70 años del movimiento de los Focolares (1)

70 años en 7 días

1 diciembre 2013

Comienza el mes de diciembre y con él, repasamos las siete décadas de vida que cumple el Movimiento de los Focolares.

7 de diciembre de 1943. Fecha de la que ahora celebramos su 70 aniversario. Un mujer de 23 años se dona a Dios… “se casaba con Dio”s. En ese momento Chiara Lubich no tenía intención de fundar nada, sencillamente “se casaba con Dios”. Sólo más tarde comienza a atribuirse a esa fecha el inicio simbólico del Movimiento de los Focolares.

Ella misma lo cuenta en una entrevista en 2002: “Y aquel día fui, él –el sacerdote- había preparado un reclinatorio en una Iglesia; yo debía ir allí, oír Misa. Tenía, en esa época se usaba, un misal pequeño, bonito. Y recuerdo que antes de pronunciar: “Soy toda tuya”, comprendí lo que estaba haciendo; era como si detrás de mí cayera un puente: ya no podía volver atrás. Y me acuerdo que me cayó una lágrima. Pero hice mi voto, voto, en definitiva, desposé a Dios. Y después volví a casa, y mi impresión era ésta: ¡te has casado con Dios: espérate cualquier cosa! Y yo estaba en espera de algo grande. No me habría jamás imaginado, naturalmente, un Movimiento como éste, que va más allá de todas las fuerzas humanas”.

Otras jóvenes siguen sus pasos; el círculo poco a poco se va ampliando: Natalia, Dori, Giosi,… Marco, Fons… “Por otro lado,-continúa Chiara en la entrevista-  yo daba clases, daba clases a algunas compañeras, y con ellas enseguida… Me veían tan feliz: ‘Pero ¿qué tienes Chiara, que tienes?’ Entonces les conté y ellas: ‘Nosotras también’. Y poco a poco se prepararon: así comenzó el Movimiento”.

Al comienzo de todo, un descubrimiento: Dios es amor. Como más tarde escribiría Chiara Lubich:

Dios – Amor
He aquí el descubrimiento:
Dios es amor, Dios es padre.
Los ojos adquieren una nueva forma de ver.
Dios está detrás de todo lo que nos afecta.
Nos sentimos objeto de su amor,
hemos ‘subido a las manos de Dios’,
y nada se mueve sin su consentimiento.
Ésta es una fe exultante,
que fortifica.
Las primeras focolarinas
estaban tan imbuidas de esto que,
estando siempre en peligro de muerte por la despiadada guerra,
expresaron el deseo ,
si les llegaba la hora,
de ser sepultadas en una única tumba
y de poner en ella como nombre propio:
‘Nosotras hemos creído en el amor’.
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