Publicado en Christian Díaz Yepes, La Palabra de hoy

Lectio Divina del Domingo 9 de octubre de 2011

Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario

 

 

Tapiz del Palacio Real de la Granja de san Ildefonso. Segovia, España

LECTIO DIVINA

La verdadera gratitud es el mensaje de las lecturas de este domingo, centradas en las dos parábolas que nos presenta el evangelio, referidas al banquete de bodas al cual Dios convoca a todos los hombres. En torno a este tema giran también la lectura del progeta Isaías y la del apóstol san Pablo a los filipenses. Nuevamente aparecen las invectivas de Jesús hacia los sumos sacerdotes y los ancianos de Jerusalén, ahora representados en la parábola por los primeros invitados al banquete que rechazan esta invitación anteponiendo otras prioridades. La desfachatez de quien no se presenta adecuadamente vestido a la fiesta nos habla del juicio al cual seremos sometidos, donde se nos examinará conforme a la respuesta que hayamos dado a la gratuidad del amor de Dios.

 

I.                    LECTIO (Lectura):

Leamos con calma y atención…

 

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta

Isaías (25, 6-10)

En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. El arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo ha dicho el Señor.

En aquel día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara. Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae, porque la mano del Señor reposará en este monte”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

 

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol

san Pablo a los filipenses

(4, 12-14. 19-20)

Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez.

Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza. Sin embargo, han hecho ustedes bien en socorrerme cuando me vi en dificultades.

Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes para que podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento.

Aleluya.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Mateo (22, 1-14)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

“El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso.

Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados:

‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados:

‘Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos’ ”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

 II.                  MEDITATIO (Meditación):

Meditemos en el sentido de las lecturas…

La verdadera gratitud es el mensaje de las lecturas de este domingo, centradas en las dos parábolas que nos presenta el evangelio, referidas al banquete de bodas al cual Dios convoca a todos los hombres. En torno a este tema giran también la lectura del profeta Isaías y la del apóstol san Pablo a los filipenses. Nuevamente aparecen las invectivas de Jesús hacia los sumos sacerdotes y los ancianos de Jerusalén, ahora representados en los primeros invitados al banquete que rechazan esta invitación anteponiendo otras prioridades. La el examen ante quien no se presenta adecuadamente vestido a la fiesta nos habla del juicio al cual seremos sometidos, donde se nos examinará conforme a la respuesta que hayamos dado a la gratuidad del amor de Dios.

En la Primera lectura, el profeta Isaías nos presenta la promesa que Dios hace a todos los pueblos de hacerlos participar un “un festín de manjares sustanciosos” sobre el monte Sión, que flanquea la ciudad santa de Jerusalén. Con ello expresa el designio de Israel de ser morada y anfitriona de la unión de Dios con la humanidad. Ese acontecimiento revelará la verdad definitiva de la humanidad (“El señor arrancará el velo que cubría todos los pueblos”) y destruirá en ella la muerte para siempre. Es obvio que esta profecía de Isaías se proyecta en un horizonte más amplio que el de un mero hecho histórico. El profeta se está refiriendo en nombre de Dios a la realidad escatológica, que se refiere a los acontecimientos últimos de esta vida temporal.

En la Segunda lectura, el apóstol san Pablo nos presenta su confianza en el amor providente de Dios, que no le abandona a pesar de las vicisitudes que pasa en su vida. Así invita a los cristianos a tener esta misma confianza en que Dios “remediará con esplendidez todas la necesidades”. Unidos a Él, todo lo alcanzaremos.

El domingo pasado el Señor nos presentaba su reino bajo el símbolo de la viña que ha sido encomendada a unos viñadores corrompidos que no reciben a sus mensajeros. En continuidad con este tema, hoy se nos presenta el reino bajo otro de los símbolos más expresivos de la escritura: El banquete de bodas.

El tema del banquete y el del gozo por la unión nupcial son recurrentes en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento esta imagen está referida a la unión de Jesús con la humanidad, la cual alcanzará su plenitud en los últimos tiempos. Recordemos que el evangelio de Juan, por ejemplo, abre los signos milagrosos realizados por Jesús en el contexto de las bodas de Caná (Ver: Jn 2, 1ss). El mismo evangelista cierra los libros de la Biblia con su Apocalipsis, donde nos presenta la promesa escatológica –referida a los últimos tiempos- de la boda del Cordero con la Iglesia triunfante.

En el Evangelio de hoy, la parábola del banquete de bodas nos presenta dos partes fundamentales. La primera está referida a la ingratitud y el desprecio con el que los primeros invitados, que representan al primer Israel, reciben la invitación a la fiesta del Rey. La segunda parte está referida a la invitación que este mismo Rey, que representa a Dios, hace a todas las gentes para venir a celebrar las nupcias de su hijo. Pero aunque la invitación es magnánima y gratuita, exige la correspondencia de presentarse del modo adecuado. La segunda parte de la parábola –sería más exacto decir “La segunda parábola”- nos presenta lo que ocurre cuando uno de los invitados es sorprendido por el Rey vestido de un modo inadecuado para la celebración. La situación de este hombre nos quiere mostrar también la poca disposición de quien no responde adecuadamente a la gracia que generosamente nos ofrece Dios para presentarnos dignamente ante su presencia. Recordemos en que este tipo de acontecimientos los anfitriones del banquete proveían a los invitados de las vestiduras apropiadas para que las usara durante la fiesta. Los Santos Padres de la Iglesia han sabido reconocer en este símbolo una imagen de la gracia de Dios, que se nos da gratuitamente para revestirnos de dignidad, pero exige nuestra respuesta coherente. La actitud de quien viene vestido descuidadamente representa por ello al hombre irrespetuoso con los favores de Dios, por ello es arrojado a las tinieblas, “porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Meditemos en algunos de los símbolos de esta lectura:

La imagen de un banquete con platillos sustanciosos al cual somos invitados nos hace sentir agradados. Saber que la invitación es gratuita y se nos da a manos llenas nos debe hacer sentir aún más agradecidos y dichosos. Así es la invitación al Reino que nos dirige Jesús: nuestra vocación está destinada al gozo, al convite, a la alegría compartida. Dios no nos llama a una existencia lúgubre y apesadumbrada; al contrario, Él nos ofrece La plenitud de la alegría (Jn 16,24) y la vida en abundancia (Jn 10,10). Todo aquello que sea aflicción, llanto y muerte será superado por la salvación que nos ofrecerá definitivamente el Señor, como se nos anuncia en la Primera Lectura. Día a día tenemos que redescubrir con esperanza esta vocación a la felicidad a la que el Señor nos invita. Todo lo que nos separe de esta luminosa certeza, como nuestros prejuicios, las actitudes y pensamientos negativos, las rencillas, odios y pecados, tiene que ser superado…

Los siguientes invitados al banquete representan a todos los pueblos que son invitados en lugar de Israel a compartir el gozo y la mesa del Señor. Así se realiza también la profecía de Isaías, que nos ha anunciado un convite en el cual participarán todos los pueblos. Aquí se manifiesta la universalidad y la gratuidad del amor de Dios, que “hace salir el sol sobre malos y bueno y manda la lluvia sobre justos y pecadores” (Mt 5, 45).

Pero el rechazo es otro elemento que aparece en las parábolas. La imagen de quienes rechazan la invitación al banquete está referida ante todo  a Israel, pero también se refiere hoy a todos los que hemos sido convocados a esta plenitud del gozo, y estamos anteponiendo excusas y falsas prioridades en vez de responder con solicitud agradecida. Este desprecio a la invitación de Dios se evidencia aún más en el descuido de quien no se vistió adecuadamente.

Finalmente detallemos el símbolo del vestido: Recordemos que en la Biblia el tipo de vestido que se use puede manifestar la dignidad o la indignidad de una persona; es la condición propia que distingue al que le porta. Presentarse en la fiesta sin el vestido apropiado, que además se proveía gratuitamente a los convidados, expresa el descuido y la poca importancia que le da de quien ha recibido la invitación. En esta parábola el vestido de fiesta es símbolo de la gracia de Dios, es decir, la santificación que Él obra en la vida de cada uno. Gracia quiere decir “don gratuito”, porque es algo que no nos podemos dar nosotros mismos ni tampoco lo merecemos porque sí. Sin ebargo, no es “don barato”, por lo tanto, tenemos qe recibirlo apreciando su valor y, por tanto, actuando en consecuencia.

Meditemos sobre cómo nos interpela esta lectura:

Cada día el Señor nos dirige invitaciones de amor para entrar en el gozo de su presencia: Cuando se nos pide que amemos a un hermano, que hagamos bien nuestro trabajo, que valoremos nuestra vida, cuando nos invita a comunicar su Palabra. ¿Estoy respondiendo adecuadamente a estas invitaciones que Dios me dirige cada día?

El Señor nos ofrece siempre los medios de su gracia para “revestirnos” de la dignidad de los invitados a su banquete: Nos lo ofrece a través de la escucha atenta de su Palabra, de la recepción de los Sacramentos de la Iglesia, en particular la Eucaristía y la Confesión, y de un modo muy especial nos asocia a su mismo ser amor cuando amamos a los hermanos: ¿Estoy valorando suficientemente estos dones que Dios me ofrece o los asumo con descuido y ligrereza?

Dios manifiesta un amor universal: A su banquete están convidados hombres y mujeres de todos los pueblos. ¿Mi amor también es universal? ¿Manifiesto apertura de corazón a cada prójimo que pasa a mi lado o me cierro en mis propios prejuicios y divisiones?

El amor de Dios nos mueve a la solidaridad: Él va siempre en búsqueda de los demás, especialmente de los necesitados, para invitarlos a gozar de sus dones en abundancia: ¿La gracia que continuamente recibo de Dios me abre a la solidaridad con los demás?

III.                ORATIO (Oración):

Oremos a partir de estas lecturas…

 

Dios, Padre amoroso,

Tú nos llamas continuamente a gozar de la dulzura de tu gracia;

Día a día vas formando en nosotros el hombre nuevo en Cristo

Y nos configuras con él.

Hoy queremos pedirte tu ayuda para responder con solicitud

a todos los dones que recibimos de ti.

Perdona las veces en que no lo hemos hecho

Y concedenos ahora la oportunidad de recomenzar.

Confiados a tu benevolencia nos acogemos a ti,

Todo lo esperamos de ti…

Danos hoy nuestro pan de cada día

Y únenos cada vez más íntimamente a ti.

Salmo 22

Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.

Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.

Habitaré en la casa del Señortoda la vida.

Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.

Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

 

¡Amén!

 

 IV.          CONTEMPLATIO (Contemplación)

En la quietud de tu corazón, contempla al Señor  y deja que Él actúe en ti

 

 V.            ACTIO (Acción-Compromiso?

 

Para engalanarnos con el traje de fiesta, el Señor nos da la gracia de la reconciliación en sus sacramentos. Este domingo proponte participar con fervor en la misa y haz lo posible por celebrar la Confesión.

 

© Padre Christian Díaz Yepes, 2011

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Autor:

Sacerdote y poeta. Nacido en Caracas, Venezuela, en 1980. Estudió Artes, Filosofía y Teología. Ordenado sacerdote para la Arquidiócesis de Caracas en el 2007. Premio Nacional de Poesía Juvenil del Ateneo de Caracas y la Casa de la Poesía de Caracas (1996). A los 19 años su libro "Las Ruedas" fue seleccionado en concurso y publicado por Monte Ávila Editores Latinoamericana (1999). En el 2004 la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello publicó su libro "Una Barca. Ha publicado y recitado en países como Estados Unidos, Italia, Suiza, Brasil y Siria. Su poesía ha sido traducida al Inglés, al Italiano y el Árabe. Recientemente ha merecido el Premio Trípode de literatura cristiana por su libro de espiritualidad "Beber de la fuente de la paz". También ha sido nominado para recibir el Premio Mundial de Poesía Mística (Roma, 2010). Actualmente ejerce su labor pastoral en el la parroquia La Anunciación del Señor de La Boyera, Caracas, y la docencia en el Seminario Mayor Arquidiocesano de Caracas.

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