Publicado en Christian Díaz Yepes

La palabra del domingo: amar es cumplir toda la Ley

La palabra del domingo: amar es cumplir toda la Ley

Domingo 27º del tiempo ordinario

 amor al hermano

Del evangelio según san Marcos (10,17-30):

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»

Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.»

Palabra del Señor

 

Comentario:

Jesús comprende la bondad del hombre en dos facetas de una única realidad: seguirle a él y darlo todo. Él da gran importancia a los Mandamientos del Antiguo Testamento. No ha venido a suprimirlos, sino a llevarlos a su plenitud. Ellos son las señales en el camino hacia Dios. Cuando los seguimos, podemos estar seguros de estar avanzando hacia Él.

Reflexiono acerca de los Mandamientos, recordándolos uno a uno. ¿Cuánta importancia les estoy dando en mis decisiones y acciones?  

Llama la atención que cuando Jesús enumera aquí los Mandamientos omite los tres primeros, que se refieren a Dios, y señala únicamente los que se refieren a las personas. ¿Por qué? No lo hace porque no les dé importancia, sino todo lo contrario. Él quiere conducirnos a la forma más elevada del amor a Dios: seguirle a él, a su Hijo. Porque si reconocemos en Jesús al mismo Dios,  estamos invitados a seguirle en su camino de entrega y plenitud, de cruz y resurrección. Eso ya vale cien veces más de todo lo que pospongamos por él. Por tanto, no basta sólo con decir que creemos en Dios, que somos cristianos y a la vez permanecer indiferentes al camino que recorre Cristo. El verdadero discípulo sigue los pasos del Maestro en su solidaridad con los hombres y su relación profunda con el Padre.

¿Cuánto estoy dando de mí mismo y de lo mío por amor a Jesús?

 Jesús no sólo nos pide darlo todo por él, sino también por los suyos. Estos “suyos” son especialmente los pobres, a quienes él da prioridad en su camino. A la vez, este amor nos invita a vivir la forma más radical de libertad, que es no apoyarnos en nuestros medios y posesiones para esperarlo todo de Dios. No fueron los bienes los que impidieron a aquel hombre seguir a Jesús y llenarse de gozo: fue su apego a aquellos. Más que rico en posesiones, éste era un rico de sí mismo, esclavo de sus falsas seguridades. No importa si es poco o mucho lo que tenemos, pues incluso lo más mínimo que no estemos dispuestos a compartir puede convertirse en el mayor obstáculo a nuestra capacidad de donarnos a Dios y a los demás.

¿Cuáles son mis riquezas? ¿Estoy dispuesto a posponerlas por seguir a Jesús?

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Autor:

Sacerdote y poeta. Nacido en Caracas, Venezuela, en 1980. Estudió Artes, Filosofía y Teología. Ordenado sacerdote para la Arquidiócesis de Caracas en el 2007. Premio Nacional de Poesía Juvenil del Ateneo de Caracas y la Casa de la Poesía de Caracas (1996). A los 19 años su libro "Las Ruedas" fue seleccionado en concurso y publicado por Monte Ávila Editores Latinoamericana (1999). En el 2004 la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello publicó su libro "Una Barca. Ha publicado y recitado en países como Estados Unidos, Italia, Suiza, Brasil y Siria. Su poesía ha sido traducida al Inglés, al Italiano y el Árabe. Premio Trípode de literatura cristiana por su libro de espiritualidad "Beber de la fuente de la paz" (Caracas, 2009, Madrid, 2014). También ha sido nominado para recibir el Premio Mundial de Poesía Mística (Roma, 2010). En 2018 recibió el grado de Doctor en Teología por la Universidad San Dámaso de Madrid, donde actualmente reside. Ejerce su labor pastoral en el la parroquia La Asunción de Torrelodones.

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