Entra al silencio

Entra al silencio

Meditación para el sábado Santo

Foto: IGNACIO LLAMAS, “Cercar el vacío”.

Rostro plácido y bellísimo de Cristo después del doloroso triunfo de la Cruz y que quiere ocultarse en el sepulcro… Enciérrame, ocúltame contigo, Señor. San Rafael Arnáiz.

Después del grito en la cruz que reunió todos los nuestros, Dios hizo silencio.

Cristo, que pronunciaba palabras como jamás persona alguna, fue haciendo cada vez más penetrante su silencio hasta el silencio del sepulcro.

Habíamos mandado callar a Dios, y Dios calló. La Palabra creadora se dejó matar e hizo este silencio.

“Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos…”, vocifera un obcecado por el cúmulo de sus pasiones sin sentido*.

Pero no fue sentencia humana la que se cumplió en él. Quia ipse voluit, “porque él quiso” (Isaías 53, 7)”. Su Pasión no fue el accidente de todas las humanas pasiones. “Nadie me quita la vida. Yo mismo la doy” (Juan 10, 18).

Porque el mayor asesino no puede ser más fuerte que el amor que asalta y desarma a la muerte en su propio terreno:

“Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera, tu palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real, cual guerrero implacable, sobre una tierra condenada al exterminio; empuñaba la espada afilada de tu sentencia irrevocable” (Sabiduría 18, 14-16).

El silencio del sepulcro fue el marco de esa palabra decisiva. Por eso hoy calladamente te invita también a ti: entra al silencio. Que allí llegues a la aceptación consciente y libre sin la cual nada de tu vida tendría sentido. Lo tendrá cuando lo mires todo desde él, y como él lo aceptes: quia ipse voluit.

Porque Cristo entra al sepulcro para sacarte a ti del tuyo. Aun con tus miedos y ansiedades, con todo lo que bulle en tu cabeza y te impide ser libre. Con tantas palabras en confusión que te hacen sufrir porque no entiendes ni puedes aceptar, él te sigue esperando y te invita: entra al silencio.

Escrito con la colaboración del padre Javier Suárez, monje de Leyre

*F. Nietzsche, “El anticristo”

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