San Mateo 24,37-44.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Palabra del Señor

 

 

Meditación:

Esta vida se nos escabulle como agua entre los dedos. Quisiéramos aferrar nuestros bienes, los momentos felices, la buena salud y los reconocimientos. Pero todo pasa. Cada cosa es caduca y no llega a saciar nuestros más profundos anhelos. Entonces alzamos la mirada y pedimos a Dios que se acerque a nosotros, que podamos alcanzar la plenitud de la vida, la paz y la felicidad. Con el profeta Isaías exclamamos:

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!”.

Es decir, pedimos a Dios que su reino de vida y verdad, de santidad y gracia, de justicia, amor y paz, se haga presente entre nosotros.

Dios no deja de con-moverse y atiende a esta súplica que Él mismo suscita en nosotros de antemano. En Cristo el cielo se abre y nos ofrece su reino. Con sus obras de amor y finalmente su muerte en la cruz, el Todopoderoso ha bajado hasta el más hondo sufrimiento y miseria humanas. El sudor de nuestras fatigas y las lágrimas de nuestros dolores son recogidas en el odre de su misericordia y las convierte en torrente de gracias.

Él ha querido dejar de ser distante y distinto al hombre. Si este es impulsado a ascender, a mirar más allá y no contentarse con una vida a ras de tierra, ahora Dios viene a su encuentro. Porque Él gusta en descender. Ahora a nosotros nos toca ascender.

Asciende quien no frustra, sino que responde a sus anhelos más altos. Quien no se conforma con lo mundano y busca lo eterno. Quien lucha contra su propia imperfección para ser más libre, más sabio, más santo. Ante estos sale al encuentro el Dios humilde que adoramos desde el pesebre hasta la cruz y el grito jubiloso de la Resurrección. Allí Él saca de su tumba todo lo que antes no encontraba más que la muerte y el olvido. Y hoy nos recuerda que hemos de estar preparados:

“A la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre…”

 

 

La Palabra del domingo: amar es reinar

La Palabra del domingo: amar es reinar

Domingo de Cristo Rey

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Del Evangelio según san Mateo (25, 31-46)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él

Todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.

Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no medieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.

Entonces ellos le responderán:

‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’

Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna’ ”.

Palabra del Señor.

 

Meditación:

¿De qué lado estamos? Es la pregunta que en hemos de responder en el examen definitivo de nuestra vida. Como vemos, ya Cristo nos ha revelado las preguntas con las que seremos evaluados: la caridad en sus múltiples aplicaciones. Aquí nos jugamos nuestro camino para encontrar a Dios y gozar eternamente del Reino que ha preparado para nosotros.

Con la Palabra de hoy cerramos el Año Litúrgico. Su ubicación en este domingo, entonces, nos habla de un cierre, y por tanto, de recoger el saldo de lo que se ha sembrado. Así nos tocará asumirlo en nuestro momento final, cuando tengamos que rendir cuentas de nuestra propia vida ante Aquel que nos la dio para que la supiéramos ofrecer con generosidad.

¿De qué lado quedaremos al momento del examen final de nuestra existencia? ¿Mereceremos la alabanza o el reproche, el premio o el castigo? Cada uno puede empezar a preparar hoy mismo esta respuesta, dejándose interpelar por este evangelio claro y contundente. Ante el Señor no hay medias tintas: “El que no está conmigo está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”, sentencia él mismo en otro pasaje. Él nos pide cuentas del amor vivido concretamente hacia el que ha necesitado de nosotros. Cada acción hecha u omitida hacia un hermano, Jesús la asume como hecha o dejada de hacer consigo mismo. Hoy podemos revisar cómo está nuestra vida de caridad para saber qué tan preparados estamos para responder al examen definitivo.

Es significativo que a la hora de interpelar a todos los que se han de presentar ante él, el Señor de cielos y tierra pide cuentas específicamente de la caridad. Porque también Jesús ha sintetizado todos los preceptos divinos en el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Ahora sintetiza aún más el precepto y nos hace entender que todo queda referido en el amor que hayamos vivido hacia los hermanos. En el prójimo encontramos a Dios, por tanto, es la vía definitiva para alcanzarlo. Él está en el hambriento de alimento y también de atención; en el sediento físico y en el que padece sed espiritual; en el carente de ropas y en el que ve violentada su dignidad; en los presos de sí mismos y en los cautivos de toda clase de prisión. Ninguno de nosotros puede permanecer indiferente ante esta realidad.

Llama la atención que este pasaje del evangelio está dirigido por parte de Jesús específicamente a “los suyos”. A diferencia de otros pasajes, en los cuales interpela a los judíos o se acerca a los paganos, nuestro texto de hoy está dirigido específicamente a los que ya formamos parte de la comunidad cristiana, y que quizá hemos relajado la radicalidad de nuestra fe. El domingo pasado las lecturas nos revelaban que ya en los orígenes de la Iglesia muchos perdían el empuje inicial al comprobar que la segunda venida de cristo se retrasaba. Entonces se dejaban llevar sin más por el pensamiento de este mundo presente, ocupándose de los propios asuntos, procurando una vida acomodada y olvidando las necesidades de los demás. Ante esto Jesús nos exige la radicalidad del amor. No podemos cejar en nuestra caridad. Él se tarda, pero llegará, y lo hará precisamente “como ladrón en la noche”, cuando no se le esté esperando. Pero la caridad abre nuestros ojos para no perderlo de vista. En el amor vivido al hermano momento a momento podemos mantener esa vigilancia que nos hará presentarnos ante el Señor con el examen preparado.

Dios nos da hoy la oportunidad de ponernos a tono con respecto a las preguntas definitivas desde las que nos examinará. No dejemos pasar esta oportunidad de corregir lo que sea necesario, disponiéndonos a vivir una existencia plena de frutos de amor concreto hacia quien nos necesita. El premio será grande. Causa estupor pensar que también  sobre nosotros Él pronuncie las palabras: “Venid, benditos de mi Padre, entrad a tomar parte del reino preparado para vosotros”. ¿Nos vamos a perder esta recompensa?

 

Oremos con san Francisco de Asís:

 

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría. 

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar. 

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

¡Amén!

La Palabra del domingo: ¡Confiados!

La Palabra del domingo: sobre todas las cosas

Domingo XXXIII del tiempo ordinario

 

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Evangelio: Lucas 21, 5-19
“Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.”Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?”Él contesto: “Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca; no vayáis tras ellos.Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.”Luego les dijo: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.”

 

Comentario:

Cuando vemos nuestro contexto asediado de amenazas, cuando comprobamos que en esta vida todo pasa y es muy poco lo que nos da la verdadera seguridad y mucho menos la paz, tenemos que hacer una nueva elección de lo que más vale: Dios. Él es el ideal que nadie nos puede arrancar, la fuerza de vida que vence toda destrucción y todo mal. Él es la roca firme en quien podemos asentar con confianza nuestra existencia. ¿O pensamos que el Primer Mandamiento ocupa ese lugar por casualidad?

Medito qué significa el Primer Mandamiento en mi vida y propongo volver a amar a Dios por encima de todas las cosas.

Cuando elegimos a Dios nos hacemos capaces de reconocerlo allí donde Él está. Por eso no nos confunden las voces e insinuaciones atemorizantes. No tememos ante ninguna adversidad ni amedrentamiento. Cristo ya nos ha revelado dónde está Él: intercediendo por nosotros ante del Padre. También se nos ha mostrado tantas veces presente en su Palabra que hacemos vida, en el amor entre hermanos y en el perdón que estamos dispuestos a extender hacia todos. Está en la luz de la esperanza que nos hace ver más allá de la turbación y el dolor.

¿Estoy poniendo en práctica la Palabra de Dios o sólo me limito a escucharla sin atención?

El fruto de amar a Dios sobre todo y sobre todos es que nos reconocemos como hijos suyos. Experimentamos la cercanía de esa presencia que vence toda oscuridad y que nos ofrece gracia y fortaleza. En un mundo donde toda seguridad es insuficiente, volvamos este domingo hacia Aquel que nunca pasa, descubrámonos hijos suyos y comuniquemos esta alegría a todos.

¿A quién puedo anunciar hoy la fortaleza que encuentro en Dios?