Palabra de Vida de diciembre

Palabra de Vida de diciembre

Por Chiara Lubich

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«Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos».

Estas palabras son una de esas expresiones, habituales en san Pablo, en las que desea y al mismo tiempo pide al Señor gracias especiales para sus comunidades (cf. Ef 3, 18; Flp 1, 9; etc.).

Aquí pide para los tesalonicenses la gracia de un amor recíproco siempre creciente, rebosante. No se trata de un velado reproche, como si el amor recíproco estuviese ausente de su comunidad, sino más bien de un reclamo a una ley connatural en el amor: crecer constantemente.

«Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos».

Ya que el amor es el centro de la vida cristiana, si no progresa, toda la vida del cristiano se resiente, languidece y hasta puede apagarse.

No basta con haber entendido en su luminosidad el mandamiento del amor al prójimo, y tampoco con haber experimentado con entusiasmo sus impulsos y su ímpetu al comienzo de nuestra conversión al Evangelio. Es necesario hacerlo crecer manteniéndolo siempre vivo, activo, operante. Y esto sucederá si sabemos acoger cada vez con mayor prontitud y generosidad las distintas ocasiones que la vida nos ofrece cada día.

«Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos».

Para san Pablo, las comunidades cristianas deberían tener la lozanía y el calor de una verdadera familia.

Así se comprende la intención del apóstol de poner en guardia contra los peligros que más frecuentemente las amenazan: el individualismo, la superficialidad, la mediocridad.

Pero san Pablo quiere prevenir también contra otro peligro estrechamente ligado al anterior: el de abandonarse a una vida ordenada y tranquila pero encerrada en sí misma.

Él quiere comunidades abiertas, ya que es propio de la caridad amar a los hermanos de fe y, al mismo tiempo, ir hacia todos, ser sensibles a los problemas y a las necesidades de todos. Es propio de la caridad saber acoger a cualquier persona, construir puentes, captando lo positivo y uniendo nuestros propios deseos y esfuerzos de bien a los de quienes muestran buena voluntad.

«Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos».

¿Cómo viviremos entonces la Palabra de vida de este mes? Procurando también nosotros crecer en el amor mutuo en nuestras familias, en nuestro ambiente de trabajo, en nuestras comunidades o asociaciones eclesiales, parroquias, etc.

Esta Palabra nos pide una caridad rebosante, es decir, una caridad que sepa superar las medidas mediocres y las distintas barreras que proceden de nuestro sutil egoísmo. Bastará con pensar en ciertos aspectos de la caridad (tolerancia, comprensión, acogida recíproca, paciencia, disposición de servicio, misericordia con las auténticas o presuntas faltas de nuestro prójimo, compartir los bienes materiales, etc.) para descubrir muchas ocasiones de vivirla.

Y luego, es evidente que si en nuestra comunidad se da este clima de amor recíproco, su calor irradiará inevitablemente hacia todos. Incluso quienes aún no conocen la vida cristiana percibirán su atractivo, y muy fácilmente, casi sin darse cuenta, se verán envueltos hasta sentirse parte de una misma familia.

 

Palabra de vida publicada en Ciudad Nueva n. 304 (11/1994), p. 33.

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