En el principio necesitamos el silencio

En el principio necesitamos el silencio

Lectio Divina de este II domingo de Navidad.

En tiempos de incertidumbre, volvamos a edificar sobre lo cierto.

Volvamos a la Palabra que no pasa, a la solidez de su verdad. Y para eso necesitamos hacer silencio. Porque el Verbo de Dios no arraiga en nosotros si estamos llenos de la cizaña del ruido. “En el principio existía el Verbo, y el Verbo era Dios”, nos dice el evangelio de hoy (Juan 1, 1). En el principio, que quiere decir en el tiempo eterno de Dios, que es Principio sin principio ni fin. Y nosotros, que parecemos disgregarnos en lo pasajero, necesitamos reencontrar nuestro principio y meta en lo que nunca pasa. Por eso es al mismo Cristo a quien necesitamos.

¡Es tan distinto ver nuestra realidad desde su Misterio!

En el Belén nos aparece como un niño que sonríe y nos mira. Dios nos mira con ojos humanos para enseñarnos a mirarle a Él.

            Haz silencio. Ponte bajo su mirada y déjate interpelar. Déjate moldear por la escandalosa sencillez del Misterio que ha hecho empezar todo de nuevo.

Descubre en ti la fuerza para volver a empezar desde Él. Vuelve al rescate de tu ser más auténtico y ponlo a su servicio.

¿De dónde brota en nosotros ese anhelo que nos invita a vivir aquí, ahora mismo, como parte de aquello que nunca pasa? ¿Cuál es la fuente de donde mana la armonía de todo lo creado como el amor original que nos invita a la vida? ¿Cuál la Palabra que nos enseña el definitivo camino hacia la Vida?

El Evangelio nos lo revela: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1, 14).

El “Lógos”, es decir, la Palabra, la Razón y el Sentido eterno, se ha hecho carne, ha asumido nuestra caducidad y nuestra miseria. El Lógos griego, tan distinto a la Doxa, que es el palabrerío, la mera opinión, subjetiva y errática, y caldo de cultivo de lo falso. Sobre la roca de la Verdad que no pasa podemos edificar, y para eso estamos en el mundo. Sobre las arenas movedizas de las opiniones y sentimientos que cambian no podemos asentar nada genuino. Por eso hoy, cuando tanto de lo sólido parece disolverse en el aire, hacemos silencio para contemplar la gloria del Salvador, que ha tomado como suyo todo lo transitorio y le ha dado la consistencia que necesitaba.

Por eso merece la pena poner tus manos a su servicio y no desistir de asentar tu vida sobre su Verdad.

Tu mirada ha sido hecha para encenderse,

como se encienden las velas en el viento,

la expectante semilla.

Ella ha de llamear como la tarde cuando se inicia el silencio.

Llena de ese silencio tu mirar,

                                   déjalo perderse

como se pierde de vista un ave en la llanura.

Más adentro de las olas deja tus ojos naufragar.

Perciba tu callar

cada cosa buscando lo más alto.                                               

Que suenes también tú

dentro de ese canto y su fuego,

la vida palpitante,

los torrentes armoniosos del secreto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s